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15 de septiembre de 2026

Los dolores de Nuestra Señora

 


Hoy se conmemora a María Santísima como Nuestra Señora de los Dolores.

Del sitio Portaluz: 

 Siete dolores, siete espadas atravesando el alma de la Santísima Virgen María, que por la gracia de la fe son faros para iluminar en todo tiempo y lugar la esperanza en el amor incondicional; un amor tan vasto y poderoso en su intercesión, que constituye la esencia del Inmaculado Corazón de María.

En el mes que celebramos con el corazón agradecido a la Madre de Dios hemos recreado en la siguiente narración y para provecho espiritual de los lectores de Portaluz un relato sobre los 7 dolores de la Santísima Virgen María.

En la polvorienta aldea de Nazaret, cuyas casas de piedra parecían susurrar secretos ancestrales, vivía María, una joven cuyo corazón guardaba silencios orantes más profundos que los pozos de la plaza. Un día, mientras el sol tejía hilos dorados entre las hojas de las higueras, un enviado celestial, con la voz suave como el viento del desierto, le anunció un misterio que florecería en su vientre por obra y gracia del Espíritu Santo. No hubo estruendo, pero el asombro la envolvió como una túnica invisible. Luego, las dudas de su prometido, José, se sintieron como una sombra fría que mordía su corazón. El primer dolor entonces fue la incomprensión silenciosa, las miradas esquivas que pesaban más que las piedras del camino.

Luego vino el viaje hacia Belén, un sendero empedrado donde cada paso resonaba con la profecía de un rey que nacería en la humildad. El cansancio se le pegaba a la piel como el polvo del camino, y la búsqueda de un refugio se tornó una odisea silenciosa. Las puertas cerradas tenían el eco metálico de la indiferencia, y la soledad la abrazó en la noche sin más luz que la de las estrellas ancestrales. El segundo dolor fue la falta de amparo, la sensación de que el mundo olvidaba la promesa que llevaba en su seno.

En un establo sencillo, donde el aliento cálido de los animales tejía una atmósfera de humildad, dio a luz al hijo de Dios, Jesús. La alegría que irradiaba en su alma como rayos de sol se vio amenazada cuando en el templo de Jerusalén, un anciano llamado Simeón le reveló un destino entrelazado con el sufrimiento: una espada de dolor atravesaría su alma (San Lucas 2,25-35). El tercer dolor fue la certeza anticipada, la sombra, de un futuro de angustia que se proyectaba sobre la reciente dicha.

Huyendo de la persecución de Herodes (Mateo 2,13-15)), María se sintió como una planta arrancada de su tierra. El miedo por la vida de su pequeño hijo era un fantasma constante que danzaba en los caminos mientras huían a Egipto, una preocupación silenciosa que la seguía como el eco de sus propios pasos. El cuarto dolor fue el exilio forzado, la fragilidad de la inocencia amenazada por la crueldad del poder.

Años después, en la bulliciosa Jerusalén, la angustia la encontró cuando Jesús, con la sabiduría precoz de un profeta, se demoró en el Beit HaMikdash durante la fiesta de la Pascua (Lucas 2,41-50). Tres días buscó María, con el corazón oprimido, hasta encontrarlo entre los maestros, absorto en diálogos sagrados. El quinto dolor fue la pérdida temporal, el temor punzante de haber extraviado la luz de su vida y Salvador de la humanidad.

Pero fue en la colina del Gólgota, bajo un cielo que ante sus ojos se teñía de luto, donde una espada le atravesó el alma y su dolor adquirió la fuerza de un terremoto. Ver a su hijo, Jesús, el Mesías que sanaba, expulsaba demonios, resucitaba a los muertos, que proclamaba ser uno con el Padre hablando de amor y perdón... verlo allí en esa ignominia, suspendido entre el cielo y la tierra, su cuerpo lacerado como un olivo azotado por la tormenta (Juan 19,17-30). Sintió cada latigazo, cada espina, cada golpe al ser clavado su hijo, como si fueran espadas en su propio corazón. El sexto dolor fue la tortura y crucifixión, la impotencia de una madre ante la injusticia y el sacrificio final.

Finalmente, sosteniendo el cuerpo sin vida de su amado Jesús (Marcos 15,42-46), sintió la ausencia como un vacío estallando el universo. El dolor de su alma era denso, la promesa parecía quebrada, y con Ella, una parte de su ser se desvaneció. La séptima espada de dolor fue la muerte del Hijo de Dios, el entierro de su cuerpo, el adiós terrenal, la aceptación del misterio del dolor. Pero en ese eclipse total de su existencia, gimiendo su alma, oró y renació la esperanza que, como una semilla dormida bajo la tierra, aguardaba su tiempo para florecer.

Siete dolores, siete espadas atravesando el alma de la Santísima Virgen María, que por la gracia de la fe son faros para iluminar en todo tiempo y lugar la esperanza en el amor incondicional; un amor tan vasto y poderoso en su intercesión, que constituye la esencia del Inmaculado Corazón de María. 

16 - mayo - 2025 

10 de septiembre de 2026

Nuestra Señora de Trastevere encontrada en el Tiber

 


Del sitio Church Pop:

En un barrio romano cuyo nombre es difícil de pronunciar tanto para los peregrinos como para los turistas en Roma, se lleva a cabo una tradición centenaria en honor a María.

La estatua de María fue encontrada en la desembocadura del río Tíber en 1535 por pescadores corsos que residían en Trastevere y es llevada actualmente en procesión.

El sábado siguiente a la Fiesta de Nuestra Señora del Carmen (16 de julio), una procesión recorre las calles de Trastevere con una gran estatua de la Virgen María.

Una semana después, la misma estatua se embarca en un bote lleno de cofradías romanas para concluir las festividades de la Fiesta de "Noantri" en una procesión por el río Tíber con la Madonna "Fiumarola", que significa Nuestra Señora "que viene del río”, recordando el evento de 1535 cuando la estatua de cedro fue encontrada en el Tíber después de una tormenta.

Julio en Roma está lleno de devoción a María bajo el título de Nuestra Señora del Carmen. El domingo antes del 16 de julio, una parroquia carmelita que se encuentra a la sombra de la Basílica de San Pedro recorre las calles del barrio del Vaticano, incluida la conocida calle Borgo Pio.

Dentro de la Iglesia de Santa Maria en Traspontina, se puede visitar durante todo el año esta estatua de Nuestra Señora con el Niño Jesús en su regazo, ofreciendo el Escapulario Marrón.

Una procesión aún más grande, o mejor dicho, dos procesiones tienen lugar justo al sur del Vaticano en el barrio de Trastevere.

El nombre "Trastevere" proviene del latín Trans Tiberim, que significa "más allá del Tíber".

Está situado en el río Tíber, frente al centro histórico de Roma, conectado por el famoso puente de peregrinos de Ponte Sisto, que fue construido para proporcionar otra ruta para los peregrinos, especialmente durante los años jubilares, para poder llegar a la Basílica de San Pedro.

Cruzar el puente hacia Trastevere desde el centro antiguo de Roma da el significado preciso al nombre del barrio.

Antes de que Trastevere fuera anexado a la ciudad de Roma, era un asentamiento etrusco a orillas del río Tíber. Con el surgimiento de la República Romana, alrededor del año 509 a.C. (que duró hasta el año 27 a.C. con el establecimiento del Imperio Romano, el momento en que Trastevere se convirtió en el 14º barrio de Roma), más y más marineros y pescadores se establecieron allí.

Los pescadores del barrio serían los que encontrarían la estatua de María en las aguas del Tíber y luego la protegerían durante casi 400 años hasta hoy.

Los residentes de Trastevere siempre han tenido un gran orgullo en su distinción del centro antiguo de Roma. Estos residentes, llamados Trasteverini, también tienen un gran orgullo en su particular devoción a la Virgen María. Por esta razón, tienen su propia procesión llamada "Noantri", del dialecto romano que significa la fiesta de "nosotros", en contraste con la fiesta de "ustedes que viven en otros barrios".

Incluso con este particular orgullo de barrio, toda Roma se une para esta procesión mariana con la Madonna, que "vino del río”.  

Encontrada en 1535, la estatua sería custodiada por los Trasteverini, y se convertiría en la protectora del barrio de Trastevere.

La estatua fue eventualmente entregada a los Carmelitas que cuidaban de la Basílica de San Crisógono. Por esta razón, estas procesiones se vincularon a la fiesta de Nuestra Señora del Carmen.

A lo largo del año, la estatua se guarda en la Iglesia de Santa Águeda, que se encuentra junto a la Basílica de San Crisógono, ahora bajo el cuidado de los Padres Trinitarios.

En la década de 1920 cuando la estatua sería llevada en procesión con el objetivo de reavivar las tradiciones populares italianas.

Desde entonces, desde la Iglesia de Santa Águeda, cada año el sábado después de la conmemoración litúrgica de Nuestra Señora del Carmen, la estatua sale de la iglesia para ser llevada por las calles de Trastevere.

La estatua luego regresa a la Iglesia de Santa Águeda, donde se exhibe solemnemente durante una semana, hasta el domingo siguiente cuando tiene lugar la tradicional procesión por el río Tíber.

La estatua se coloca en un bote desde un punto al norte del río y viaja por el río hasta el barrio de Trastevere.

La estatua de María luego es recibida por una estatua de San José cuando desembarca del bote.

La procesión continúa hasta la Basílica de Santa Maria en Trastevere, donde la estatua permanece hasta la mañana siguiente. Hay una bendición solemne, y a la mañana siguiente, se celebra la Santa Misa en la Basílica. La estatua luego se lleva en procesión de regreso a la Iglesia de Santa Águeda donde espera hasta el año siguiente.

21 de agosto de 2026

Relatos de testigos presenciales sobre Nuestra Señora de Knock


Hoy es la fiesta de Nuestra Señora de Knock:

Traducido del sitio Aleteia:

Lee relatos de primera mano sobre cómo se apareció Nuestra Señora de Knock el 21 de agosto de 1879.

A menudo, cuando Nuestra Señora se aparece a personas en revelaciones privadas, solo se da a conocer ante un pequeño número de personas. De hecho, la mayoría de las veces se aparece ante una o dos personas a la vez.

Sin embargo, en Knock, Irlanda, el 21 de agosto de 1879, la Virgen María se apareció ante una gran variedad de personas. Su aparición fue muy pública y varias personas la vieron en esa noche milagrosa.

Se entrevistó a todos los que presenciaron la visión y sus relatos como testigos presenciales quedaron registrados en el libro "Las apariciones y los milagros en Knock", publicado en 1880, menos de un año después de la aparición original.

A continuación se presentan algunas selecciones de ese libro, que destacan diferentes relatos del mismo evento extraordinario.

"Soy Patrick Hill. Vivo en Claremorris; mi tía vive en Knock. Recuerdo el 21 de agosto pasado; ese día estaba sacando turba del pantano. Mientras estaba en casa de mi tía, alrededor de las 8 de la noche, Dominick Beirne entró a la casa y gritó: '¡Vengan a la capilla a ver las luces milagrosas y las hermosas visiones que se pueden ver allí!'... juntos corrimos hacia la capilla. Mientras corríamos hacia el suroeste, nos alejamos tanto del pueblo que, al dar la vuelta, el frontón quedó a la vista e inmediatamente contemplamos las luces: una luz blanca y clara que cubría la mayor parte del frontón, desde el suelo hasta la ventana y más allá. Era una especie de luz brillante y cambiante que a veces se elevaba muy alto y otras veces no tanto. Vimos las figuras de la Santísima Virgen, San José y San Juan, y un altar con el Cordero sobre él y una cruz detrás del Cordero."

" Contemplé claramente a la Santísima Virgen María, de tamaño natural, de pie a unos dos pies más o menos sobre el suelo, vestida con túnicas blancas que se le ataban en el cuello; tenía las manos levantadas a la altura de los hombros, como en oración, con las palmas una frente a la otra, pero inclinadas hacia adentro, hacia el rostro; las palmas no estaban voltadas hacia la gente, sino una frente a la otra, tal como lo he descrito; parecía estar rezando; sus ojos, según vi, estaban dirigidos hacia el cielo; llevaba una corona resplandeciente en la cabeza y, sobre la frente, donde la corona se unía con la ceja, una hermosa rosa; la corona parecía brillante y de un resplandor dorado de un tono más profundo, que tendía a un amarillo suave, en contraste con la llamativa blancura de las vestiduras que llevaba; la parte superior de la corona parecía estar formada por una serie de destellos o cruces resplandecientes."

"Yo, Mary M. Loughlin, vivo en Knock. Soy la ama de llaves del reverendo archidiácono Cavanagh. Recuerdo que la tarde del 21 de agosto, alrededor de las siete o un poco más tarde, cuando aún había luz del día, pasé de la casa del reverendo archidiácono, junto a la capilla, hacia la casa de la señora Beirne, una viuda. Al pasar junto a la capilla, y a poca distancia de ella, vi una cantidad asombrosa de figuras o apariciones extrañas en el frontón: una parecida a la Santísima Virgen María, otra a San José, vi también a un obispo y un altar."

"Le dije entonces a la señorita Beirne que fuera a buscar a su tío Bryan Beirne y a su tía, la señora Bryan Beirne, o a cualquiera de los vecinos que viera, para que pudieran ser testigos del espectáculo que estaban contemplando en ese momento".

"Soy hermano de Mary Beirne, quien ya ha prestado testimonio. Vivo cerca de la capilla de Knock; tengo veinte años. Contemplé las tres imágenes o figuras que ya se han descrito: la Santísima Virgen, San José y San Juan, como mi hermana llamó al obispo, quien parecía estar predicando con las manos levantadas a la altura de los hombros y los dedos índice y medio extendidos, mientras que los otros dos dedos estaban apretados contra el pulgar de su mano izquierda; sostenía un libro y estaba girado de tal manera que miraba mitad hacia el altar y mitad hacia la gente; se podían ver los ojos de las imágenes; eran como figuras, en el sentido de que no hablaban. Me llené de asombro ante lo que veía. Me sentí tan conmovida que derramé lágrimas. Seguí observando durante una hora completa y luego me fui a visitar a la señora Campbell, quien se encontraba en estado terminal; cuando regresamos, la visión había desaparecido". 

Muchos otros relatos de testigos presenciales añaden diversos detalles, pero todos coinciden notablemente entre sí, sin importar si eran adultos o niños. Todos vieron la visión milagrosa y sus vidas cambiaron a raíz de la experiencia.

21 - agosto - 2021

20 de agosto de 2026

Nuestra Señora, Arca de Dios


Traducido del sitio Catholic 365:

Al celebrar la Asunción de Nuestra Santísima Madre, el Arca de la Alianza aparece en las lecturas tanto de la Misa de Vigilia como de la Misa del día. De hecho, en la lectura del Apocalipsis vemos dos Arcas: el Arca que construyó Moisés, alrededor de la cual bailó David, y también el Arca de la Nueva Alianza, la Virgen Madre de Jesús.

Entonces, ¿cuál es la relación entre el hecho de que David llevara el Arca de la Alianza a Jerusalén en la primera lectura (Misa de Vigilia) y la Asunción de María al cielo? En primer lugar, recordemos que el Arca que David llevaba a Jerusalén contenía las tablas que Moisés bajó de la montaña con los mandamientos de Dios inscritos en ellas. Esa era la Palabra de Dios. Y luego vemos a María, quien llevó a Jesús, la Palabra de Dios encarnada, en su vientre. Por lo tanto, Ella es el Arca de la Nueva Alianza. Teniendo esto en cuenta, la conexión comienza a quedar clara. Mi Misal dominical de San José explica la conexión con mayor detalle: "Y su Asunción al cielo se considera prefigurada en el solemne traslado del Arca a Jerusalén, la ciudad de Dios, donde encontró su lugar definitivo entre el pueblo de Dios". Y el lugar de María entre el pueblo de Dios es el de Madre de la Iglesia.

La misa del día continúa con esta conexión, ya que en la lectura del Apocalipsis se mencionan ambas Arcas: tanto el Arca de la Alianza en el templo de Dios como la "Mujer vestida de sol". También vemos que la mujer lleva una corona de doce estrellas. La mayoría de los estudiosos de la Biblia reconocen que la mujer es María, la madre de Jesús (el Mesías). Su corona también la designa como reina. Y, dado que está a punto de dar a luz (a un hijo varón), también es madre.

Reconocemos a Jesús como rey de la Iglesia, entonces, ¿cómo puede María ser la Reina? Para entender esto mejor, debemos remontarnos a los libros históricos de la Biblia, especialmente a 1 Reyes 2:19-20, donde aprendemos sobre el cargo de la reina madre. La Biblia de Estudio Católica de Ignacio explica: "El cargo de reina lo ocupaba la madre del rey, tal como ocurría en muchas otras cortes reales del Cercano Oriente". Esto se debía a que los reyes de la antigüedad solían tener muchas esposas (como fue el caso de David y Salomón), pero solo una madre; por lo tanto, la madre del rey asumía el cargo de reina.

El salmo responsorial de la Misa de vigilia continúa con el tema del arca: "Señor, sube al lugar de tu descanso, tú y el arca de tu santidad". En retrospectiva, esto también podría verse como una referencia a la Santísima Madre, como el arca de la santidad de Dios (Su único Hijo), quien ahora está en el Cielo, el lugar de descanso.

El salmo responsorial de la misa diurna retoma el concepto de la realeza: "La reina está a tu diestra, ataviada de oro". Allí ocupa el lugar que le corresponde, ataviada como es debido. En la Última Cena, Jesús les dijo a sus apóstoles que iba a preparar un lugar para ellos (Juan 14:2). ¿Cuánto más apropiado es suponer que también prepararía un lugar para su madre?

Ambas segundas lecturas provienen del capítulo quince de la carta de San Pablo a los Corintios. En la misa de vigilia nos enteramos de la victoria de Cristo sobre la muerte. "La muerte ha sido devorada por la victoria… por medio de nuestro Señor Jesucristo". La lectura de la misa diurna es un preludio de esto, donde Pablo señala: "El último enemigo en ser destruido es la muerte". En este pasaje, Pablo también habla del reinado de Cristo, así como de su resurrección y de cómo esto prefigura nuestra resurrección por medio de Él.

En la lectura del Evangelio de la misa de vigilia, una mujer clama a Jesús, proclamando: "Bienaventurado el vientre que te llevó". Esto se relaciona con la lectura de la misa del día, donde "Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó en voz alta y dijo: 'Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre'". Tras la exclamación inspirada de Isabel, escuchamos el hermoso canto de alabanza de María, que llamamos el "Magnificat".

La Biblia de Estudio Católica de Ignacio amplía este encuentro de la siguiente manera: "Por un lado, narra un encuentro gozoso entre dos madres embarazadas; por otro, evoca historias memorables del Antiguo Testamento sobre el Arca de la Alianza". Al aludir a estas antiguas tradiciones, Lucas amplía considerablemente la visión del lector atento. Pues nos lleva a ver a María como el Arca de la Nueva Alianza de Dios e insinúa que el sagrado Arca de la Antigua Alianza simplemente prefiguraba un Arca más maravillosa por venir: la Madre del Mesías divino.

Y así vemos en esta celebración el trasfondo de la Sagrada Tradición que la Iglesia mantiene sobre María como Reina del Cielo, Reina de la Iglesia y Nuestra Santísima Madre (puesto que ella es la Madre de Jesús y nosotros somos el Cuerpo de Cristo). Resulta inexplicable que muchos cristianos se nieguen a reconocer la importancia de María y por qué los católicos la veneran (no la adoran) como Reina y Madre. Sin embargo, incluso algunos protestantes destacados (C. S. Lewis, por ejemplo) la veneraban, y tantos santos se le dedicaron. Además, según el National Catholic Register, el papa León XIV también muestra una gran devoción por Nuestra Santísima Madre. El papa San Juan Pablo II atribuyó a la Santísima Madre el haberle salvado la vida cuando recibió un disparo, al desviar la bala para evitar daños mortales. En vista de su elevado estatus, deberíamos sentirnos libres de pedirle que rece por nosotros, así como que interceda por nosotros ante su Santo Hijo, pues ¿qué Hijo amoroso podría negarle los deseos a su madre?


26 de julio de 2026

Los edificios del Centro Internacional María de Nazaret


Del sitio 1000 razones para creer: 

 Entre 1995 y 1999, el movimiento de oración y paz "Vírgenes peregrinas" se extendió de Francia a 120 países de todo el mundo, con el objetivo de terminar la Navidad bimilenaria en el campo de los pastores de Belén para una noche de oración del 24 al 25 de diciembre de 1999. 

Para preparar esta "noche de paz" con todas las iglesias cristianas de Tierra Santa, los responsables de la Hermandad Notre-Dame de France se reunieron con el alcalde de Nazaret, que tenía la idea de crear un "museo" de la Virgen María en su ciudad para el año 2000, en colaboración con la UNESCO. Las delegaciones de ochenta países de todo el mundo, que habían acudido a Belén con motivo de las dos mil Navidades, llevaban toda una serie de regalos marianos para entregárselos "como los Reyes Magos", pero todo se vio perturbado por el proyecto de mezquita integrista que un grupo de musulmanes de las afueras de Nazaret había intentado imponer a cien metros de la Basílica de la Anunciación.

Dadas las circunstancias, el alcalde abandonó la idea y sugirió a sus contactos que se retomara. Pero era necesario replantearse el concepto de "museo", que no era apropiado para la Madre de Dios, y sobre todo encontrar un lugar para albergar el futuro centro mariano porque, tras visitar las pocas posibilidades que el alcalde tenía en mente, nada era adecuado. El proyecto parecía completamente bloqueado, pero eso sin contar con la intervención de San José, tras una oración en la famosa "tumba de los Justos", redescubierta a finales del siglo XIX en el nivel más bajo de un extraordinario yacimiento arqueológico desenterrado en el convento de las Hermanas de Nazaret, también a cien metros de la basílica de la Anunciación.

El 12 de junio por la tarde, después de haber visitado todos los lugares posibles de la ciudad de Nazaret, densamente urbanizada, parecía perdida toda esperanza de encontrar un lugar adecuado para instalar un centro mariano y estuvimos a punto de abandonar el proyecto.

De regreso al hotel Galilée, nos encontramos por casualidad con un grupo de peregrinos franceses que iban a visitar la famosa "Tumba de los Justos", que entonces no conocíamos y, sin saber qué hacer, decidimos unirnos a ellos.

El descubrimiento de este yacimiento excepcional se produjo por casualidad, a finales del siglo XIX, cuando una hermana que realizaba unas obras en un sótano cayó unos metros más abajo en una primera cavidad que podría datarse en la época de las Cruzadas. A continuación se encontró un segundo nivel más abajo, que databa del periodo bizantino. Aún más abajo, se descubrió otro nivel que databa de la época de Cristo y, bajo este nivel, una extraordinaria tumba vacía, digna de un rey o de un santo, excavada en la roca, cuya existencia siempre había sido afirmada por la antigua tradición oral local.

Ante este impresionante lugar, atribuido a San José, me vino espontáneamente a la mente una pequeña oración: "San José, tú que has cobijado a Jesús y a María durante toda tu vida en la tierra, ¿podrías encontrar un lugar adecuado para tu esposa?"

Al día siguiente, 13 de junio de 2000, fiesta de San Antonio de Padua, después de la misa de las 6.30 en la basílica, una hermana se quedó más tiempo rezando. Al comenzar la conversación, nos preguntó por qué estábamos allí, y le contamos nuestro problema. Ella respondió, sorprendida: "¿Buscáis una plaza? Venid a visitar nuestro colegio, St Joseph's, que está justo al lado. Acabamos de decidir mudarnos y desde hace una semana recibimos gente que nos propone proyectos para montar un negocio o un hotel".

Casualmente, la escuela está situada justo al lado de la basílica, en un lugar ideal, y la hermana se llama Sor Antony. Ese día era su fiesta y pertenecía a la congregación de las Hermanas de San José de la Aparición, cuya fundadora, Émilie de Vialar, francesa, estaba emparentada con Jacques de La Bastide, que sería el primer presidente de la Asociación Marie de Nazareth, creada unos meses más tarde.

Fue así como San José encontró providencialmente el emplazamiento del Centro Internacional María de Nazaret, que fue la primera realización de la Asociación Marie de Nazareth.

Olivier Bonnassies

26 de junio de 2026

Santuario de Nuestra Señora Negra

 


Del sitio St. Louis Review:

 Jeanette McDermott no puede dejar de contar historias.

Cuando se topó por primera vez con el Santuario de la Virgen Negra, cerca de Pacific, mientras exploraba la zona con su cámara hace unos cinco años, se quedó impresionada al descubrir las llamativas grutas, escondidas en la ladera. A medida que caminaba por los alrededores y observaba más de cerca, las preguntas se agolpaban en su mente: ¿Quién construyó esto? ¿Con qué? ¿Por qué aquí?

"Soy narradora, y eso es lo que me cautivó de este lugar, el aspecto narrativo", dijo McDermott, feligresa de San Pío V en San Luis. "Sabía que aquí había una historia".

Regresó una y otra vez. Mientras rezaba cerca de la estatua de la Santísima Virgen sobre la Gruta de Getsemaní, escuchó un llamado del Señor para escribir un libro en el que compartiera con otros todo lo que estaba aprendiendo sobre el santuario.

En noviembre, McDermott publicó "Walk the Pilgrim’s Path" (Recorre el camino del peregrino), un libro que explora las características del Santuario de la Virgen Negra, así como la historia de la devoción a Nuestra Señora de Czestochowa, la historia de los Hermanos Misioneros Franciscanos y el esfuerzo en solitario de 23 años del Hermano Bronislaus Luszcz para construir las grutas.

La historia del santuario se remonta a 1927, cuando el cardenal John J. Glennon invitó a seis Hermanos Misioneros Franciscanos de Polonia a la Arquidiócesis de San Luis. Se establecieron en un terreno en las colinas boscosas cerca de lo que hoy es Pacific. 

El hermano Bronislaus lideró los esfuerzos para despejar el terreno sin la ayuda de maquinaria. En 1937, despejó un espacio en el bosque y construyó una capilla de cedro con una pintura de Nuestra Señora de Czestochowa —la Virgen Negra—, muy venerada en su Polonia natal. Pasó los siguientes 23 años construyendo las grutas a mano, utilizando roca tiff de la zona de Old Mines.

La Gruta de San José, a la izquierda, y la Gruta de San Francisco son dos de las grutas del Santuario y Grutas de la Virgen Negra, en la zona rural del condado de Jefferson. El difunto hermano Bronislaus Luszcz, de los Hermanos Misioneros Franciscanos, pasó años construyendo a mano las grutas en el lugar, utilizando roca tiff transportada desde la ladera.

El hermano Bronislaus falleció de un golpe de calor mientras trabajaba en la gruta de Nuestra Señora de Fátima en 1960. A mediados de la década de 1960, se inauguró la Capilla de las Colinas al aire libre, dedicada a Nuestra Señora de Czestochowa, para sustituir a la primera capilla de cedro.

A medida que aprendía más sobre el santuario, McDermott sintió una afinidad con el Hermano Bronislaus y su evidente amor por el mundo natural. Conectarse con Dios a través de Su creación ha sido una parte importante de la vida de McDermott; en un momento dado, fue dueña de 124 acres en Kentucky y ayudó a formar una asociación de propietarios de bosques para enfocarse en la preservación de la tierra.

Cada vez que visita el santuario, encuentra algo nuevo con lo que maravillarse mientras sus ojos recorren las piedras, colocadas a mano para formar las grutas. Le encantan las conchas marinas utilizadas como decoración en la Gruta de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, regaladas al Hermano Bronislaus por misioneros itinerantes, y las cuentas de colores vivos de bisutería ofrecidas por mujeres que no podían dar mucho más. A menudo, los visitantes dejan una flor u otra pequeña ofrenda a los pies de las estatuas como tributo por las oraciones contestadas.

"Asombro y admiración. Simplemente me quedo maravillada, una y otra vez, sin importar cuántas veces venga, y me pregunto sobre la creación de Dios, la representación humana de esa conexión entre la tierra, lo divino y los seres humanos, y dónde encajamos nosotros en todo eso", dijo. "Rezo mucho por eso".

Las grutas del hermano Bronislaus nos muestran cómo la belleza puede surgir de fragmentos rotos, escribió McDermott en el prefacio del libro. "A medida que avancen en la lectura de este libro, espero que perciban ese mismo patrón silencioso en su propia vida: la reunión, la construcción, la entrega, el regreso de la luz".

16 - enero - 2026

27 de marzo de 2026

El Viernes de Nuestra Señora de los Dolores

 

Del sitio Gaudium Press:

Hoy la Iglesia celebra el Viernes de Dolores, donde se medita en los sufrimientos que vivió la Virgen bendita en la Pasión del mejor de los hijos, su Divino Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.

Este Viernes es el previo al Domingo de Ramos, que corresponde al viernes de la quinta semana de Cuaresma, y que en algunos lugares se considera el inicio de la Semana Mayor.

En este día, por ejemplo, se recuerdan los llamados 7 Dolores de María, que cubren no solo los días en que acompañó la pasión de Jesús.

Un primer dolor, como el que tuvo la Virgen cuando el profeta Simeón le anunció, en la presentación del Divino Infante en el Templo, que una espada de dolor atravesaría su Inmaculado Corazón (Cf. Lucas 2, 35).

El dolor de la Virgen en su huida a Egipto, que aunque acompañada por ángeles, debió abandonar su hogar por la persecución de un rey maldito, rumbo a una tierra desconocida donde ella también haría su obra.

El dolor de María cuando de regreso a Nazaret, se dio cuenta que el Divino Niño de 12 años tampoco estaba con San José, para después encontrarlo discutiendo en el Templo con los doctores de la Ley.

Y luego los dolores de los días que pronto celebraremos:

El encuentro de Nuestra Señora con su Hijo ensangrentado camino al Calvario.

El tener que presenciar la Crucifixión y Muerte del Señor, un dolor tan grande que no son poco los teólogos que de ahí deducen la condición co-redentora de Nuestra Señora.

El tener que recibir el cuerpo ya sin alma de Cristo, en el Descendimiento de la Cruz, y los cuidados que Ella misma le dispensó a ese cuerpo bendito, en preparación para la Resurrección.

Y el dolor de María, acompañando el cuerpo del Señor rumbo al sepulcro.

De esta manera, el recordar estos dolores de la Virgen, son una especie de preludio de los días de Pascua que pronto viviremos. Así como la Virgen es el camino más corto y eficaz para llegar a Cristo, el considerar los dolores de María es el mejor medio para bien pensar en los dolores redentores del Salvador.

 11- abril - 2025

31 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio. 

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón". 

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena". 

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret". 

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes". 

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor..." 

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías". 

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo". 

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera." 

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José. 

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes! 

23 de enero de 2026

Los esponsales de Nuestra Señora y San José

 

Del sitio Gaudium Press:

Diversas voces se están haciendo escuchar para volver a instaurar en el calendario litúrgico la fiesta del esponsalicio de la Virgen Santísima con el Patriarca San José, que hasta 1961 se celebraba hoy 23 de enero.

Una de esas voces, no de poca importancia, es la de Luisella Scrosati, quien en La Nuova Bussola Quotidiana ha escrito con este fin la nota titulada Lo Sposalizio di Maria e Giuseppe, una festa da reintrodurre (Los esponsales de María y José, una fiesta a reintroducir). Entre otras razones para esta proposición, plantea que enviaría “un mensaje de extrema actualidad en tiempos de crisis del matrimonio”, pero también “de la vida consagrada”.

Retoma la filósofa italiana la argumentación expuesta en su momento por el otrora canciller de la Universidad de París, Jean Charlier de Gerson (1369-1420), a quien se le llamó Doctor Christianissimus, teólogo apasionado por la figura de San José, y quien “empleó numerosas energías para profundizar teológicamente la figura del padre putativo de Jesús y difundir su devoción. Él sostiene, por ejemplo, la santificación [de San José] en el vientre materno, de alguna manera análoga a aquella del Bautista”.

Pero su gran sueño era que “fuese reconocida y celebrada una fiesta litúrgica en honor de los esponsales del castísimo esposo con la Santísima Virgen”, y en este sentido escribió una epístola dirigida a todas las iglesias, una exhortación pública, un estudio titulado “Consideraciones sobre San José”, y hasta un poema de alrededor de 3.000 hexámetros latinos “y más de trescientas notas en dos volúmenes, que repasan los misterios de la vida de Cristo en relación con San José e introducen en la devoción católica la idea de una ‘trinidad’ terrenal, la de la Sagrada Familia”.

Es claro que Gerson recoge la doctrina Paulina (Efesios 5, 25-32) sobre el matrimonio como signo del matrimonio místico de Cristo con su Iglesia: “Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”, dice el Apóstol. “Pero es de particular relevancia que la expresión del Apóstol, [Gerson] se atribuya al matrimonio de María y José, casi como para resaltar en este último una ejemplaridad arquetípica de todo matrimonio”, comenta Luisella Scrosati.

En las consideraciones del antiguo Canciller de la Universidad de París, el matrimonio de María y José “se eleva sobre todos los demás en cuanto a su capacidad de significar la unión entre Dios y la Iglesia, no sólo por la santidad moral de sus miembros, sino también por su característica de matrimonio contraído entre un hombre y una mujer a quien Gerson afirmaba que se le había concedido el privilegio singular de la santificación en el seno materno, es decir, de nacer sin pecado original”. Recordemos que aún no se había definido el dogma de la Inmaculada Concepción, pero ya Gerson sostiene la altísima conveniencia de que San José haya nacido sin pecado original, pues él fue “predestinado a ser no solo el Precursor del Hijo de Dios, como San Juan Bautista, del cual conocemos con certeza su santificación en el seno materno, pero también el Padre Putativo, por ser esposo castísimo de la siempre Virgen María”, expresa Scrosati.

Entretanto, la filósofa italiana quiere ir “un paso más adelante” que el propio Gerson, y recuerda que Juan Pablo II en Redemptoris Custos (n. 7) dice que “he aquí que en el umbral del Nuevo Testamento, como ya al comienzo del Antiguo, hay una pareja. Pero, mientras la de Adán y Eva había sido fuente del mal que ha inundado al mundo, la de José y María constituye el vértice, por medio del cual la santidad se esparce por toda la tierra. El Salvador ha iniciado la obra de la salvación con esta unión virginal y santa, en la que se manifiesta su omnipotente voluntad de purificar y santificar la familia, santuario de amor y cuna de la vida”. Es decir, si Cristo era el nuevo Adán, y la Virgen la nueva Eva, también al inicio del Nuevo Testamento hubo una nueva pareja, con carácter típicamente esponsal, la de María y José. Luisella Scrosati, desarrollará estas ideas:

“El texto es notable, dice la filósofa italiana, porque retoma la gran idea teológica de la ‘recapitulación’ de san Ireneo de Lyon, pero esta vez intercalando el matrimonio de María y José. Recordemos que la recapitulación considera la redención de los hombres como una renovación del orden antiguo, desfigurado por el pecado. Y por tanto el primer Adán es recapitulado/renovado en el nuevo, Jesucristo, como la primera Eva lo es en la segunda, María Santísima, constituyendo así una nueva pareja (Jesús-María) que renueva y reemplaza a la antigua (Adán-Eva). La inclusión del matrimonio esponsal María-José llena, podríamos decir, un vacío en el paralelo [ndr. el paralelo de la recapitulación], porque la relación entre Jesús y María fue místicamente esponsal, pero en sus relaciones humanas fue la de madre e hijo. Era, pues, oportuno que una pareja verdaderamente nupcial a nivel humano inaugurara los nuevos tiempos, recapitulando y superando a la pareja antigua, que marcó el comienzo de los tiempos antiguos. El matrimonio de María y José inaugura una ‘nueva creación’: Dios conduce una vez más al hombre la nueva Eva (cf. Genesis 2, 22), pero esta vez en una relación no sólo libre de toda concupiscencia, sino elevada a la virginidad perpetua que sella y garantiza la intervención directa de Dios tanto en la concepción como en la persona que nacerá”.

Es claro que “el matrimonio de María y José significa así la unión de Cristo y la Iglesia más que cualquier otro matrimonio de la Nueva Alianza”, pero no solo “se convierte en el arquetipo tanto del matrimonio cuanto de la virginidad y el celibato consagrados. La falta de consumación no quita en absoluto la completa donación mutua de los esposos, que llegan a ser verdaderamente dueños del cuerpo del cónyuge, sino la salvaguarda de su integridad en el servicio de Dios; su unión mantiene así la nota de la custodia de la virginidad, característica de la relación entre Cristo y la Iglesia, sin sacrificar la verdadera fecundidad, que Dios concede de manera misteriosa, superior a la concebida en la creación. Por tanto, es en este matrimonio donde Dios puso los orígenes de la vida cristiana, expresada tanto en la forma de vida matrimonial como en la de virginidad para el Reino de los Cielos. En verdad, ‘¡grande es este misterio!’”. Por tanto, la relación de María y José, al mismo tiempo que casta, es fecunda, como debe ser la del célibe consagrado con la comunidad a la que sirve.

En estos tiempos, de “crisis radical tanto del matrimonio como de la vida consagrada, podría ser una gran gracia reintroducir esta fiesta en el calendario litúrgico”, gracia para la Iglesia Universal, concluye Scrosati.

 

31 de diciembre de 2025

Nuestra Señora Reina de las Familias


 Traducido del sitio Where We Walked:

El domingo 31 de diciembre de 1995, a petición del papa Juan Pablo II, el Vaticano anunció una nueva adición a la Letanía de Loreto: "Reina de las familias, ruega por nosotros". La Sagrada Congregación para el Culto Divino eligió esta fecha para hacer el anuncio porque era la fiesta de la Sagrada Familia, que cae el domingo entre Navidad y Año Nuevo. Las oraciones a María, Reina de las Familias, la invocan como madre de la Sagrada Familia en Nazaret, donde Ella y José criaron al niño Jesús, y como Madre de la Iglesia, que ayuda a criar a todos los hijos de Dios.

El Papa Juan Pablo II, 4 de octubre de 1997, Río de Janeiro: "María, Reina de la Familia, Sede de la Sabiduría, Sierva del Señor, ruega por nosotros. Ruega por nosotros, ruega por los jóvenes, ruega por las familias".

El Papa Benedicto XVI, 16 de mayo de 2008, Roma: "Que María, Reina de la Familia, como brillante Estrella de esperanza, guíe el camino de todas las familias de la humanidad".

Papa Francisco, 29 de diciembre de 2019, Roma: "Confiemos a María, 'Reina de la Familia', todas las familias del mundo, especialmente las que sufren o están en dificultades, e invoquemos sobre ellas su protección maternal".

27 de diciembre de 2025

En la Sagrada Familia tenemos un espejo donde mirarnos

 


Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, bendice a nuestra familia. Inspira bondadosamente en nosotros la unidad, la paz y el amor mutuo que Tú encontraste en tu propia familia en Nazaret.

María, Madre de Jesús y Madre nuestra, inspira en nuestra familia tu fe y tu amor. Consérvanos cerca de tu Hijo, Jesús, en todas nuestras alegrías y en nuestras penas. Que nos acompañe siempre tu ternura y tu protección, y que aprendamos de ti a tener esperanza y disponibilidad.

José, Padre adoptivo de Jesús, guardián y esposo de María, auxílianos en todos los momentos de peligro, desánimo y ansiedad. Que podamos aceptar como tú, nuestra vida sencilla, humilde y trabajadora, poniendo siempre en el centro a Dios.

Sagrada Familia de Nazaret, ayúdanos a ser instrumentos de paz y amor, fortalecidos por la gracia de Dios. Ayúdanos a ser más fuertes que las debilidades y las pruebas que nuestra familia a veces atraviesa. Que siempre tengamos a Dios en el centro de nuestros corazones y hogares hasta que lleguemos a nuestro hogar en el Cielo.

Amén

26 de diciembre de 2025

La Sagrada Familia también sufrió dificultades

 

Del sitio Píldoras de Fe:

¿Cómo fue la historia de la Sagrada Familia? La Sagrada familia también vivió sobresaltos, dificultades y problemas. Como toda familia se enfrentaron a retos y desafíos de una nueva vida. Pero no miraron atrás, confiaron en los planes de Dios y en su protección por cada nuevo camino que les tocaba vivir. Aunque esta familia era guiada por la mano de Dios, también experimentó las luchas diarias de la vida.

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Tenían que llevar a sus hijos desde los 13 años con la mayoría de edad, pero las familias piadosas los llevaban un año antes.

Era la primera visita de Jesús al gran Templo de Jerusalén, lleno de mármol y de oro. Mil sacerdotes hacían de albañiles terminando de construir el Templo.

Allí se sacrificaban en Pascua miles de animales. Allí estaba el Sancta Sanctorum, reservado a la presencia de Dios, adonde el Sumo Sacerdote solo podía entrar una vez al año a quemar incienso y a pedir perdón por los pecados de todo el pueblo. Para los israelitas era el lugar más sagrado de la tierra. Y allí Jesús, a sus 12 años de adolescente, tuvo una crisis de identidad.

Jesús buscaba una dirección para su vida, sus raíces más profundas. Y allí empieza a descubrir su origen, su propia identidad y su vocación. Como Hijo del Padre, comienza a preguntarse: "¿Dios Padre necesitaba tanto animal sacrificado, tanto mármol y tanto oro para hacerse presente?"

Jesús necesitaba tiempo para pensar y orar, y gente con quien conversar sobre todo esto. Y allí había muchos letrados. Y decidió quedarse en el Templo, aun sin permiso de sus padres. Y José y María, yendo una vez más al Templo después de tres días de búsqueda, se quedaron atónitos, viendo a Jesús tranquilo en medio de los doctores, preguntando y respondiendo como una persona mayor.

¿Qué le dijo María a Jesús?

- "Hijo, ¿por qué te has portado así?". 

Y Jesús respondió:

- "¿No saben que tengo que ocuparme de los asuntos de mi Padre?"

María y José no salían de su asombro. ¿Cómo es eso de que Dios es su Padre? ¿Se refiere a su nacimiento especial? ¿Cuáles son esos "asuntos de mi Padre"? No comprendieron entonces lo que acababa de decirles. Y regresaron a Nazaret con Jesús... Y María, como discípula dócil a la Palabra divina, guardaba todo fielmente en su corazón.

Y Jesús permaneció con ellos hasta los 30 años. Esto indica la importancia y prioridad que Jesús le da a la vida familiar: Jesús empleó tres años en su vida pública y profesional, pero estuvo 30 años en vida familiar. Claro que esos años fueron también de una seria preparación de lo que vendría después en su vida pública.

Aquí aparece el primer desconcierto de unos padres ante la autonomía de su hijo. Entonces: ¿qué son los hijos? Hay un pensador, Jalil Gibran, que nos responde así: "Tus hijos no son tus hijos... Vienen a través de ti, pero no de ti y, aunque están contigo, no te pertenecen. Puedes darles tu amor, pero no tus pensamientos, pues ellos tienen los suyos propios. Puedes abrigar sus cuerpos, pero no sus almas: sus almas habitan en la casa del mañana, que tú no puedes visitar ni siquiera en sueños. Puedes esforzarte en ser como ellos, pero no intentes que sean como tú". (Jalil Gibran)

Hay muchas historias como la siguiente: "Un año, cuando la niña tenía 11 años, la sirvienta de toda la vida dejó la casa y el trabajo. Los padres de la niña estaban a punto de emprender un viaje al extranjero y, a toda prisa, tuvieron que buscar otra sirvienta para que la cuidara. Unos días antes del viaje, la niña observaba cómo su madre guardaba todas sus joyas y la vajilla de plata en la caja fuerte. Nunca lo había hecho antes. La niña le preguntó a su madre por qué lo guardaba todo bajo llave. La madre le dijo que no se fiaba de la nueva sirvienta. Esta observación hirió tanto a la niña que nunca lo olvidó: "¿Acaso no era ella la joya más valiosa de la familia? ¿Acaso no valía ella más que todos los cuchillos y tenedores de plata? ¿Por qué la dejaba a ella con una sirvienta de la que no se fiaba?" (Félix Jiménez, escolapio)

La Sagrada Familia, que consideramos como la familia perfecta e ideal, también vivió sus sobresaltos y problemas: dudas sobre la paternidad, pobreza, nacimiento en un establo, persecución de Herodes, desplazamiento a Egipto, vuelta a Nazaret, búsqueda continua de un nuevo trabajo, desentendimiento entre los padres y Jesús...

Pero Dios se sirvió de María y de José, de esa pareja hermosa y escogida, de esa pareja en tantos aspectos parecida a muchas otras, para ir criando a su hijo Jesús.

Todo comenzó con el SÍ de los esposos, el día de la boda, aquel día mágico. Y ese SÍ se renovó a lo largo de muchos días, no tan mágicos. Cuando nacieron los hijos, se reforzó el SÍ de una forma abierta y gozosa. En el bautismo ponen a sus hijos en las manos de un nuevo Padre y repiten SÍ a una nueva vida, que acompañan en el santuario del hogar con la educación cristiana. Y ese SÍ diario a Dios se prolongó en la educación cristiana de los hijos.

La Sagrada familia nos enseña que, a pesar de las dificultades y problemas que podamos estar viviendo, podemos dejarnos llevar por la mano de Dios, aunque no miremos bien el camino. Aunque se presenten obstáculos, no debemos mirar atrás. Hay un ser maravilloso que nos aguarda con paciencia, un Dios amoroso que lo da todo para que sus hijos siempre encuentre los caminos que los conduzcan a Él. Así, la Sagrada familia, aunque vivió también sus problemas, nos enseñan el gran valor de la confianza y de la fe verdadera. Sagrada Familia de Nazaret, rueguen por las familias del mundo. Amén.