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17 de agosto de 2026

Nuestra Señora María, Reina de la Paz de Neviges


 Adaptado del Blog Las líneas torcidas:

La historia comienza en el siglo XVI, durante la época de la Reforma. El pueblo de Neviges pertenecía al señorío de Hardenberg, que se unió a la confesión calvinista, de modo que apenas quedaron personas fieles a la fe católica.

En el año 1589 se realizó el primer sínodo de la comunidad reformada en la casa parroquial de Neviges. En la iglesia principal (ahora iglesia evangélica municipal) dejaron de celebrarse misas, aun cuando cuando años después el entonces señor de Hadenberg, Johann Sigismund von Bernsau, regresó a la fe católica. A su muerte, los protestantes impidieron de manera violenta la celebración de su misa de réquiem en la iglesia principal. Su viuda, Anna von Asbeck, decidió entonces mandar construir una pequeña iglesia en los límites del pueblo, que fue consagrada a Santa Ana. Llamó a integrantes de la Misión Franciscana, que por entonces hacía labor evangelizadora contra las doctrinas reformadas, quienes desde 1676 asumieron la labor pastoral en esa iglesia.

En ese mismo año el P. Antonius Schirley, del Convento Franciscano de Dorsten, durante su oración diaria ante una sencilla estampa de la Virgen Inmaculada, escuchó una voz que le decía: "¡Llévame a Hardenberg, allí quiero ser venerada!" Dado que la voz también le predijo una curación milagrosa, el franciscano envió la estampa mariana a Neviges en Hardenberg. El entonces arzobispo de Paderborn y Münster, Ferdinand von Fürstenberg, quien estaba gravemente enfermo, oyó de estas cosas e hizo una peregrinación en acción de gracias el 25 de octubre de 1681, debido a la gracia obtenida de su curación. Celebró entonces una misa pontifical en la iglesia de Santa Ana. Este fue el inicio de las peregrinaciones marianas a Neviges, donde hasta la actualidad se sigue venerando la estampa de la Virgen Inmaculada.

Con el incremento de la cantidad de peregrinos que acudían al santuario, se vio la necesidad de construir una iglesia de mayor tamaño, la cual fue erigida en el año 1728 con dinero aportado por el entonces duque Johann Wilhelm II de Düsseldorf, quien, junto con su esposa y muchos otros peregrinos, realizó varias peregrinaciones para venerar la imagen de la Inmaculada, a cuyo nombre se dedicó la nueva iglesia. Ésta era al principio un simple salón de estilo gótico, pero con el pasar de las décadas fue decorada con una profusa imaginería barroca, que aun hoy se puede admirar.

La corriente de peregrinos fue creciendo con el pasar de los años. En el año 1854, cuando el Papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción, el número había alcanzado tal magnitud, que ya había problemas de espacio para atender pastoralmente a tantos creyentes. En el año 1889, junto a las dos iglesias ya existentes, se construyó una capilla para confesiones. Sin embargo, ya en ese entonces, en ocasiones especiales, las misas eran celebradas al aire libre, puesto que no había suficiente espacio para acoger a tantos peregrinos.

Es así que, llegado el siglo XX, se vio la necesidad de construir una iglesia más espaciosa. Luego de varios proyectos, esta intención recién se pudo concretar en la década de los ’60, cuando en 1964 el arquitecto Gottfried Böhm de la ciudad de Colonia ganó el concurso que se había convocado para tal fin. La construcción de la nueva iglesia se inició el 17 de julio de 1966 y fue dedicada el 22 de mayo de 1968, bajo la advocación de “María, Reina de la Paz”.

Esta nueva iglesia, una imponente estructura de hormigón, cuenta con varios espacios para acoger a los peregrinos. En el interior, en una especie de capilla, se ha erigido una imponente estela con motivos religiosos, en la cual se puede ver todavía la antigua estampa de la Inmaculada que dio origen al culto. Siempre hay infinidad de velas ardiendo, que los peregrinos encienden como acción de gracias o simplemente como un acto de confianza en la Madre del Señor, la Inmaculada vencedora de la antigua serpiente, el Demonio o Maligno.

Los franciscanos siguen estando a cargo de este santuario mariano. Éste uno de los pocos lugares en la zona donde hay horarios de confesiones continuos: todos los días de 9 a 12 de la mañana y de 3 a 6 de la tarde. Esto es extraño en un país donde la costumbre de acudir al sacramento de la reconciliación se ha ido perdiendo entre los católicos, y donde la mayoría de las parroquias ofrecen sólo una hora a la semana para confesiones (aunque también se puede sacar cita para un día y hora determinados). 

19 de julio de 2026

¿Por qué se presentó la Virgen María como Nuestra Señora del Carmen en una de las apariciones de Fátima?

 


Del sitio Gaudium Press:

En su última aparición en Fátima, durante el llamado milagro del Sol, la Santísima Virgen mostró a la multitud allí reunida una secuencia de imágenes que representaban los Misterios del Rosario. En cada nueva escena que se desarrollaba en el cielo, Ella se mostraba bajo alguno de los títulos con los que los fieles suelen invocarla. Y así fue como, en la visión de los Misterios Gloriosos, se presentó como Nuestra Señora del Carmen, cuya fiesta celebra la Iglesia el 16 de julio.

Como todo lo que realiza la Santísima Virgen tiene su razón de ser, sin duda habrá un nexo entre esta manifestación de Nuestra Señora del Carmen, los Misterios Gloriosos y el mensaje de Fátima que Ella, en aquella ocasión, revelaba. Me parece, por tanto, de gran interés que procuremos profundizar en esta relación, considerando también la especial belleza que encierra.

El término "Carmo" corresponde al Monte Carmelo, en Oriente. Allí, según una tradición muy respetable —y hay todos los motivos para admitirla como verdadera—, el profeta Elías reunió a un grupo de discípulos y con ellos constituyó la Orden del Carmelo, en alabanza a la Virgen Madre que debía venir, y en su espera.

Así, la primera corriente de devoción a Nuestra Señora, siglos antes de que Ella naciera, fue formada por los hijos del profeta Elías que la esperaban. Y San Elías representa el extremo de esa devoción, porque, como es doctrina común en la Iglesia, él deberá luchar al final del mundo contra el Anticristo, el último enemigo de Nuestro Señor y de su Santísima Madre. Elías constituye, por lo tanto, una especie de puente entre el inicio y el fin de la devoción a Nuestra Señora en la historia de la humanidad.

Cabe suponer que, en sus primeros tiempos, esta devoción se desarrolló y perseveró en medio de todo tipo de dificultades y objeciones. Pues surgió en una época en la que el pueblo elegido se cerraba cada vez más a su propia misión, a su propio espíritu, y, por eso, habría de sentir repulsión por esa corriente carmelita que anunciaba a la Virgen Madre, así como más tarde los herejes de todos los tiempos odiaron la devoción a Nuestra Señora.

Probablemente, los ermitaños del Monte Carmelo, representantes de los primeros frutos del amor a la Santa Madre de Dios, fueron perseguidos, mal vistos, calumniados y silenciados. A pesar de ello, y en la humildad de su situación, preveían el advenimiento de Nuestra Señora.

Y tenían razón, pues Ella vino. Y no solo vino, sino que recibió la mayor glorificación que se le podía rendir a una mera criatura: se convirtió en la Esposa del Divino Espíritu Santo, encarnándose en Ella el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Al término de su sublime existencia terrenal, María tuvo una muerte extremadamente suave: una separación efectiva y completa del alma y el cuerpo, pero de una manera tan delicada que la Iglesia, en su lenguaje incomparable, da al fallecimiento de Nuestra Señora el nombre de "dormición". Poco después, por designio y obra de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen resucitó y fue llevada a los Cielos en cuerpo y alma. Así recibió Nuestra Señora otra glorificación: una resurrección a la manera de la de Jesús, y una Asunción también comparable a la Ascensión de Él. Por cierto, en el lenguaje de antaño, Nuestra Señora de la Asunción es igualmente llamada Nuestra Señora de la Gloria, para significar el incomparable resplandor con el que se revistió su entrada en el Paraíso Celestial.

Este desenlace de la vida terrenal de Nuestra Señora puede considerarse como el final de la historia del Carmelo del Antiguo Testamento (aunque, estrictamente hablando, ya se encontrara en el Nuevo Testamento). Aquellos carmelitas tuvieron la alegría y el insigne honor de venerar a la Santísima Virgen en carne y hueso, y no a través de imágenes. Nada impide suponer que Nuestra Señora subió al Monte Carmelo y allí se colocó al frente de sus hijos y devotos, en momentos de inefable convivencia. Las hipótesis piadosas, enteramente razonables, que a este respecto se pueden formular, son innumerables.

Con la Asunción de Nuestra Señora y su glorificación en el Cielo, esa etapa de la existencia de la Orden Carmelita concluyó de manera magnífica, esplendorosa. Queda establecida una relación entre el Carmelo y la gloria: la devoción perseguida, fiel, profética, lucha hasta el momento en que es confirmada por Dios, y pasa a resplandecer en lo más alto del Cielo, en la persona de la Virgen Madre. 

Después, la historia del Carmelo vuelve a comenzar. La orden, existente solo en Oriente Próximo, se desarrolló en cierta medida, pero da la impresión de que los cristianos de esa región, en los primeros siglos, no le dieron gran importancia, privándose de los beneficios que les podría haber aportado. Esta actitud hacia el Carmelo fue una de las muchas infidelidades de la cristiandad oriental, que terminó castigada por las invasiones sarracenas, las cuales, entre otras calamidades, provocaron la huida de los carmelitas hacia Occidente.

Europa, toda católica y llena de fe, emprendía las Cruzadas para la liberación de los Lugares Santos. Por ese continente comenzaron a vagar los frailes del Carmelo, como miembros de una orden casi desconocida, poco admirada y al borde de la desaparición. La familia religiosa de Elías parecía un tronco seco y viejo, destinado a desintegrarse en polvo.

Era el momento que Nuestra Señora había esperado para hacer florecer, en lo alto de la rama seca, una flor: San Simón Stock. Este inglés de reconocida virtud había sido elegido para el cargo de General de la orden. Sin embargo, no ejercía una autoridad efectiva sobre sus súbditos, pues el Carmelo aún no poseía una estructura jurídica cohesionada y uniforme, capaz de conservar un espíritu, promoverlo y transmitirlo a la posteridad. [Situación que se prolongaba después de que el papa Inocencio IV aprobara la regla de los Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en 1245.]

La virtud compensaba, sin embargo, la falta de autoridad. Rezando a Nuestra Señora con gran fervor, San Simón le imploró que no permitiera la desaparición de la Orden del Carmelo. En medio de esa situación angustiosa, la Santísima Virgen se le apareció a su buen siervo [en 1251] y le entregó el escapulario, para que lo usara sobre la ropa.

En aquella época, los siervos usaban una túnica como atuendo civil. Sobre ella se ponían una túnica menor, que indicaba, por el color y por características peculiares, la identidad de su señor. El escapulario del Carmelo era similar a esa pequeña túnica. Nuestra Señora, por lo tanto, entregaba a San Simón Stock una librea propia de sus siervos, para que la usaran todos los carmelitas, y prometía: "Aquellos que mueran revestidos de él, no sufrirán el fuego del infierno". Quien use piadosamente el escapulario del Carmelo, recibirá la gracia de la perseverancia final.

A partir de esta misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la Orden Carmelita resurgió y conoció otros períodos de gloria, acentuando en toda la Iglesia Católica la devoción a la Santísima Virgen. En la sucesión de esplendores iniciada entonces, nacieron tres soles, por no citar más que a ellos, que brillarán por siempre en el firmamento de la Iglesia: Santa Teresa la Grande, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús.

Recordemos, pues, la grandiosidad de la historia del Carmelo: una alternancia de glorias y desgracias que condujeron a un debilitamiento que hacía presagiar su desaparición. Pero se produce una intervención de Nuestra Señora, que salva y da incomparablemente más de lo que se tenía antes. La prosperidad en Occidente será mucho mayor que la verificada en Asia.

Junto con su bondad insondable, Nuestra Señora, al intervenir, mostraba también la confianza que se debe tener en Ella, así como su papel central en las obras que ama de manera especial. Aunque estas lleguen al punto en que todo parezca perdido, deben esperar el momento que Ella se reserva para actuar. Como decía cierto pensador católico, las grandes intervenciones de la Providencia van precedidas de situaciones dramáticas, a fin de dejar clara la inutilidad de cualquier socorro humano. Una vez comprobado el fracaso de los hombres, y en la misma hora de la desolación y del caos, Dios interviene, y Nuestra Señora se hace presente.

Lección de confianza aún más necesaria en vista de lo que ocurrió después: mientras la orden fundada por San Elías conocía nuevos esplendores y nuevas glorias, la cristiandad que la había acogido se veía presa de un inexorable proceso de ruina, que se aceleraba a lo largo de los siglos. Hasta que, en 1917, en una colina de Fátima, Nuestra Señora censuró la decadencia, recriminó al mundo por el torrente de pecados en el que estaba inmerso y anunció los castigos que caerían sobre la humanidad, en caso de que esta no se arrepintiera y enmendara sus faltas. Luego, expresándose con las famosas palabras que guardamos en nuestras almas, hizo la promesa de su reinado: "¡Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!"

Y aquí volvemos a la consideración de ese vínculo al que nos referíamos al inicio de este artículo: en el punto culminante de las apariciones en las que Nuestra Señora proclama la realización de su realeza, bajo la forma del triunfo de su Corazón Inmaculado, Ella aparece revestida del atuendo de su devoción más antigua: la del Carmelo. Y, de este modo, realiza una síntesis entre lo históricamente más remoto, lo más reciente —el culto al Inmaculado Corazón de María— y el futuro glorioso, que es la victoria y el reinado de ese mismo Corazón.

Revista Arautos del Evangelio
julio de 2018
n.º 199 

9 de junio de 2026

Nuestra Señora Misionera de Río Negro

 

Del sitio Mundo Rionegrino Noticias:

Hoy se desarrollará la 40 peregrinación a la Virgen Misionera de Río Negro. Miles de feligreses recorrerán los dieciseis kilómetros que separan la Parroquia San Lorenzo en el centro de General Conesa de la Capillita que Pegassano erigió en uno de los apacharrados cerros de la colonia San Juan para recordar a su madre Florentina.

La construcción se llevó a cabo en 1933, en medio de la fiebre de la remolacha azucarera de la que Juan Pegasano era principal impulsor como uno de los socios del ingenio, pero recibió a su ilustrísima huésped recién en 1979, cuando más de diez mil católicos creyentes acompañaron a la escultura de la virgen misionera en una ceremonia presidida por el Nuncio Apostólico Pio Laghi y el Obispo Miguel E. Hesayne.

Esto ocurrió el 12 de octubre de 1979 cuando la imagen peregrina, que había recorrido jubilosamente todas las iglesias rionegrinas, fue entronizada solemnemente en la capilla de la Colonia San Juan de Gral. Conesa.

La virgen misionera del río Negro surgió como una idea novedosa para unir a los feligreses de toda la provincia en los finales de la dictadura militar. El Padre Jesús Alegría, párroco de Valcheta, propuso asignarle el nombre de Virgen Misionera de Río Negro y el seminarista Enrique Lafforgue sugirió ubicarla en la capillita de Pegassano.

La imagen inculturada de la Virgen María le fue encargada al escultor cipoleño Atilio Ernesto Morosín por el obispo Hesayne, y representa a una mujer mapuche caminando, llevando en sus brazos a su Hijito. La figura tiene doble semblante: el rostro de un lado es triste y avejentado y del otro es alegre y juvenil. en la fértil imaginación del artista representa a la "Virgen María recorriendo en misión la provincia y asumiendo las tristezas y angustias del pueblo rionegrino que las transformaría en gozos y esperanzas con la fuerza de la presencia de Jesús y su Evangelio, anunciando una buena noticia a los pobres".

El artista Morosín imaginó su virgen como una madre criolla, surgida desde lo profundo del desierto rionegrino y caminando por él, vestida con ropas pobres y con el tradicional poncho criollo. Completó la distribución de los colores de acuerdo a la tradición eclesiástica: rojo para el Niño, que simboliza la exaltación, el predominio del espíritu sobre la materia y el apostolado. El color celeste habitual del manto de la Virgen, combina con el celeste de la garganta, formando una bandera argentina y el negro de la base simboliza las tinieblas, el poder del diablo, el mundo impío en que vivimos, que Ella aplasta y va venciendo con sus pasos de misionera.

La imagen de la virgen a cumplido largamente su propósito de aunar a los católicos rionegrinos bajo su poncho, pero hay otras anécdotas y otros protagonistas para los que, en aquellos oscuros años finales de la dictadura, la llegada de la virgen a lo alto del valle de Conesa no fue tan auspiciosa. Pero esa es otra historia…

 6 - octubre - 2019

6 de junio de 2026

Consagrarse al Inmaculado Corazón de Nuestra Señora

 


Del sitio Píldoras de Fe:

Oración para consagrarse al Inmaculado Corazón de María. Esto significa apartarse de las cosas del mundo, para servir a Dios con el alma y el corazón

Oración de consagración al Inmaculado Corazón de María.

Este es un poderoso acto de consagración al Inmaculado Corazón de María que puede llevarte hasta las mismas profundidades del amor de Dios. Nuestra amada Madre, la Virgen María, desea que la amemos con todo nuestro corazón, del mismo modo que ella amó a su Hijo y conservó cada una de sus enseñanzas en su interior. La consagración a la Virgen María es un acto religioso en el que una persona se dedica de manera especial y completa a la devoción y servicio de la Virgen María, Madre de nuestro Señor.

La Consagración a María.

Consagrarse a María significa apartarse de las cosas del mundo, para servir a Dios con todo el corazón, acompañado de la mano de María. La Iglesia siempre ha abogado por consagrarse a Jesucristo a través de la Santísima Virgen María, el modelo perfecto de discipulado.

En nuestros tiempos, el Papa San Juan Pablo II recomendó un "acto de encomienda" a María. Su lema papal fue una verdadera insignia de su amor por la Virgen: Totus Tuus (Totalmente Tuyo).

La consagración mariana no es ningún tipo de espiritualidad apartada del epicentro del amor de Dios; por el contrario, es un medio vivo y activo de avanzar en esa dirección. No es solo otra "devoción", sino que es una espiritualidad completa, una forma de entrega que puede hacerte uno con María y al mismo tiempo con Jesucristo.

Oración para consagrarse al Inmaculado Corazón de María.

Hay muchas fórmulas y oraciones para consagrarse a María; se pueden elegir varias al mismo tiempo, siempre que impliquen una completa ofrenda de sí mismo.

Oh, Virgen María, Madre de Misericordia poderosísima, Reina del Cielo y de la Tierra, de acuerdo con tu deseo dado a conocer en Fátima, me consagro hoy a tu Inmaculado Corazón. Te confío todo lo que tengo, todo lo que soy. Reina sobre mí, querida Madre, para que sea tuya en la prosperidad, en la adversidad, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte.

Corazón compasivo de María, Reina de las Vírgenes, vela por mi mente y mi corazón y presérvame del diluvio de impurezas que tanto lamentaste en Fátima. Quiero ser pura como tú. Quiero expiar los muchos crímenes cometidos contra Jesús y contra ti. Quiero invocar a este país y al mundo entero la paz de Dios en la justicia y la caridad.

Consciente de esta consagración, prometo ahora esforzarme por imitarte mediante la práctica de las virtudes cristianas, sin tener en cuenta el respeto humano. Me propongo recibir la Sagrada Comunión el primer sábado de cada mes, cuando sea posible, y ofrecer diariamente cinco decenas del Rosario, con todos mis sacrificios en el espíritu de penitencia y reparación. Amén.

Yo, (menciona aquí tu nombre), pecador sin fe, renuevo y ratifico hoy en tu Corazón, oh Virgen Madre Inmaculada, los votos de mi Bautismo; renuncio para siempre a Satanás, a sus pompas y obras; y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría Encarnada, para llevar mi cruz en pos de Él todos los días de mi vida, y ser más fiel a Él que nunca antes.

Reina del Santísimo Rosario, en presencia de toda la corte celestial, te escojo este día como mi Madre y Señora. Te entrego y consagro a ti y a tu Corazón Inmaculado, como a tu Hijo y esclavo del amor, mi cuerpo y mi alma, mis bienes, tanto interiores como exteriores, e incluso el valor de todas mis buenas acciones, pasadas, presentes y futuras; dejándote a ti el pleno y total derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece, sin excepción, según tu beneplácito, para mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Amén.

Como algo adicional, puedes utilizar también esta pequeña oración de consagración al Inmaculado Corazón de María que puedes rezar al despertar cada mañana.

Renovación diaria para la consagración.

Reina del Santísimo Rosario, renuevo mi consagración a ti y a tu Inmaculado Corazón en este momento. Por favor, acéptame, mi querida Madre, y úsame como quieras para cumplir tus designios sobre el mundo. Soy todo tuyo, mi Madre, mi Reina, y todo lo que tengo es tuyo. Amén.

Acto de consagración al Inmaculado Corazón de María.

Nuestra Señora de Fátima, Reina del cielo y la tierra, me consagro a tu Inmaculado Corazón.

A Ti consagro mi corazón, mi alma, mi familia y todo lo que tengo. Hoy renuevo las promesas de mi Bautismo; y prometo vivir como un buen cristiano, fiel a Dios, al creer y vivir siempre la fe católica. Resuelvo rezar el Rosario todos los días, recibir dignamente la Sagrada Eucaristía, participar en los primeros sábados del mes y ofrecer sacrificios por la conversión de los pecadores.

Oh, Virgen Santísima, ruego que la devoción se extienda a tu Inmaculado Corazón para que todas las almas se consagren verdaderamente a ti, y que por tu propia intercesión se acelere la venida de nuestro Señor Jesucristo a este mundo. Acepto a esta querida Madre y bendíceme a mí y a mi familia. Amén.

Otras oraciones para consagrarse al Inmaculado Corazón de María.

Inmaculado Corazón de María, lleno de amor por Dios y la humanidad, y de la compasión por los pecadores, me consagro a ti. Te confío la salvación de mi alma. Que mi corazón esté siempre unido al tuyo, para que pueda odiar el pecado, amar a Dios y a mi prójimo, y alcanzar la vida eterna con aquellos que amo. Que pueda experimentar la bondad de tu corazón de madre y el poder de tu intercesión con Jesús durante mi vida y en la hora de mi muerte. Amén.

Inmaculado Corazón de María, te entrego todo mi corazón. Con él, quiero amarte, y contigo, y a través de ti, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y toda la creación divina. Mi querida Madre, me pongo en tu Santo e Inmaculado Corazón. Sé que me cuidarás, y a todos aquellos que recurren a ti, en todas nuestras necesidades. Con tu ayuda maternal, deseo santificar todo este día, para la conversión de los pecadores, la reparación de nuestros pecados, para la gloria y el amor de la Santísima Trinidad. Amén.

Oración de ofrecimiento al Inmaculado Corazón de María.

Dulce y Santa Madre de Dios, te amamos, te necesitamos. Oh, Inmaculado Corazón de María, refugio de los pecadores, te suplico por los infinitos méritos del Sagrado Corazón de Jesús, y por las gracias que Dios te ha concedido desde tu Inmaculada Concepción, la gracia de no extraviarte nunca más. Madre, guarda a este pecador, para que esté constantemente bañado en la luz de tu Inmaculado Corazón. Amén

Cuando esta consagración al Inmaculado Corazón de María se vive en el espíritu de humildad, obediencia y perseverancia, María Inmaculada tomará todo de nosotros y lo hará más perfecto para Dios, inspirándonos a la santidad y al servicio de la Iglesia.

Oriswell Quero

16 de mayo de 2026

Meditando el Rosario: Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos

 

Del sitio Gaudium Press:

La Iglesia celebró hace poco la Asunción de Nuestra Señora, en cuerpo y alma, a la gloria celestial.

Un hecho tan extraordinario ha sido de creencia católica desde los tiempos apostólicos. Documentos litúrgicos que datan del siglo V demuestran que en esa época se celebraba una Misa especial en honor de la Madre de Dios por su Asunción a los Cielos.

Sin embargo, recién en 1950 el Magisterio se pronunció oficialmente sobre el hecho. En esa ocasión, Pío XII proclamó: “Declaramos y definimos como dogma divinamente revelado, que la inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo cumplido el curso de la vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Al declarar el dogma de la Asunción, Pío XII no mencionó si Nuestra Señora sufrió o no la muerte antes de ascender al Cielo. El Magisterio de la Iglesia, hasta la fecha, tampoco se ha pronunciado sobre este tema. El hecho, sin embargo, es que los teólogos difieren sobre el asunto.

Independientemente, “la doctrina católica enseña que la caridad es una virtud que está enraizada en la voluntad”. Cuando la caridad —que se caracteriza por el amor a Dios y al prójimo— es muy fuerte, el amor impulsa a los que aman a unirse con los amados. Por lo tanto, todo cristiano, en el Día del Juicio, debe presentar su progreso en esta virtud, ya que es indispensable para entrar al Cielo.

Pues hubo alguien que se fue de esta vida lleno de amor a Dios: Nuestra Señora. San Alberto Magno afirma que “tiene más obligación de amar a quien más da. La Santísima Virgen fue dada más que todas las criaturas; por lo tanto, estaba obligado a amar más que a ningún otro”. Y así lo hizo – concluye el santo doctor.

En ella, en efecto, la caridad se intensificó de tal manera que el cuerpo ya no podía sostener el alma, y ​​el deseo de contemplar a Dios cara a cara para unirse a Él hizo que el alma de María Santísima, al subir, se también se llevase el cuerpo. A la par de esto, es cierto que la gracia en ella, aunque plena desde su concepción, aumentó incesantemente a lo largo de su vida hasta el punto de no sostenerla más cuando tuvo lugar la Asunción.

He aquí la maravilla de una criatura humana que, de plenitud en plenitud, de perfección en perfección, había llegado al límite extremo de todas las medidas, hasta que casi no hubo diferencia entre su comprensión del universo creado y la visión misma de Dios.

¿Qué faltaba? Sólo la Asunción. Su alma alcanzó tal sublimidad y esplendor, que el velo de separación entre la naturaleza humana y la visión beatífica se adelgazó y disolvió, y sin necesidad de juicio alguno comenzó a contemplar a Dios en bienaventuranza. Como resultado, su cuerpo se volvió glorioso y fue llevada al cielo.

María Santísima fue elevada al Cielo y se sienta en un trono de gloria, pero también tiene el honor de ser la Madre de la Iglesia.

Si vuestra vida en esta tierra fue una lucha constante, la historia de sus hijos, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, no podría ser diferente. No olvidemos que ya al principio de la creación Dios estableció la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su descendencia y la de ella. Y estaba profetizado que la Virgen aplastaría la cabeza de Satanás, y que este vil dragón le heriría el calcañar (cf. Gn 1,15). Así, habiendo sido llevados al cielo, estamos llamados a continuar la lucha iniciada por ella, hasta el momento en que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies (cf. 1Cor 15,27).

En nuestros días, en la lucha entre el bien y el mal, Dios volverá a mostrar la fuerza de su brazo, dispersando y derribando de sus tronos a los soberbios, y levantando a los humildes (cf. Lc 1,51-52), hijos y devotos de la Santísima Virgen.

En la fase histórica actual, escenario de una acentuada crisis religiosa, la consideración de la Asunción de María nos llama a tener una confianza inquebrantable en el triunfo de la Santa Iglesia, incluso cuando se encuentre refugiada en el desierto (cf. Ap 12). ,6) o durmiendo de una muerte aparente; porque, como Nuestra Señora, después de su “Dormición”, la Iglesia será exaltada por encima de los coros angelicales.

Guillermo Maia

13 de mayo de 2026

Los tres secretos de Nuestra Señora de Fátima

 


Hoy es la festividad de Nuestra Señora de Fátima

Del sitio Aleteia:

La Virgen María reveló tres "secretos" en 1917 a los videntes de Fátima, que han cautivado al mundo e incluso han advertido sobre el futuro.

 En 1917, tres niños pastores informaron de una serie de revelaciones privadas de la Virgen María, en las que Ella les reveló secretos que en ese momento resultaban confusos, pero que más tarde se vieron confirmados por los acontecimientos mundiales.

Una de las videntes, Lucía, escribió más tarde lo que vio y oyó, y el texto se puede encontrar en la página web del Vaticano.

1. Primer secreto: visión del infierno

 
La primera parte es la visión del infierno.

Nuestra Señora nos mostró un gran mar de fuego que parecía estar bajo la tierra. Sumergidos en este fuego había demonios y almas con forma humana, como brasas transparentes ardientes, todas ennegrecidas o de bronce bruñido, flotando en la conflagración, ahora elevadas en el aire por las llamas que salían de su interior junto con grandes nubes de humo, ahora cayendo por todos lados como chispas en un gran incendio, sin peso ni equilibrio, y en medio de gritos y gemidos de dolor y desesperación, que nos horrorizaron y nos hicieron temblar de miedo. Los demonios se distinguían por su aterradora y repulsiva semejanza con animales espantosos y desconocidos, todos negros y transparentes. Esta visión duró solo un instante.   

Nuestra Señora les habló entonces y les explicó que la devoción al Inmaculado Corazón de María era un medio para salvar a las almas de ir al infierno.

"Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si se hace lo que os digo, se salvarán muchas almas y habrá paz". 

2. Segundo secreto: la Primera y la Segunda Guerra Mundial

La guerra va a terminar, pero si la gente no deja de ofender a Dios, estallará otra peor durante el pontificado de Pío XI. Cuando vean una noche iluminada por una luz desconocida, sepan que es la gran señal que Dios les da para indicar que está a punto de castigar al mundo por sus crímenes, mediante la guerra, el hambre y las persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre. Para evitarlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora los primeros sábados. 

Nuestra Señora de Fátima habló entonces de los "errores" de "Rusia", que muchos creen que es una referencia al "comunismo". El camino hacia la paz es una consagración mariana especial.

"Si se atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz; si no, extenderá sus errores por el mundo, provocando guerras y persecuciones a la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá mucho que sufrir; varias naciones serán aniquiladas. Al final, mi Inmaculado Corazón triunfará. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá, y se concederá al mundo un período de paz".

3. Tercer secreto: penitencia y atentado contra el Papa

 El tercer secreto contiene muchas imágenes apocalípticas, incluida la visión de un Papa al que disparan. El papa Juan Pablo II creía que esta visión tenía mucho que ver con su propia experiencia, aunque la Virgen María nunca menciona detalles concretos.

Según la interpretación de los "pastorcitos", que también ha sido confirmada recientemente por la hermana Lucía, "el obispo vestido de blanco" que reza por todos los fieles es el Papa. Mientras se abre paso con gran dificultad hacia la cruz entre los cadáveres de los mártires (obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas y muchos laicos), él también cae al suelo, aparentemente muerto, bajo una lluvia de disparos.

Tras el atentado del 13 de mayo de 1981, pareció evidente que fue "la mano de una Madre la que guió la trayectoria de la bala", permitiendo que "el Papa agonizante" se detuviera "en el umbral de la muerte".

Otra parte importante de esta tercera visión es la penitencia, que llama al mundo a volver a Dios.

"Después de las dos partes que ya he explicado, a la izquierda de Nuestra Señora y un poco más arriba, vimos a un ángel con una espada llameante en la mano izquierda; destellante, emitía llamas que parecían incendiar el mundo; pero se apagaban al entrar en contacto con el esplendor que Nuestra Señora irradiaba hacia él desde su mano derecha: señalando la tierra con su mano derecha, el ángel gritó con voz fuerte: '¡Penitencia, penitencia, penitencia!'".  

Cabe señalar que, aunque estas visiones son ciertamente sorprendentes y han cautivado al mundo, siguen entrando en la categoría de "revelación privada" y no forman parte de la "revelación pública" de la Iglesia que se encuentra en la Biblia y se interpreta en la Sagrada Tradición.

Los católicos no están obligados a dar su asentimiento religioso (creer) a nada que sea una revelación privada, como sí están obligados a dar su asentimiento religioso a las enseñanzas de la Iglesia.

Esto significa que, aunque muchos creen en las visiones de Nuestra Señora de Fátima, los católicos no están obligados a creer en ninguno de estos "secretos" ni a basar toda su espiritualidad en ellos. En el mejor de los casos, las apariciones tienen por objeto remitirnos a los Evangelios y recordarnos nuestra necesidad de arrepentirnos. Todo lo demás está en manos de Dios.

 28 - agosto - 2020

20 de abril de 2026

Nuestra Señora de Doncaster


 Traducido del sitio Doncaster History:

En el siglo XIII, un nuevo movimiento religioso llegó a Inglaterra. Los frailes, que se oponían a las tradiciones de las órdenes monásticas de clausura existentes, tenían mucho más contacto con la gente común y con la vida intelectual. Se "instalaron" en las ciudades para predicar al pueblo y sobrevivían gracias a las "limosnas" que recibían, llevando una vida sencilla. Las dos órdenes principales de frailes eran los franciscanos (seguidores de San Francisco de Asís, en Italia) y los dominicos (seguidores del español Santo Domingo). Había órdenes masculinas (monjes) y órdenes femeninas (monjas). A las monjas franciscanas se las llamaba "clarisas". Órdenes similares de frailes eran los carmelitas y los agustinos.

Los frailes carmelitas llegaron a Doncaster en 1346 y en 1350 se trasladaron a un terreno entre High Street y St Sepulchre Gate, cedido por Richard le Ewere de Doncaster y John Nightbrother de Eyan, con el patrocinio del rey Ricardo II y, posiblemente, de su hermano, Juan de Gante. En el terreno de seis acres, ahora ocupado en parte por la Mansion House de la década de 1740, crearon un priorato con una iglesia en honor a Santa María, alojamientos y un antiguo santuario dedicado a "Nuestra Señora de Doncaster". La puerta de entrada estaba frente a Scot Lane.

El priorato carmelita era un lugar de importancia en la Gran Carretera del Norte. Los miembros de la realeza y los peregrinos que pasaban por allí rendían culto a "Nuestra Señora" y se alojaban con los frailes blancos en la calle High Street. Estos son algunos de ellos:

  •     Enrique V en 1399

  •     Eduardo IV en 1470

  •     Enrique VII a finales de la década de 1480 (viajando hacia el norte desde Nottingham para asistir a misa ante el santuario de la Virgen)

  •     Margarita, hija de Enrique VII, de camino a Escocia para convertirse en la reina de Jacobo IV.

Dada la disolución del priorato en 1538, sin duda Enrique VIII contempló su adquisición mientras pasaba por Doncaster de camino a York en 1541 —o al menos la perspectiva de obtener ganancias mediante la venta de tierras y piedra a la nobleza local—. La estatua de "Nuestra Señora" ya había sido retirada por el arzobispo Lee de York y es posible que acabara siendo quemada en Londres junto con otras imágenes de Nuestra Señora.

El obispo Latimer, en una carta a Thomas Cromwell, canciller de Enrique, refiriéndose a Nuestra Señora de Worcester, dice: "Temo que haya sido un instrumento del diablo para llevar a muchos al fuego eterno; ahora Ella misma, junto con su hermana mayor de Walsingham, su hermana menor de Ipswich y sus dos hermanas de Doncaster y Penrhys, formarán una alegre reunión en Smithfield. No tardarían ni un día en quemarse".

El propio obispo Latimer fue quemado en la hoguera junto con los obispos Ridley y Cranmer frente al Balliol College de Oxford por edicto de la nueva reina católica María en la década de 1550, un breve período de resurgimiento católico. ¿Quizás la estatua de "Nuestra Señora" de Doncaster aún existe en algún escondite de una familia católica? ¡Pero probablemente no!

En el priorato carmelita, "Nuestra Señora" estaba rodeada de velas encendidas y cirios, y en ocasiones de ofrendas devocionales. El cilicio de Anthony Lord Rivers tras su ejecución en Pontefract al final del reinado de Eduardo IV en 1483, el cinturón de plata y oro de Constance Bigod de Settington (1449), el "vestido color rojizo" de Katherine Hasting (1506), "mis mejores oraciones" de Alice West de Ripon y la corona de plata dorada de John Twisilton. Es de suponer que la ropa de cama y el vestido se utilizaron como vestimentas.

Los priores recibían pagos de diversos miembros de la nobleza y la alta burguesía para encender velas en su nombre en un número determinado de celebraciones de misa diarias o mensuales. "Mi señor tiene por costumbre pagar anualmente por el coste de una luz de cera que arda ante Nuestra Señora en el púlpito de la fundación de mi señor a la hora de la misa diaria".

Justo antes de la disolución henriciana en 1524, William Nicholson de Townsburgh, cerca de Doncaster, vadeaba el río Don en una carreta tirada por bueyes que transportaba a la familia Leche y sus enseres domésticos. Una crecida volcó el carro, pero milagrosamente todos se salvaron. La esposa de Leche fue arrastrada río abajo y todos rezaron a Nuestra Señora por su seguridad; ella sobrevivió. De ahí que se celebrara una fiesta por el milagro en el Priorato el día de Santa María Magdalena, a la que asistieron 300 almas.

En menos de 15 años, "Nuestra Señora" había desaparecido y, al parecer, ya no era posible que ocurrieran más milagros. El 13 de noviembre de 1538, el prior Stubbis y otros siete priores entregaron el priorato a los comisionados del rey, Hugh Wirrel y Teshe. El inventario de la propiedad no incluía a "Nuestra Señora", ya que el arzobispo Lee de York ya la había retirado. Dado que Robert Aske, líder de la rebelión de la Peregrinación de la Gracia de 1536, había residido brevemente con los frailes grises en Marshgate, los carmelitas sin duda consideraron que cualquier protesta contra su disolución sería poco aconsejable. Los frailes blancos habían proporcionado alojamiento a los realistas del duque de Norfolk, a pesar de que el prior Cook era partidario de los rebeldes y, por lo tanto, fue destituido en 1537.

Hoy en día, en la iglesia católica romana de San Pedro Encadenado de Doncaster, en una capilla situada en el lado norte, se encuentra un nuevo santuario dedicado a Nuestra Señora, tallado en piedra de la abadía de Roche.

No queda nada del priorato y del santuario originales, salvo los nombres de las calles y una insignia de peregrino de unos dos centímetros y medio cuadrados, que actualmente se encuentra en el Museo de Lynn, en Kings Lynn, Norfolk. El priorato carmelita, al ser disuelto, proporcionó al Tesoro Público de Enrique 5,2 kg de plata, un alquiler anual de 10 libras por el terreno, los edificios, los jardines y los huertos, y 23 libras por la venta de ciertos edificios. La tumba de mármol de Margaret, condesa de Westmoreland, fue trasladada a la iglesia parroquial de San Jorge.

El prior Laurence Cook, de los carmelitas, estuvo encarcelado en la Torre de Londres de 1538 a 1540 por su apoyo a Robert Aske en 1536. Todavía se puede ver el nombre que talló en el primer piso de la Torre Beauchamp: "Doctor Cook".

Los franciscanos "Greyfriars", ubicados en un terreno de 6½ acres en Marshgate, fueron disueltos al mismo tiempo, cuando su director, Thomas Kirkham, seis frailes y tres novicios recibieron 3 libras para repartir entre ellos como compensación. Los edificios proporcionaron 46 toneladas de plomo, cuatro campanas y tres libras de plata. El edificio principal se vendió por 11 libras, más la venta futura del terreno de 6½ acres, que incluía cuatro estanques de peces.

Tras la disolución, la Corona también confiscó las dotaciones de la capilla de la capellanía, las tierras, la cabaña y la posada, y vendió todo ello, incluida la iglesia de Santa María Magdalena en la plaza del mercado, a la aristocracia local. Este último terreno, adquirido por el concejal Thomas Symkinson, fue donado a la Corporación de Doncaster en 1557 para su uso como sede del ayuntamiento, los tribunales y la escuela de gramática.

Tony Storey
Ciudadano honorario de Doncaster

18 de abril de 2026

Meditando el Rosario: Quinto misterio doloroso: Crucifixión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo


Del sitio María, Luz Divina: 

Ahora -ya es de noche- dice Jesús (a María Valtorta):

-Has visto cuánto cuesta ser Salvadores. Lo has visto en mí y María. Has tenido conocimiento de nuestras torturas.

Has visto qué generosidad, heroísmo, paciencia, mansedumbre, constancia y fortaleza las hemos sufrido por la caridad de salvaros.

Todos aquellos que quieran, que pidan al Señor Dios hacer ellos 'salvadores', deben pensar que Yo y María somos el modelo que ésas son las torturas que hay que compartir para salvar: la cruz, las espinas, los clavos, los azotes no serán materiales. Serán otros, con otra forma y naturaleza; pero igualmente dolorosos e inmoladores. Y sólo inmolándose en medio de estos dolores se puede ser salvador. 

Es misión austera, la más austera de todas. Una misión respecto a la cual la vida del monje o de la religiosa de la más severa regla es como una flor comparada con un montón de espinas. Porque ésta es no regla de Orden humana, sino Regla de un sacerdocio y un rito de ingreso en el estado monacal divinos, cuyo Fundador soy Yo. Yo soy el que consagra y acoge -en mi Regla, en mi Orden-a los elegidos para ella. Y soy el que les impone el hábito (el mío): el Dolor total llevado hasta el sacrificio. 

Has visto mis sufrimientos, dirigidos a hacer reparación por vuestras culpas. Nada en mi Cuerpo ha estado exento de ellos, porque nada en el hombre está exento de culpas, y todas las partes de vuestro yo físico y moral -ese yo que Dios os ha dado con una perfección de obra divina y que vosotros habéis degradado con la culpa del progenitor y con vuestras tendencias al mal, con vuestra voluntad mala-son instrumentos de los que os servís para cumplir el pecado.

Pero Yo he venido para cancelar los efectos del pecado con mi Sangre y mi dolor, lavando en ellos cada una de vuestras partes físicas y morales, para purificarlas y fortalecerlas contra las tendencias culpables. 

Mis Manos fueron heridas y aprisionadas, después de haberse cansado llevando la Cruz, para reparar por todos los delitos cometidos con la mano del hombre. Desde los verdaderos actos de sujetar y usar un arma contra un hermano, haciéndoos así Caínes, hasta de robar o escribir acusaciones falsas o llevar a cabo actos contrarios al respeto de vuestro cuerpo o del cuerpo ajeno, o de estar ociosos en una holgazanería que es terreno propicio para vuestros vicios. Por las ilícitas libertades de vuestras manos, he dejado crucificar las mías, clavándolas al madero, privándolas de todo movimiento más que lícito y necesario.

Los Pies de vuestro Salvador, después de haberse fatigado y herido en las piedras de mi camino de Pasión, fueron traspasados, inmovilizados, para hacer reparación por todo el mal que vosotros hacéis con los pies, haciendo de ellos el medio para ir a vuestros delitos, hurtos, fornicaciones. He marcado las calles, las plazas, las casas, las escaleras de Jerusalén, para purificar todas las calles, las plazas, las escaleras, las casas de la tierra, de todo el mal que dentro y fuera de ellas había nacido, todo lo que había sido sembrado y sería sembrado, en los siglos pasados y en los futuros, por vuestra mala voluntad obediente a las instigaciones de Satanás. 

Mi Carne se manchó, recibió contusiones y heridas, para castigar en mí todo el culto exagerado, la idolatría, que vosotros ofrecéis a esta carne y a la de quien amáis, por capricho sensual o incluso por afecto, que en sí no es reprobable, pero que lo hacéis reprobable al amar a un padre, a un cónyuge, a un hijo o a un hermano, más que a Dios.

No. Por encima de cualquier amor y vínculo terrenos está, debe estar, el amor al Señor Dios vuestro. Ninguno, ningún otro afecto de ser superior a éste. Amad a los vuestros en Dios, no por encima de Dios. Amad con todo vuestro ser a Dios. Ello no absorberá vuestro amor hasta el punto de haceros indiferentes para con los vuestros; antes al contrario, la perfección tomada de Dios -quien ama a Dios tiene en sí a Dios y, teniendo a Dios, tiene la Perfección-alimentará vuestro amor hacia ellos.

Yo hice de mi Carne una llaga para extraer de las vuestras el veneno de la sensualidad, del no pudor, del no respeto, de la ambición y admiración por la carne destinada a volver al polvo. No es dando culto a la carne como se lleva la carne a la belleza; antes bien, es con el desapego de ella con lo que se le da la Belleza eterna en el Cielo de Dios. Mi Cabeza fue torturada con mil torturas (golpes, sol, gritos, espinas) para hacer reparación por las culpas de vuestra mente. Soberbia, impaciencia, insoportabilidad, falta de aguante, pululan en vuestro cerebro como terreno fungífero. Yo hice de él un órgano torturado, cerrado dentro de un arca decorada con sangre, para hacer reparación por todo lo que brota de vuestro pensamiento.

Has visto la única corona que Yo he querido: una corona que sólo un loco o un torturado pueden llevar. Ninguno, que sea sano de mente (humanamente hablando) y que esté en posesión de su libertad, se impone. Pero a mí me consideraban loco, y loco, sobrenaturalmente, divinamente loco lo era, queriendo morir por vosotros -que no me amáis o que me amáis tan poco-, queriendo morir para vencer al Mal en vosotros, sabiendo que lo amáis más que a Dios. Y estuve a merced del hombre; y prisionero del hombre, condenado suyo. Yo, Dios, condenado por el hombre.

¡Cuántas impaciencias tenéis, por naderías; cuántas incompatibilidades, por bagatelas; cuántas exasperaciones, por simples malestares! Mirad a vuestro Salvador. Meditad en lo exasperante que debían ser esas punzadas continuas en nuevos sitios, esos enredos en los mechones del cabello, ese desplazamiento continuo sin posibilitar mover la cabeza, apoyarla, en ningún modo que no produjera tormento. 

Pensad en lo que debieron significar para mi Cabeza torturada, dolorida, febril, los gritos de la muchedumbre, los golpes en la cabeza, el sol abrasador. Reflexionad en el dolor que debía tener en mi pobre cerebro, que había ido a la agonía del Viernes convertido ya por entero en un dolor por el esfuerzo sufrido durante la noche del Jueves; en mi pobre cerebro al que le subía la fiebre de todo el Cuerpo lacerado y de las intoxicaciones provocadas por las torturas. 

Y, en la Cabeza, también los ojos tuvieron su parte, y la boca, y la nariz y la lengua. Para hacer reparación por vuestras miradas tan amantes de ver lo malo y tan olvidadas de buscar a Dios; para hacer reparación por las demasiadas y demasiado embusteras y sucias y lujuriosas palabras que decís en vez de usar los labios para orar, para enseñar, para confortar. Y recibieron su tortura la nariz y la lengua para hacer reparación por vuestra avidez gustativa y por vuestra sensualidad olfativa, por las cuales cometéis imperfecciones que son terreno para más graves culpas, y cometéis pecados con la avidez de alimentos superfluos sin tener piedad de los que tienen hambre, de alimentos que os podéis permitir, muchas veces recurriendo a medios ilícitos de ganancia.

Mis entrañas no quedaron exentas de sufrimiento. Ninguna de ellas. Sofocación y tos para los pulmones, los cuales, por la bárbara flagelación recibida, estaban contusos, y edemáticos por la postura en la cruz; congoja y dolor en el corazón, que había sido desplazado y estaba enfermo, por causa de la cruel flagelación, y del dolor moral que había precedido a ésta, por el esfuerzo de la subida bajo la pesada carga del madero y por la anemia consiguiente a toda la sangre que ya había vertido. El hígado congestionado, el bazo congestionado, los riñones contusos y congestionados.

Has visto la corona de moratones que estaba alrededor mis riñones. Vuestros científicos, para dar una prueba para vuestra incredulidad respecto a esa prueba de mis padecimientos que es la Sábana Santa (se conserva y venera en Turín: para los escritos valtortianos, es auténtica), explican que la sangre, el sudor cadavérico y la urea de un cuerpo ultrafatigado pudieron, mezclándose con los ungüentos, producir esa pintura natural de mi Cuerpo extinto y torturado.

Mejor sería creer sin tener necesidad de tantas pruebas para creer. Mejor sería decir: "Esto es obra de Dios" y bendecir a Dios, que os ha concedido disponer de la prueba irrefutable de mi Crucifixión y de las torturas que la precedieron. 

Pero, dado que, ahora, no sabéis ya creer con la sencillez de los niños, sino que tenéis necesidad de pruebas científicas ­pobre fe vuestra que sin el apoyo y el acicate de la ciencia no sabe mantenerse en pie y caminar-, sabed que las atroces contusiones de mis riñones fueron el agente químico más potente en el milagro de la Sábana Santa. Mis riñones, casi rotos por los azotes, ya no pudieron trabajar.

 Como los de los que han ardido en una llamarada, no fueron capaces de filtrar, y la urea se acumuló y se esparció en mi sangre, en cuerpo, produciendo los sufrimientos de la intoxicación urémica y el reactivo que, rezumando de mi cadáver, fijó la imagen en la tela. Pero los que de entre vosotros son médicos, o los que de entre vosotros están enfermos de uremia, pueden comprender qué sufrimientos debieron producirme las toxinas urémicas, tan abundantes como para ser capaces de producir una huella indeleble.

La sed. ¡Qué tortura, la sed! Y, a pesar de todo, ya has visto que no hubo ni siquiera uno, de entre tantos, que supiera en aquellas horas darme una gota de agua. Desde después de la Cena, no tuve ninguna confortación. Y la fiebre, el sol, el calor, el polvo, el desangramiento, producían mucha sed a vuestro Salvador.

Has visto que rechacé el vino mirrado. No quería atenuaciones de mi sufrimiento. Cuando nos hemos ofrecido como víctimas, tenemos que serlo sin transacciones piadosas, sin arreglos, sin atenuaciones. Es necesario beber el cáliz como se nos da. Saborear el vinagre y la hiel, hasta la hez. No el vino con añadido de drogas que produce una mitigación del dolor.

¡Oh, muy severo es el sino victimal! ¡Pero, bienaventurado el que lo elige como suyo! 

Esto respecto al sufrimiento de tu Jesús en su Cuerpo inocente. Y no te hablo de las torturas de mi sentimiento hacia mi Madre y hacia su dolor. Se requería ese dolor. Pero para mí fue la congoja más cruel. ¡Sólo el Padre sabe lo que sufrió su Verbo en el espíritu, en lo moral y en lo físico! Y la presencia de mi Madre, aunque fue la cosa más deseada por mi corazón, que tenía necesidad de esa confortación en la soledad infinita que lo rodeaba, infinita, soledad procedente de Dios y de los hombres, fue tortura.

Ella debía estar allí, ángel de carne, para impedir el asalto de la desesperación, de la misma forma que el ángel espiritual la había impedido en el Getsemaní; debía estar allí para unir mi Dolor con el suyo para vuestra Redención; debía estar allí para recibir la investidura de Madre del género humano. Pero verla morir a cada uno de mis estremecimientos fue mi mayor dolor. Ni siquiera la traición, ni siquiera el saber que mi Sacrificio sería inútil para muchos – esos dos dolores que pocas horas antes me habían parecido tan grandes que me habían hecho sudar sangre-, eran comparables a éste. 

Pero tú has visto lo grande que fue María en aquella hora. La congoja no le impidió ser mucho más fuerte que Judit. Ésta mató (Judit 13). María se dejó matar a través de su Hijo. Y ni imprecó ni odió. Oró, amó, obedeció. Siempre Madre, hasta el punto de pensar, en medio esas torturas, que su Jesús tenía necesidad de su velo virginal para cubrir sus carnes inocentes, para defensa de su pudor, supo al mismo tiempo ser Hija del Padre de los Cielos y obedecer a la tremenda voluntad del Padre en aquella hora. No imprecó, no se rebeló; ni contra Dios ni contra los hombres: a éstos los perdonó; a Aquél le dijo 'Fiat`. También después la has oído: '¡Padre, te amo, y Tú nos has amado!'. Recuerda y proclama que Dios la ha amado y le renueva su acto de amor. ¡En aquella hora! Después de que el Padre la había traspasado y privado de su razón de ser. Lo ama. 

No dice: 'Ya no te amo por haber descargado tu mano sobre mí'. Lo ama. Y no se aflige por el propio dolor, sino por el que sufre su Hijo. No grita por el propio corazón quebrantado, sino por mi corazón traspasado. De esto pide razón al Padre, no del propio dolor. Pide razón al Padre en nombre del Hijo de ambos. 

Ella es auténticamente la Esposa de Dios. Ella es auténticamente la que concibió por unión con Dios. Sabe que a su Hijo no lo engendró un contacto humano, sino que fue solamente Fuego que descendió del Cielo para entrar en su seno inmaculado y depositar en él el Germen divino, la Carne del Hombre-Dios, del Dios-Hombre, del Redentor del mundo. Ella lo sabe, y como Esposa y Madre pide razón de esa herida. Las otras debían producirse. Pero ésta, cuando todo estaba cumplido, ¿por qué? 

¡Pobre Mamá! Hubo un porqué que tu dolor no te ha permitido leer en mi herida. Y ese porqué fue el que los hombres vieran el Corazón de Dios. Tú lo has visto, María. Y no lo olvidarás nunca.

Pero ya ves que María, a pesar de no ver en ese momento las razones sobrenaturales de esa herida, enseguida piensa que no me ha hecho daño, y por ella bendice a Dios. No se preocupa del mucho daño que esa herida le haya hecho a Ella; no me ha hecho daño a mí, y eso le basta y le sirve para bendecir a Dios, a ese Dios que la inmola. Lo único que pide es un poco de confortación para no morir. Es necesaria para la naciente Iglesia de la que ha sido creada Madre pocas horas antes.

La Iglesia, como un recién nacido, necesita cuidado y leche maternos. María dará esto a la Iglesia sosteniendo a los apóstoles, hablándoles del Salvador, orando por la Iglesia. ¿Pero cómo podría hacerlo si expirara esa noche? La Iglesia, a la que le quedan pocos días para estar ya sin quien es su Cabeza, se quedaría huérfana del todo si además expirara la Madre. Y la suerte de los recién nacidos huérfanos es siempre precaria.

Dios nunca defrauda una justa oración y conforta a los hijos suyos que en Él esperan. María lo experimenta en el consuelo de la Verónica. Ella, la pobre Mamá, había imprimido en sus ojos la efigie de mi Rostro apagado. No podía resistir verlo. No es su Jesús ese Jesús envejecido, hinchado, con esos ojos cerrados que ya no la miran, con esa boca torcida que ni le habla ni le sonríe. El de la Verónica es un rostro de Jesús vivo; doliente, herido, pero todavía vivo. Su mirada la mira, su boca parece decirle: '¡Mamá!'. Su sonrisa la saluda todavía.

¡Oh, María! Busca a Jesús en tu dolor. Él vendrá siempre y te mirará, te llamará, te sonreirá. Compartiremos el dolor, ¡pero estaremos unidos!

Juan, oh pequeño Juan, compartió con María y Jesús el dolor. Sé siempre como Juan. También en esto. Ya te lo he dicho: 'No serás grande por las contemplaciones y los dictados -esto es mío-, sino por tu amor; y el amor más alto está en compartir el dolor'. Esto proporciona la manera de intuir hasta los más pequeños deseos de Dios y hacerlos realidad a pesar de todos los obstáculos.

Mira con qué viva y delicada sensibilidad Juan actúa desde la noche del Jueves hasta la del Viernes. Y pasada esa noche. Pero, observémoslo en aquellas horas. Un momento de desconcierto. Una hora de pesantez. Pero, una vez superado el sueño con la agitación de la captura, y esa agitación con el amor, viene, trayéndose tras sí a Pedro, para que el Maestro sienta confortación al ver a la Cabeza de los apóstoles y al Predilecto de entre los Apóstoles.

Y luego piensa en la Madre, a quien algún cruel puede gritar que su Hijo ha sido capturado. Y va donde Ella. No sabe que María ya vive la congoja del Hijo y que, mientras los apóstoles dormían, Ella velaba y oraba, agonizando con su Hijo. Él no lo sabe. Y va donde Ella y la prepara para la noticia.

Y luego hace de enlace entre la casa de Caifás y el Pretorio, entre la casa de Caifás y el palacio de Herodes, y otra vez va de la casa de Caifás al Pretorio. Hacer eso esa mañana, cruzando por entre la muchedumbre ebria de odio, con un atuendo que lo delata como galileo, no es una cosa cómoda. Pero el amor lo sostiene, y Juan no piensa en sí mismo, sino en los dolores de Jesús y de la Madre. Podría ser apedreado por ser seguidor del Nazareno. No importa. Desafía todo. Los otros han huido, están escondidos: la prudencia y el miedo los guían. A él lo guía el amor, y se queda y se muestra. Es un hombre puro. El amor prospera en la pureza.

Y si su piedad y su buen sentido de lugareño lo inducen a mantener a María alejada de la multitud y del Pretorio -no sabe que María participa de todas las torturas de su Hijo padeciéndolas espiritualmente-, cuando juzga que ha llegado la hora en que Jesús necesita a su Madre y que no es lícito tener más tiempo a la Madre separada del Hijo, la lleva a Él, la sostiene, la defiende. 

¿Qué es ese puñado de personas fieles (un hombre solo, indefenso, joven, sin autoridad, a la cabeza de unas pocas mujeres) contra toda una muchedumbre embrutecida? Nada. Un montoncito de hojas que el viento puede desparramar. Una barquichuela en un océano borrascoso que puede sumergirla. No importa. El amor es su fuerza y su vela. Éste es su arma, y con éste protege a la Mujer y a las mujeres hasta el final.

Juan poseyó el amor de compasión como nadie más en el mundo, excepción hecha de mi Madre. Juan es el príncipe de los que aman con este amor. Es tu maestro en esto. Sigue el ejemplo que te da de pureza y caridad, y serás grande.

Y, dado que preveo las observaciones de los demasiados Tomases (incrédulos) y de los demasiados escribas de ahora sobre una frase de este dictado, que parece contrastar con el sorbo de agua ofrecido por Longinos... -¡oh, cómo gozarían los negadores de lo sobrenatural, los racionalistas de la perfección al revés, si pudieran encontrar una fisura en el magnífico complejo de esta obra de bondad divina y sacrificio tuyo, pequeño Juan, para poder, haciendo palanca en esa fisura con el pico de su mortífero racionalismo, provocar el derrumbamiento de todo!-previniendo a éstos, digo y explico.

Aquel pobre sorbo de agua -una gota en el incendio de la fiebre y en la sequedad de las venas vaciadas-tomado por amor a un alma a la que había que persuadir de amor para llevarla a la Verdad, tomado con suma fatiga en medio del jadeo agudo que me estrangulaba la respiración y obstaculizaba la deglución -tan quebrantado estaba por los atroces azotes-no proporcionó más alivio que el sobrenatural. 

Desde el punto de vista de la carne no fue nada, por no decir un tormento... Ríos habrían sido necesarios para mi sed de entonces... Y no podía beber por el jadeo del dolor precordial. Y tú sabes lo que es este dolor... Ríos habrían sido necesarios después... y no me fueron dados. Y tampoco hubiera podido aceptarlos por el sofoco cada vez más fuerte. ¡Pero cuánto alivio habrían procurado a mi Corazón si me hubieran sido ofrecidos! Era de amor de lo que moría. De amor no dado. La piedad es amor. Y en Israel no hubo piedad. 

Cuando contempláis, vosotros los buenos, o analizáis, vosotros los escépticos, aquel 'sorbo', dadle su justo nombre: 'piedad', no bebida. Puede, por tanto, decirse, sin incurrir por ello en falsedad, que 'desde la Cena no recibí alivio'. De toda la masa que me circundaba, no hubo ni uno que me procurase alivio, considerando que el vino drogado no quise sorberlo. Recibí vinagre y burlas. Recibí traiciones y golpes. Eso es lo que recibí. Nada más. 

María Valtorta
El Evangelio como me fuera revelado

 

8 de abril de 2026

Nuestra Señora de Hierro de Brdy

 

Traducido del sitio Plzen:

La estatua de hierro fundido de la Virgen María, llamada por los lugareños "Virgen de Hierro", se encuentra en el sureste de Brdy, concretamente cerca de Rožmitál pod Třemšínem. La imponente estatua sin duda llamará la atención no solo de los creyentes.

La estatua coloreada, de tamaño natural, fue fundida en las fundiciones de Blansko. También está relacionada con una leyenda: "Se dice que un joven conde fue herido de bala aquí durante una cacería. Mientras yacía en el suelo cubierto de sangre, se le apareció la Virgen María y él prometió que, si sobrevivía, mandaría construir una estatua de la Virgen María en este lugar memorable. Esto ocurrió el 8 de octubre de 1880. El conde cumplió su promesa y, desde ese año, esta estatua se encuentra aquí", explicó Rudolf Šimek, conservador de las colecciones del Museo Podbrdské.

Otra versión de la historia, que sin embargo no tiene respaldo en fuentes relevantes, es que en el pasado Eduard Pálffy, señor de Březnice, fue tiroteado aquí por cazadores furtivos.

"Iconográficamente, la estatua podría identificarse como la Inmaculada, es decir, la estatua de la Virgen María Inmaculada. Esta costumbre se caracteriza por el hecho de que la Virgen María está de pie sobre el globo terráqueo, aunque pocos se dan cuenta de que también está de pie sobre una media luna, y el globo terráqueo está rodeado por una serpiente, a la que ella aplasta con su pie, mientras que la serpiente tiene en la boca la manzana de Adán. La serpiente simboliza a Satanás y la Virgen María predestina a Jesucristo, que derrotará a Satanás", describió Šimek.

"Algunos la llaman Virgen María de Březnice, pero la gente confunde un poco los conceptos. La Virgen María de Březnice es la Virgen Negra, una pintura gótica tardía situada en la capilla del castillo de Březnice", aclaró el empleado del museo sobre un error frecuente.

"En conjunto, es una construcción bastante compleja, por lo que seguramente se trataba de alguien rico. La estatua de hierro fundido está protegida por un enorme arco de granito. Según cuenta la historia, la estatua era demasiado grande, por lo que tuvieron que cortar el arco para que cupiera debajo", concluyó Rudolf Šimek.

25 de marzo de 2026

El fiat de Nuestra Señora cambió la historia del mundo


 Hoy es la festividad de la Anunciación de Nuestro Señor Jesucristo.

 Traducido del sitio Un Minuto con María:

"El fiat de María, la palabra de su corazón, ha cambiado la historia del mundo, porque trajo al Salvador al mundo, porque, gracias a su Sí, Dios pudo hacerse hombre en nuestro mundo y permanece así para siempre".

El Maligno tiene poder en este mundo, como vemos y experimentamos continuamente; tiene poder porque nuestra libertad se deja alejar continuamente de Dios. (...) 

Pero desde que Dios mismo tomó un corazón humano y así ha orientado la libertad humana hacia el bien, la libertad de elegir el mal ya no tiene la última palabra. Desde entonces, la palabra que prevalece es esta: "En el mundo tendréis tribulación, pero confiad, yo he vencido al mundo" (Juan 16, 33). 

Comentario teológico sobre el tercer secreto de Fátima


14 de marzo de 2026

Meditando el Rosario: Primer Misterio Doloroso: La Agonía en el Huerto

 


Extraído de Asalta el Cielo con tu Rosario:

Del blog María Valtorta:

Jesús abre sus ojos de nuevo. Con esfuerzo levanta la cabeza. Mira. Está solo, pero menos angustiado. Alarga una mano. Arrima hacia sí el manto que había dejado abandonado en la hierba y vuelve a secarse la cara, las manos, el cuello, la barba, el pelo. Coge una hoja ancha, nacida justo en el borde del desnivel, empapada de rocío, y con ella termina de limpiarse mojándose la cara y las manos y luego secándose de nuevo todo. Y repite, repite lo mismo con otras hojas, hasta que borra las huellas de su tremendo sudor. Sólo la túnica, especialmente en los hombros y en los pliegues de los codos, en el cuello y la cintura, en las rodillas, está manchada. La mira y menea la cabeza. Mira también el manto, y lo ve demasiado manchado; lo dobla y lo pone encima de la piedra, en el lugar en que ésta forma una concavidad, junto a las florecillas.

Con esfuerzo –como por debilidad– se vuelve y se pone de rodillas. Ora, apoyada la cabeza en el manto donde tiene ya las manos. Luego, tomando como apoyo la roca, se alza y, todavía tambaleándose ligeramente, va donde los discípulos. Su cara está palidísima. Pero ya no tiene expresión turbada. Es una faz llena de divina belleza, a pesar de aparecer más exangüe y triste que de costumbre.

Los tres duermen sabrosamente. Bien arrebujados en sus mantos, echados del todo, junto a la hoguera apagada. Se los oye respirar profundamente, con comienzo incluso de un sonoro ronquido.

Jesús los llama. Es inútil. Debe agacharse y dar un buen zarandeo a Pedro.

"¿Qué sucede? ¿Quién viene a arrestarme?" dice Pedro mientras sale, atónito y asustado, de su manto verde obscuro.

"Nadie. Te llamo Yo".

"¿Es ya por la mañana?".

"No. Ha terminado casi la segunda vigilia".

Pedro está todo entumecido.

Jesús da unos meneos a Juan, que emite un grito de terror al ver inclinado hacia él un rostro que, de tan marmóreo como se ve, parece de un fantasma. "¡Oh... me parecías muerto!".

Da unos meneos a Santiago, el cual, creyendo que le llama su hermano, dice: "Han apresado al Maestro?".

"...Todavía no, Santiago" responde Jesús. "Pero, alzaos ya. Vamos. El que me traiciona está cerca".

Los tres, todavía atónitos, se alzan. Miran a su alrededor... Olivos, Luna, ruiseñores, leve viento, paz... nada más. Pero siguen a Jesús sin hablar. También los otros ocho están más o menos dormidos alrededor del fuego ya apagado.

"¡Levantaos!" dice Jesús con voz potente. "¡Mientras viene Satanás, mostrad al insomne y a sus hijos que los hijos de Dios no duermen!».

"Sí, Maestro" .

"¿Dónde está, Maestro?".

"Jesús, yo...".

"Pero ¿qué ha sucedido?".

Y entre preguntas y respuestas enredadas, se ponen los mantos...

El tiempo justo de aparecer en orden a la vista de la chusma capitaneada por Judas, que irrumpe en el quieto solar y lo ilumina bruscamente con muchas antorchas encendidas: son una horda de bandidos disfrazados de soldados, caras de la peor calaña demacradas por sonrisas maliciosas demoníacas; hay también algún que otro representante del Templo.

Los apóstoles, súbitamente, se hacen a un lado. Pedro delante y, en grupo, detrás, los demás. Jesús se queda donde estaba.

Judas se acerca resistiendo a la mirada de Jesús, que ha vuelto a ser esa mirada centelleante de sus días mejores. Y no baja la cara. Es más, se acerca con una sonrisa de hiena y le besa en la mejilla derecha.

"Amigo, ¿y qué has venido a hacer? ¿Con un beso me traicionas?".

Judas agacha un instante la cabeza, luego vuelve a levantarla... Muerto a la reprensión como a cualquier invitación al arrepentimiento. Jesús, después de las primeras palabras, dichas todavía con la solemnidad del Maestro, adquiere el tono afligido de quien se resigna a una desventura. 

La chusma, con un clamor hecho de gritos, se acerca con cuerdas y palos y trata de apoderarse de los apóstoles –excepto de Judas Iscariote, se entiende– además de tratar de prender a Jesús.

"¿A quién buscáis?» pregunta Jesús calmo y solemne.

"A Jesús Nazareno".

"Soy Yo". La voz es un trueno. Ante el mundo asesino y el inocente, ante la naturaleza y las estrellas, Jesús da de sí –y yo diría que está contento de poder hacerlo– este testimonio abierto, leal, seguro.

¿Ah!, pero si de El hubiera emanado un rayo no habría hecho más: como un haz de espigas segadas, todos caen al suelo. Permanecen en pie sólo Judas, Jesús y los apóstoles, los cuales, ante el espectáculo de los soldados derribados se rehacen, tanto que se acercan a Jesús, y con amenazas tan claras contra Judas, que éste súbitamente se retira –huye al otro lado del Cedrón y se adentra en la negrura de una callejuela–, con el tiempo justo de evitar el golpe maestro de la espada de Simón, y seguido en vano de piedras y palos que le lanzan los apóstoles que no iban armados de espada.

"Levantaos. ¿A quién buscáis?, vuelvo a preguntaros".

"A Jesús Nazareno".

"Os he dicho que soy Yo" dice con dulzura Jesús. Sí: con dulzura. "Dejad, pues, libres a estos otros. Yo voy. Guardad las espadas y los palos. No soy un bandolero. Estaba siempre entre vosotros. ¿Por qué no me habéis arrestado entonces? Pero ésta es vuestra hora y la de Satanás...».

Mientras El habla, Pedro se acerca al hombre que está extendiendo las cuerdas para atar a Jesús y descarga un golpe de espada desmañado. Si la hubiera usado de punta, le habría degollado como a un carnero. Así, lo único que ha hecho ha sido arrancarle casi una oreja, que queda colgando en medio de un gran flujo de sangre. El hombre grita que le han matado. Se produce confusión entre aquellos que quieren arremeter y los que al ver lucir espadas y puñales tienen miedo.

"Guardad esas armas. Os lo ordeno. Si quisiera, tendría como defensores a los ángeles del Padre. Y tú, queda sano. En el alma lo primero, si puedes". Y antes de ofrecer sus manos para las cuerdas, toca la oreja y la cura.

Los apóstoles gritan alteradamente... Sí, me duele decir esto, pero es así. Quién dice una cosa; quién, otra. Quién grita: "¡Nos has traicionado!", y quién: "¡Pero ha perdido la razón!», y quién dice: "¿Quién puede creerte?". Y el que no grita huye...

Y Jesús se queda solo... El y los esbirros... Y empieza el camino...