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19 de julio de 2026

¿Por qué se presentó la Virgen María como Nuestra Señora del Carmen en una de las apariciones de Fátima?

 


Del sitio Gaudium Press:

En su última aparición en Fátima, durante el llamado milagro del Sol, la Santísima Virgen mostró a la multitud allí reunida una secuencia de imágenes que representaban los Misterios del Rosario. En cada nueva escena que se desarrollaba en el cielo, Ella se mostraba bajo alguno de los títulos con los que los fieles suelen invocarla. Y así fue como, en la visión de los Misterios Gloriosos, se presentó como Nuestra Señora del Carmen, cuya fiesta celebra la Iglesia el 16 de julio.

Como todo lo que realiza la Santísima Virgen tiene su razón de ser, sin duda habrá un nexo entre esta manifestación de Nuestra Señora del Carmen, los Misterios Gloriosos y el mensaje de Fátima que Ella, en aquella ocasión, revelaba. Me parece, por tanto, de gran interés que procuremos profundizar en esta relación, considerando también la especial belleza que encierra.

El término "Carmo" corresponde al Monte Carmelo, en Oriente. Allí, según una tradición muy respetable —y hay todos los motivos para admitirla como verdadera—, el profeta Elías reunió a un grupo de discípulos y con ellos constituyó la Orden del Carmelo, en alabanza a la Virgen Madre que debía venir, y en su espera.

Así, la primera corriente de devoción a Nuestra Señora, siglos antes de que Ella naciera, fue formada por los hijos del profeta Elías que la esperaban. Y San Elías representa el extremo de esa devoción, porque, como es doctrina común en la Iglesia, él deberá luchar al final del mundo contra el Anticristo, el último enemigo de Nuestro Señor y de su Santísima Madre. Elías constituye, por lo tanto, una especie de puente entre el inicio y el fin de la devoción a Nuestra Señora en la historia de la humanidad.

Cabe suponer que, en sus primeros tiempos, esta devoción se desarrolló y perseveró en medio de todo tipo de dificultades y objeciones. Pues surgió en una época en la que el pueblo elegido se cerraba cada vez más a su propia misión, a su propio espíritu, y, por eso, habría de sentir repulsión por esa corriente carmelita que anunciaba a la Virgen Madre, así como más tarde los herejes de todos los tiempos odiaron la devoción a Nuestra Señora.

Probablemente, los ermitaños del Monte Carmelo, representantes de los primeros frutos del amor a la Santa Madre de Dios, fueron perseguidos, mal vistos, calumniados y silenciados. A pesar de ello, y en la humildad de su situación, preveían el advenimiento de Nuestra Señora.

Y tenían razón, pues Ella vino. Y no solo vino, sino que recibió la mayor glorificación que se le podía rendir a una mera criatura: se convirtió en la Esposa del Divino Espíritu Santo, encarnándose en Ella el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.

Al término de su sublime existencia terrenal, María tuvo una muerte extremadamente suave: una separación efectiva y completa del alma y el cuerpo, pero de una manera tan delicada que la Iglesia, en su lenguaje incomparable, da al fallecimiento de Nuestra Señora el nombre de "dormición". Poco después, por designio y obra de Nuestro Señor Jesucristo, la Santísima Virgen resucitó y fue llevada a los Cielos en cuerpo y alma. Así recibió Nuestra Señora otra glorificación: una resurrección a la manera de la de Jesús, y una Asunción también comparable a la Ascensión de Él. Por cierto, en el lenguaje de antaño, Nuestra Señora de la Asunción es igualmente llamada Nuestra Señora de la Gloria, para significar el incomparable resplandor con el que se revistió su entrada en el Paraíso Celestial.

Este desenlace de la vida terrenal de Nuestra Señora puede considerarse como el final de la historia del Carmelo del Antiguo Testamento (aunque, estrictamente hablando, ya se encontrara en el Nuevo Testamento). Aquellos carmelitas tuvieron la alegría y el insigne honor de venerar a la Santísima Virgen en carne y hueso, y no a través de imágenes. Nada impide suponer que Nuestra Señora subió al Monte Carmelo y allí se colocó al frente de sus hijos y devotos, en momentos de inefable convivencia. Las hipótesis piadosas, enteramente razonables, que a este respecto se pueden formular, son innumerables.

Con la Asunción de Nuestra Señora y su glorificación en el Cielo, esa etapa de la existencia de la Orden Carmelita concluyó de manera magnífica, esplendorosa. Queda establecida una relación entre el Carmelo y la gloria: la devoción perseguida, fiel, profética, lucha hasta el momento en que es confirmada por Dios, y pasa a resplandecer en lo más alto del Cielo, en la persona de la Virgen Madre. 

Después, la historia del Carmelo vuelve a comenzar. La orden, existente solo en Oriente Próximo, se desarrolló en cierta medida, pero da la impresión de que los cristianos de esa región, en los primeros siglos, no le dieron gran importancia, privándose de los beneficios que les podría haber aportado. Esta actitud hacia el Carmelo fue una de las muchas infidelidades de la cristiandad oriental, que terminó castigada por las invasiones sarracenas, las cuales, entre otras calamidades, provocaron la huida de los carmelitas hacia Occidente.

Europa, toda católica y llena de fe, emprendía las Cruzadas para la liberación de los Lugares Santos. Por ese continente comenzaron a vagar los frailes del Carmelo, como miembros de una orden casi desconocida, poco admirada y al borde de la desaparición. La familia religiosa de Elías parecía un tronco seco y viejo, destinado a desintegrarse en polvo.

Era el momento que Nuestra Señora había esperado para hacer florecer, en lo alto de la rama seca, una flor: San Simón Stock. Este inglés de reconocida virtud había sido elegido para el cargo de General de la orden. Sin embargo, no ejercía una autoridad efectiva sobre sus súbditos, pues el Carmelo aún no poseía una estructura jurídica cohesionada y uniforme, capaz de conservar un espíritu, promoverlo y transmitirlo a la posteridad. [Situación que se prolongaba después de que el papa Inocencio IV aprobara la regla de los Hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo, en 1245.]

La virtud compensaba, sin embargo, la falta de autoridad. Rezando a Nuestra Señora con gran fervor, San Simón le imploró que no permitiera la desaparición de la Orden del Carmelo. En medio de esa situación angustiosa, la Santísima Virgen se le apareció a su buen siervo [en 1251] y le entregó el escapulario, para que lo usara sobre la ropa.

En aquella época, los siervos usaban una túnica como atuendo civil. Sobre ella se ponían una túnica menor, que indicaba, por el color y por características peculiares, la identidad de su señor. El escapulario del Carmelo era similar a esa pequeña túnica. Nuestra Señora, por lo tanto, entregaba a San Simón Stock una librea propia de sus siervos, para que la usaran todos los carmelitas, y prometía: "Aquellos que mueran revestidos de él, no sufrirán el fuego del infierno". Quien use piadosamente el escapulario del Carmelo, recibirá la gracia de la perseverancia final.

A partir de esta misericordiosa intervención de la Madre de Dios, la Orden Carmelita resurgió y conoció otros períodos de gloria, acentuando en toda la Iglesia Católica la devoción a la Santísima Virgen. En la sucesión de esplendores iniciada entonces, nacieron tres soles, por no citar más que a ellos, que brillarán por siempre en el firmamento de la Iglesia: Santa Teresa la Grande, San Juan de la Cruz y Santa Teresita del Niño Jesús.

Recordemos, pues, la grandiosidad de la historia del Carmelo: una alternancia de glorias y desgracias que condujeron a un debilitamiento que hacía presagiar su desaparición. Pero se produce una intervención de Nuestra Señora, que salva y da incomparablemente más de lo que se tenía antes. La prosperidad en Occidente será mucho mayor que la verificada en Asia.

Junto con su bondad insondable, Nuestra Señora, al intervenir, mostraba también la confianza que se debe tener en Ella, así como su papel central en las obras que ama de manera especial. Aunque estas lleguen al punto en que todo parezca perdido, deben esperar el momento que Ella se reserva para actuar. Como decía cierto pensador católico, las grandes intervenciones de la Providencia van precedidas de situaciones dramáticas, a fin de dejar clara la inutilidad de cualquier socorro humano. Una vez comprobado el fracaso de los hombres, y en la misma hora de la desolación y del caos, Dios interviene, y Nuestra Señora se hace presente.

Lección de confianza aún más necesaria en vista de lo que ocurrió después: mientras la orden fundada por San Elías conocía nuevos esplendores y nuevas glorias, la cristiandad que la había acogido se veía presa de un inexorable proceso de ruina, que se aceleraba a lo largo de los siglos. Hasta que, en 1917, en una colina de Fátima, Nuestra Señora censuró la decadencia, recriminó al mundo por el torrente de pecados en el que estaba inmerso y anunció los castigos que caerían sobre la humanidad, en caso de que esta no se arrepintiera y enmendara sus faltas. Luego, expresándose con las famosas palabras que guardamos en nuestras almas, hizo la promesa de su reinado: "¡Al fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!"

Y aquí volvemos a la consideración de ese vínculo al que nos referíamos al inicio de este artículo: en el punto culminante de las apariciones en las que Nuestra Señora proclama la realización de su realeza, bajo la forma del triunfo de su Corazón Inmaculado, Ella aparece revestida del atuendo de su devoción más antigua: la del Carmelo. Y, de este modo, realiza una síntesis entre lo históricamente más remoto, lo más reciente —el culto al Inmaculado Corazón de María— y el futuro glorioso, que es la victoria y el reinado de ese mismo Corazón.

Revista Arautos del Evangelio
julio de 2018
n.º 199 

25 de enero de 2024

Nuestra Señora del Monte Senario

Del sitio Un Paso al Día:

Los Siervos de María es una congregación creado por 7 santos a los que se apareció la Santísima Virgen.

Se les apareció 3 veces a los fundadores y a otros personajes de la Iglesia.

Primero, para que los 7 fundadores abandonaran la vida civil y formaran una comunidad monástica.

Segundo, para entregarles su hábito y su carisma.

Tercero, para dar credibilidad al Papa de los frutos de la congregación.

Según la tradición hubo siete hombres, muy respetables y honorables, a los que nuestra Señora unió, a manera de siete estrellas, para iniciar la Orden suya y de sus siervos. Los siete nacieron en Florencia; primero llevaron una vida eremítica en el monte Senario, dedicados en especial a la veneración de la Virgen María. Después predicaron por toda la región toscana y fundaron la Orden de los Siervos de Santa María Virgen, aprobada por la Santa Sede en 1304.

Eran hijos de diferentes familias ricas, y se retiraron del mundo por una vida de oración y devoción a las alabanzas de María.

Los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María: Bonfilio, Bartolomé, Juan, Benito, Gerardino, Ricovero y Alejo. Siendo mercaderes en Florencia, se retiraron de común acuerdo al monte Senario para servir a la Santísima Virgen María, fundando una Orden bajo la Regla de san Agustín. Son conmemorados en este día, en el que falleció, ya centenario, el último de ellos, Alejo († 1310).

Un siglo antes, existía en la ciudad de Florencia una hermandad, conocida como Sociedad de Santa María, integrada principalmente por los miembros de las más destacadas familias de mercaderes y patricios, a cuyos miembros se les conocía vulgarmente como laudesi o alabadores de la Santísima Virgen. A esta corporación parece haber pertenecido el grupo de siete jóvenes florentinos que hacia el año 1230 dieron inicio a la Orden de los Siervos de la Bienaventurada Virgen María.

Los Siervos de María (OSM) tienen 150 comunidades en los 5 continentes.

Quienes se consagran al Servicio de Dios y de Santa María. Sus carismas es promover los dolores que sufrió la Santísima Virgen durante la pasión y muerte de Jesús.

Tienen sus ramas femeninas y masculinas.

Las apariciones y uno de los frutos mas conocidos, la Coronilla Servita de los 7 Dolores de María…

En el siglo XIII Florencia era una ciudad culta y próspera. La ciudad estaba en medio de conflictos políticos y de la prédica de la herejía de los cátaros.

Ellos decían que lo material era malo. La moral de la sociedad estaba deteriorada y existía una fuerte apatía respecto a la religión. Sin embargo existía desde antiguo una sociedad de veneración a la Virgen María formada por miembros de la alta sociedad.

Era tal su importancia que se la conocía como Sociedad Mayor de Nuestra Señora o los laudesi. Entre los años 1225 y 1227 se unieron a esta cofradía los 7 jóvenes que luego serían los fundadores de los servitas. Dos estaban casados, dos eran viudos y los restantes habían comprometido guardar castidad perpetua. Tenían distintos puntos de vista sobre la política y vivían en distintos barrios de la ciudad, algunos se dedicaban a negocios, otros trabajaban en oficinas estatales, su único vínculo era la devoción por la Santísima Virgen.En ese momento el mayor de ellos tenía 34 años y el más joven 27.

En la fiesta de la Asunción el 15 de agosto de 1233, estos 7 jóvenes junto con otros laudesi estaban haciendo una Acción de Gracias después de la misa. Y cada uno de ellos cayó en éxtasis y se vio rodeado de una luz sobrenatural.

De ella emergió Nuestra Señora acompañada por ángeles y les dijo: “Abandonen el mundo, retírense juntos a la soledad, para que puedan luchar contra ustedes mismos y vivir completamente para Dios. De este modo, experimentarán consuelos celestiales. Mi protección y asistencia nunca le fallarán".

Entonces Monaldi, que era el mayor, se sinceró y contó a los demás lo que le había sucedido. Agregando que estaba dispuesto a obedecer el llamado.

El resto también declaró que había tenido esa visión y ese mensaje, y que también estaban en disposición de seguir lo que proponía la Virgen. Pero para mayor seguridad hablaron con el director espiritual y capellán de los laudesi, Santiago de Poggibonsi.

Luego de discernir el padre Poggibonsi les dijo que no era una mera fantasía piadosa, sino que había habido un llamado de la Santísima Virgen, manifestándoles la voluntad de Dios y que debían de obedecerlo sin más.

Pero había dificultades, porque cuatro tenían vínculos familiares que no eran fáciles de romper, como por ejemplo el matrimonio. Sin embargo, todos hicieron los arreglos sociales y económicos desde ese momento hasta el 8 de septiembre. Los 7 dejaron el dinero necesario para sus familias y distribuyeron el sobrante entre los pobres. Y al mes estaban viviendo en las afueras de Florencia en una casa llamada La Carmarzia.

Se cree que las dos esposas de los que estaban casados se convirtieron luego en terciarias de la Orden Servita. Habían pasado 23 días desde la aparición de Nuestra Señora.

Este suceso corrió por toda Florencia y recibían muchas visitas, incluso de personas que querían unirse a ellos. Pero ellos se negaban a aceptar nuevos integrantes. Las constantes visitas los perturban, por lo cual decidieron retirarse a una zona más alejada, en las laderas desiertas del Monte Senario. Allí construyeron una Iglesia y una Ermita sencillas y vivían en gran austeridad. Así vivieron durante 7 años.

En la zona sur de la montaña donde el suelo era más rico estos ermitaños habían planteado una vid. Y el tercer domingo de cuaresma, el 27 de febrero de 1239, de repente vieron a la vid llena de hojas verdes y con racimos de uvas maduras. Esa floración era propia de la primavera pero estaban en invierno.

No se explicaban el milagro y mandaron a uno de ellos a contarle al obispo para que les diera una interpretación, porque se trataba de un hombre de vida santa. El obispo recibió del cielo la interpretación en un sueño.

Los 7 ermitaños eran las 7 ramas de la vid mística, y las otras ramas y frutos eran aquellos que debían unirse a la orden. El mensaje era que debían abrirse a nuevos reclutas y no sólo vivir una vida de oración y trabajo entre ellos mismos.

Luego fueron visitados por el obispo al Ardingo y el cardenal Castiglione, quienes le dijeron, “Se tratan a sí mismos de una manera que roza la barbarie y parecen más deseosos de morir que de vivir por la eternidad. Presten atención, el enemigo de las almas a menudo se esconde bajo la apariencia de un ángel de luz… Escuchen los consejos de sus superiores”.

Este mensaje fue alentado por una segunda aparición de la Virgen, el Viernes Santo de 1240, un 13 de abril.

Se les apareció con un hábito negro y acompañada por un ángel que lleva un rollo con la regla de San Agustín. Y les dijo que debían comenzar una nueva congregación dedicada a difundir el reino de Cristo mediante la devoción a Su pasión y a Sus Dolores. “Vengo, siervos bien amados y elegidos, para cumplir sus deseos y concederles sus oraciones. Aquí están los hábitos que deseo que en el futuro vistan. Su tono negro siempre debe recordar a los dolores crueles que sentí por motivo de la crucifixión y muerte de Mi único Hijo”.

A la misma hora Nuestra Señora se le apareció al obispo con el mismo mensaje. Y entonces el obispo partió para el Monte Senario llevándoles los hábitos qué debían usar. En el momento que el obispo los revistió les dio sus nuevos nombres religiosos y les permitió formalmente admitir nuevos miembros.

Con el tiempo 6 de ellos tomaron las sagradas órdenes y fueron ordenados sacerdotes, excepto San Alexis que pidió ser excusado por humildad. Pero las apariciones de la Santísima Virgen no quedaron ahí, sino que siguió reafirmando a la orden.

El Papa Gregorio IX había muerto en agosto de 1241 y no había confirmado formalmente la orden. Lo iba a hacer su sucesor el Papa Celestino IV, que les tenía gran estima y afecto, pero murió a los 15 días de su elección. 

Luego de casi 2 años de vacancia fue elegido Inocencio IV, en junio de 1243.Éste envió a Pedro de Verona, conocido como San Pedro Mártir un dominico, como inquisidor en el norte de Italia para perseguir a los cátaros. Y también para que investigara a los religiosos que estaban en el Monte Senario.

Pedro de Verona fue y oró con los servitas. Y tuvo una visión en la que se le apareció Nuestra Señora con un manto negro y bajo de él estaban dos de los servitas con los que él había hablado más en su estancia, Monaldi y Falconieri. Y vio también ángeles con muchos ramos de lirios, entre los que había 7 de una blancura superior, que Nuestra Señora colocó en su pecho.

San Pedro se convenció que la orden era obra de Dios e informó favorablemente al Papa. De modo que desde el inicio Nuestra Señora fue apareciéndose para formar la congregación y darle credibilidad en la Iglesia. Y además les comunicó cual iba a ser su carisma: los dolores sufridos por Ella en la pasión y muerte de Jesús.

San Pedro de Verona se convirtió en guía espiritual de los servitas. Adoptaron el nombre de Siervos de María y la regla de San Agustín. Adoptaron también una forma más parecida a la de los frailes mendicantes. Combinaban la vida monástica y el ministerio activo. Con una vida de oración y trabajo, y un apostolado activo en la enseñanza y la predicación. La orden creció rápidamente y tuvo que hacer capítulos en distintas ciudades de Italia y luego en el exterior.

La aprobación formal de la orden fue realizada por el Papa Benedicto XI. Su fiesta se celebra el 17 de febrero, porque ese día del año 1310 falleció su primer integrante San Alejo Falconieri.

A los servitas se debe diversas devociones marianas, la más popular es la Coronilla de los 7 dolores de María.

18 de octubre de 2021

Nuestra Señora de Myans o Mayans

 Del sitio Puntadas Marianas:

El texto más antiguo en el que se hace mención de Myans es el cartulario de San Hugo, obispo de Grenoble, en el siglo XII.

La historia de Etienne de Bourbon se convirtió con el tiempo en una leyenda, que en este caso es la historia.

El secretario del conde de Saboya, Bonivard Jacques , tenía un montón de tierra bajo el Monte Apremont ( no se llamaba Mont Granier en el momento ).Pero carecía de los terrenos propiedad de los monjes del convento de San Andrés. Éstos habrían permitido unificar y estandarizar toda su tierra.

Pero los monjes no querían dar su campo. Bonivard fue a ver al Papa Inocencio IV para desplazar a los monjes recalcitrantes. Al estar en guerra con el emperador Federico II, el Papa aceptó la solicitud Bonivard. Así pensaba adquirir los favores de Amadeo de Saboya a su causa.

De regreso en Saboya, se obligó a los monjes a abandonar el campo. Se refugiaron en la capilla de Myans.

Bonivard, su familia y la nobleza de San Andrés hizo la fiesta para celebrar esta victoria. Pero durante la noche, la montaña se quebró. El priorato y sus nuevos propietarios fueron aplastados por el derrumbe.

Los monjes rezaban asustados a María, esperando la muerte.

Pero el colapso se detuvo al pie de la capilla, porque los demonios no podían empujar los escombros, la Virgen María protegía la capilla.

La gente de los alrededores vio allí una intervención milagrosa de la Virgen y comenzaron a rezar ante la imagen de María que se encontraba allí.