Del sitio Misioneros Digitales Católicos:
Amén
Dedicado a María Santísima y a sus distintas advocaciones en el mundo, para que todos conozcan la historia de cada una de las Fiestas de Nuestra Reina del Cielo
Amén
Este icono, "NACIMIENTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA", apareció milagrosamente a principios del siglo XVI ante unos apicultores que estaban instalando colmenas en el bosque.
En 1648, en el lugar de la aparición del icono, se fundó el monasterio de Glinsk, que recibió su nombre de los benefactores del monasterio, la familia de boyardos Glinski, propietarios de los terrenos circundantes.
El icono de la Madre de Dios se hizo famoso por sus múltiples curaciones. Lamentablemente, en la actualidad, el milagroso icono de la Madre de Dios se ha perdido.
En el antiguo icono de la Madre de Dios hay tres imágenes separadas entre sí por contornos especiales: el justo Joaquín, la justa Ana y la sirvienta que sostiene en sus brazos a la Virgen María. En las listas modernas, estas imágenes no están separadas, pero una característica distintiva de todos los tipos de iconos de Glinsk es la imagen de Dios Sabaoth en la parte superior.
La ermita de la Santa Natividad de la Virgen María de Glinsk, tras décadas de olvido y ruina, fue devuelta a la Iglesia en 1994. Se encuentra en Ucrania (diócesis de Konotop): pueblo de Sosnovka, distrito de Glukhov (cerca de la frontera de Ucrania con Rusia).
Para entender la escasez de informaciones sobre la vida de Nuestra Señora en los primeros siglos conviene tener en cuenta las particularidades de aquella época.
El mundo pagano, por efecto de la decadencia en que se encontraba, era politeísta, o sea, los hombres adoraban simultáneamente a varios dioses. Los paganos no consideraban ilógico que existieran varias divinidades o que estas fueran imperfectas.
Incluso consideraban normal que los dioses dieran ejemplo de devastación moral, siendo, por ejemplo, adúlteros, ladrones o borrachos.
Obviamente no todos los dioses eran representados por esos vicios. Pero el hecho de que hubiera varios en esas condiciones dificultaba que los paganos entendieran la noción católica del verdadero y único Dios, de perfección infinita.
Por eso la Iglesia primitiva tuvo mucho cuidado al representar a Nuestra Señora como Madre de Dios, porque aquellos pueblos, con fuerte influencia del paganismo, rápidamente tenderían a transformarla en una diosa.
Aunque nunca se ocultó la importancia fundamental de la Virgen Santísima en la historia de la salvación, fue sólo tras la caída del imperio romano de Occidente y de la sucesiva cristianización de los pueblos cuando la Iglesia empezó a colocar a Nuestra Señora en la evidencia que le compete, exaltando sus maravillas. Y con ello hizo un bien indescriptible.
Es fácil comprender por qué en ese largo periodo, de cerca de 400 años, muchas informaciones relativas a la Virgen María se perdieran y otras se hallaran en fuentes no totalmente confiables.
A pesar de ello, la Tradición de la Iglesia conservó fielmente esos atributos de María que eran necesarios para la integridad de la fe de los católicos.
Lo esencial se transmitió y para un Hijo que ama a su Madre cualquier dato relativo a ella es importante.
Entre los datos sobre los que permanece un velo de misterio está el lugar en el que nació Nuestra Señora.
Tres ciudades se disputan la honra de haber sido el lugar de nacimiento de la Madre de Dios.
La primera es Belén. Esa tradición se debe al hecho de que Nuestra Señora es de estirpe real, de la casa de David.
Siendo Belén la ciudad de David, fue esa la razón por la que san José y la Virgen Santísima, ambos descendientes del profeta rey, se dirigieron a esa localidad en ocasión del censo romano que ordenaba que todos se registraran en el lugar originario de sus familias.
Por eso el niño Jesús nació en Belén y es aclamado, en el Evangelio, como hijo de David.
El principal argumento de los que sustentan la tesis de que Nuestra Señora nació en Belén se basa en un documento titulado De Nativitate Sanctae Mariae [“Sobre el nacimiento de Santa María“], incluido en la continuación de las obras de san Jerónimo.
Hay una tradición, en paralelo, que señala la pequeña localidad de Séforis, localizada a pocos kilómetros al norte de Belén, como lugar de nacimiento de la Virgen María.
Esa opinión tiene como base que, ya en la época del emperador Constantino, a principios del siglo IV, se construyó una iglesia en la localidad para celebrar a san Joaquín y santa Ana, padres de Nuestra Señora, que residían allí.
San Epifanio menciona este santuario. Los defensores de otras hipótesis señalan que el hecho de que los padres de la Virgen residieran allí no indica necesariamente que Nuestra Señora hubiera nacido en esa localidad.
La hipótesis que congrega el mayor número de adeptos es la de que María nació en Jerusalén.
San Sofronio, patriarca de Jerusalén (634-638) escribió en el año 603 que esa es la ciudad natal de María Santísima. San Juan Damasceno defiende la misma postura.
Del sitio Misioneros Digitales Católicos:
Gracias, Madre, gracias por elegirnos y cuidarnos desde el cielo
Gracias, Madre, gracias por elegirnos y cuidarnos desde el cielo.
Amén
El título de Nuestra Señora de la Natividad tiene su origen en una celebración que se celebró por primera vez como fiesta de la Basílica "Sanctae Mariae ubi nata est" - Santa María donde está -, conocida hoy como la Basílica dedicada a Santa Ana en Palestina. Una tradición oriental afirma que la basílica se construyó en el lugar donde vivían Joaquín y Ana, los padres de la Virgen María.
Fue el Papa Sergio (687-701) quien introdujo la fiesta de la Natividad en Roma en el siglo VII. Las iglesias bizantinas también celebraron el nacimiento de la Santísima Virgen María en el mismo siglo. En el calendario tridentino, la fiesta se incluyó el 8 de septiembre y se mantiene en esa fecha hasta nuestros días.
Según relatos históricos, la parroquia de Cacheu (Guinea-Bissau) ha tenido muchos nombres con advocaciones marianas. La iglesia era una propiedad familiar, donada por D. Honorário Barreto, que la cedió a los cristianos con la condición de que se convirtiera en parroquia, lo que ocurrió cuando era gobernador de la ciudad, entre 1847 y 1855. En 1854, la parroquia de Cacheu pasó a llamarse Parroquia de Nuestra Señora de la Natividad...
Con la llegada de los misioneros y la creciente adhesión al catolicismo, en 1984 la parroquia de Cacheu fue elegida por el primer obispo de Guinea-Bissau, Don Settimio Artur Ferrazzeta, como sede de la primera peregrinación mariana, por ser la iglesia más antigua de Guinea-Bissau. La parroquia se celebra el 8 de septiembre. Pero la peregrinación tiene lugar todos los años el 8 de diciembre, con la presencia de numerosos peregrinos de las parroquias de las diócesis de Bissau y Bafatá y de personas de los países vecinos.
Hna. Rosiane Fernandes, cifa
Santa María, guía a nuestras familias para hacer camino en la caridad. Que el amor desinteresado mueva nuestras manos y esté presente en todas nuestras palabras.
Madre, te pedimos que, como en el hogar de Nazaret, cada uno se sienta profundamente amado por Dios y por las personas a su alrededor. Que los pequeños aprendan buenos valores de sus mayores; y los adultos, a ser como niños.
Virgencita que creciste bajo el manto de ternura de San Joaquín y Santa Ana, intercede para que la fe se transmita de generación en generación.
Hoy, como Iglesia, rezamos para no perder de vista a Jesús, José y María. Que la Sagrada Familia fortalezca nuestros vínculos y sea siempre nuestro modelo a seguir.
Amén.
María en el Templo. Toda tu belleza y tu gracia del alma y del cuerpo, eran para el Señor.
Todo en ti, dulce Virgen María estaba orientado hacia la Santísima Humanidad de Jesucristo, el verdadero Templo de Dios.
Tu presentación en el Templo por tus santos padres, San Joaquín y Santa Ana, nos muestra tu pertenencia exclusiva a Dios, la completa consagración de tu alma y de tu cuerpo al misterio de la salvación; y nos enseña a responder con una obediencia amorosa al llamado de Dios Padre.
María, hiciste que en torno tuyo floreciera el amor a Dios y lo llevaste a cabo sin ser notada, porque tus obras eran cotidianas, cosas pequeñas llenas de amor.
Que aprendamos a servir a Dios y a nuestros hermanos, como tú, en la sencillez, y con amor.
Como tú te ofreciste a Dios en el Templo con prontitud y por entero, santa niña María, así nosotros queremos presentarnos a ti y te rogamos que nos lleves de la mano y nos ofrezcas al Señor.
Enséñanos, Madre, a ser valientes seguidores de tu Hijo, anunciándolo con firmeza y delicadeza en cada momento de nuestra vida.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Para el hombre contemporáneo, que carece de la noción simbólica de las cosas, dar o recibir un nombre no es más que una convención social, sin ninguna conexión más profunda con la persona a la que se da el nombre.
El concepto de los antiguos judíos, el pueblo al que se confió la Revelación, era muy diferente. En las primeras páginas de la Sagrada Escritura leemos que, tras formar de la tierra a las bestias del campo y a las aves del cielo, Dios las condujo hasta Adán para que recibieran de él un nombre. Y el autor sagrado concluye: "El nombre que el hombre dio a los seres vivientes, ése es su verdadero nombre" (Gn 2,19). Esto indicaba que el nombre dado por nuestro primer padre expresaba el atributo predominante de aquel ser, como reflejo de una perfección divina, según la cual se ordenaban los demás. Por tanto, constituía su definición ontológica.
De hecho, el pueblo de la Alianza consideraba que el nombre de una persona tenía un significado trascendente, sobre todo si era inspirado por Dios. Al profetizar la personalidad y la dignidad del Mesías, Isaías dijo que se llamaría Emanuel, que significa Dios con nosotros (cf. Is 7,14; 9,6). A su vez, cuando anunció a Zacarías que Isabel concebiría y daría a luz un hijo, san Gabriel reveló su misión y su nombre: Juan, que significa Yahvé es propicio (cf. Lc 1,13-17).
Del mismo modo, el nombre de la Madre de Dios también fue objeto de una revelación. El Arcángel Gabriel se lo dio a San Joaquín en la misma ocasión en que le dijo en sueños que su esposa concebiría, a pesar de su avanzada edad.
Así pues, el nombre es el símbolo de una realidad psicológica, moral y espiritual más profunda contenida en la persona. Por eso, el nombre de Nuestra Señora, como el santísimo Nombre de Jesús, debe considerarse símbolo de la virtud excelsa, de la misión, en definitiva, de todo lo que la Santísima Virgen es en verdad. El nombre de María es la afirmación de su gloria y de sus predicados interiores.
¿Hubo una circunstancia especial o un acto específico en el que la Niña recibió formalmente su santísimo nombre? ¿O, por el contrario, la costumbre de llamarla María se introdujo orgánica y casi imperceptiblemente, como resultado de una comunicación angélica?
La Ley mosaica era muy explícita sobre el procedimiento que debía seguirse con los varones recién nacidos, que debían ser circuncidados al octavo día (cf. Lv 12,3).
Como la circuncisión marcaba su incorporación oficial al pueblo elegido, en la época talmúdica se estableció la costumbre de que el niño recibiera su nombre en esta ceremonia, que normalmente le daba su padre. En cuanto a las niñas, sin embargo, nada había sido determinado por Moisés, ni siquiera por la tradición hebrea, lo que provocaba una gran variación en cuanto al momento de darles nombre. Por esta razón, el autor cree que los padres de Nuestra Señora comenzaron a llamarla María muy naturalmente poco después de su nacimiento.
Desde la época patrística, el santísimo nombre de María ha fascinado a los cristianos. Muchas de las especulaciones sobre su significado y etimología han dado lugar a títulos de alabanza, como Señora, Estrella del Mar, Amadísima, entre otros.
Algunos incluso han visto en este nombre una referencia a María, hermana de Moisés y Aarón (cf. Ex 15,20), elegida por Dios para cooperar con el profeta en la liberación del pueblo elegido de la esclavitud de Egipto, prefigura del Alma Socia Redemptoris, el Redentor, no sólo de los israelitas, sino de todo el género humano.
¿Qué significa, pues, glorificar el nombre de María? ¿Qué excelencias expresa? Si el nombre de Jesús manifiesta su gloria y su misión salvadora, puede decirse que el nombre de María expresa todas las perfecciones divinas, ya que "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas las gracias y las llamó María".
Consciente del poder inherente a los nombres de Jesús y de María, y de las abundantes bendiciones que brotan de su simple invocación, la Santa Iglesia ha consagrado a lo largo de los siglos fiestas litúrgicas y actos de piedad para alabarlos. El mismo saludo "¡Ave María!", tan extendido hoy en amplios sectores de la opinión pública católica, parece expresar el deseo de que el nombre de María esté siempre presente en las relaciones humanas, como símbolo y expresión de la realidad misteriosa, inefable y sacratísima que existe en ellas.
Al conmemorar este nombre, celebramos la gloria que Nuestra Señora tuvo, tiene y tendrá en el universo, y también la que posee en el Cielo. Ella es la Reina de todos los Ángeles y de todos los Santos, colocada en forma inconmensurable por encima de todas las criaturas, de modo que, en el orden creado, es el cono hacia el que todo converge, siendo nuestra Mediadora con Dios nuestro Señor.
En la tierra, sin embargo, la Virgen también debe ser glorificada. Sería normal que la Virgen María fuera venerada en la tierra y que su santísimo nombre fuera glorificado de un modo inexpresable.
Es simplemente una continua ocasión de dolor e indignación ver que la Santísima Virgen no es glorificada tanto como debiera a causa de los vicios, crímenes y maldades de los hombres.
Deberíamos ser tan celosos de la gloria de Nuestra Señora como niños en casa de su madre. Imaginad si alguno de nosotros podría sentirse bien cuando ve que se le niegan los honores y la atención a los que tiene derecho. Entonces, ¿cómo podemos ser felices en la tierra cuando se nos niegan los honores y atenciones a los que Ella tiene derecho?
Pidamos a la Virgen, tan vilipendiada por los hombres de nuestro tiempo, que acepte nuestra reparación por las muchas ofensas que continuamente recibe. Y que su santísimo nombre sea glorificado cuanto antes.
Del sitio Enciclopedia Mariana:
Los evangelistas no nos dicen dónde nació María. Solo sabemos que estaba emparentada con Isabel que vivía en Judea. Por tanto, no es imposible que ella misma fuera originaria de Jerusalén, como dice una antigua tradición de la que encontramos huellas en el evangelio apócrifo de Santiago, que nos habla de los padres de la Virgen, Joaquín y Ana.
Había una casa en Jerusalén llamada "la Casa de Ana" cerca del estanque de Betsaida. Cerca de esta casa se erigió una iglesia cuya inauguración tuvo lugar el 8 de septiembre. Al principio fue la Basílica de la Natividad de María y, más tarde, en el siglo XII, se convirtió en la Iglesia de Santa Ana.
El aniversario de esta consagración se conmemoraba cada año. La festividad se extendió a Constantinopla en el siglo V y luego a Occidente. Posteriormente, se le añadió la festividad de su concepción, nueve meses antes, de ahí la fecha del 8 de diciembre.
La Natividad de María es una de las grandes festividades del año litúrgico bizantino, porque inaugura la economía de la salvación y la entrada de la Palabra de Dios en la historia de los hombres: “Este día es el preludio de la alegría universal. En este día comenzaron a soplar los vientos de la salvación” (liturgia bizantina).
Fue en la Basílica de la Natividad de María donde san Juan Damasceno, padre y doctor de la Iglesia (†749), proclamó: “Venid todos: ¡celebremos con alegría la alegría del mundo entero! Hoy, de la naturaleza terrenal, se ha formado un Cielo en la tierra. ¡Hoy es el comienzo de la salvación para el mundo!”.
Del sitio Santuario di Pine:
Un tal Jacobo Moser, piadoso campesino de Montagnaga, a principios del siglo XVIII, había visitado en varias oportunidades el Santuario de la Virgen de Caravaggio, y en uno de esos viajes trajo una imagen de la Virgen que exponía sobre un altar de la Iglesia de Montagnaga, dedicada a Santa Ana el 26 de mayo de cada año. El relato de las gracias y de las fiestas de Caravaggio suscitaba en muchos el deseo de visitar el celebre Santuario bergamasco (de la ciudad de Bérgamo). Entre estos se encontraba también una jovencita llamada Domenica Targa (9 de agosto 1669- 24 octubre 1764 ), nacida en un pueblito cercano a Montagnaga llamado Guardia. A ella se le hacia difícil obtener el consenso de sus padres.
Hacia el mediodía del sábado 14 de mayo de 1729, Dominga se hallaba con su rebaño en la cuenca del “Palustel” ( hoy de la Aparición ). Cuando ,todos los animales, como llenos de espanto, comenzaron a huir desorientados. Dominga, que estaba recitando el rosario. Exclamó a viva voz: “¡ Jesús, María ayúdenme!" Apenas pronunciadas esta invocación, ve delante de ella a una bellísima Señora vestida de blanco como la nieve. “¿Hija mia, que haces?” le pregunta. “Recito el Rosario", responde Dominga. La Señora la elogió y, después de manifestarle el ardiente deseo de dirigirse a Caravaggio, agregó : “Obedéceme a mi. No vayas a Caravaggio. En cambio, la noche de la Fiesta de la Ascensión ( ese año era el 26 de mayo ) ve a la Iglesia de Santa Ana, donde estará expuesto el cuadro de la Beata Virgen de Caravaggio. Tu arrodíllate en el primer escalón del altar: verás una cosa bellísima "
“¡ No se si mis padres me permitan ir hasta Montagnaga a esa hora!" respondió la joven. “No temas, te lo permitiran de seguro”, agrego la bella Señora y desapareció.
Llega el 26 de mayo de 1729, fiesta de la Ascención. Sin excesiva dificultad, Dominga puede participar de la celebración en la iglesia de Montagnaga. Ese día se cantaban también,las letanías de los santos,para obtener el don de la lluvia. En la invocación “Omnes Sancti Martyres" Dominga Targa se inclinó sobre el lado derecho, y permaneció en esa posición, como abstraída de todo lo que sucedía a su alrededor, hasta que la celebración terminó. Cuando los sacerdotes, saliendo de la sacristía, la llamaron a la realidad, se lamentó por haber estado poseída por una dulce visión: Veía a la Virgen Santísima con el Niño en brazos, en su mano derecha llevaba el rosario y la invitaba a manifestar su aparición a todas las personas presentes. Naturalmente , hubo muchos escépticos, especialmente entre los del clero. Pero la piadosa joven, antes de volver a casa, fue obligada por una fuerza interior a proclamar por tres veces las maravillas de la Virgen Maria y de su presencia.
Mientras tanto, aun entre las variadas opiniones y comentarios, comenzó a desarrollarse una particular devoción por la Virgen Santisima de Caravaggio también sobre el altar de la iglesia de Santa Ana en Montagnaga. El ferviente Giacomo Moser hizo preparar por la pintora trentina Elena Zambaiti, un nuevo y mas grande cuadro de la aparición de la Virgen a la vidente Giovanetta Varoli, testigo de las apariciones que fueron el origen del celebre santuario en el Bergamasco. Es la Sagrada imagen que aun hoy se venera en Montagnaga de Pine, mientras que el canónico Mons. Girolamo conte Bucelleni, hizo reconstruir el altar en la forma en que lo vemos hoy. Todo fue preparado con tanto cuidado y rapidez, que ya el 8 de septiembre del mismo año 1729 se pudo proceder a la bendición del nuevo altar. Había sido predispuesto un rito solemne con la participación del cura pievano (párroco general) de Pine».
Ya la gente de Montagnaga se encontraba reunida en el templo, y se sentían llegar las invocaciones del pueblo, que venia procesionalmente desde Baselga, cuando la Santísima Virgen, se le aparece a la vidente, con el Niño en brazos,pero esta vez herido y sangrante, y estaba acompañada por los santos Joaquín, Ana y José. La Virgen misma bendice el cuadro y luego, después de haber pedido a Dominga que por tres veces gritara “Viene la Santísima,Virgen” aseguro que ese sería el sitio donde recibiría las oraciones de sus devotos.
Mostrando luego, las heridas de su divino Hijo, explicó que estas habían sido causadas por los pecados y exhortó a rezar mucho por la conversión de los pecadores. Naturalmente, también esta vez, Dominga Targa encontró escepticismo, especialmente de parte del cura Pievano de Baselga.
La SSma. Virgen, como para consolar a Dominga, se le aparece dos días después , por cuarta vez, en la localidad llamada “Pralongo“, y la exhortó a narrarle todo a su confesor, Padre Miguel Bernardi, que la ayudaría.
De hecho, fue así. La autoridad diocesana promovió un regular proceso canónico, que duro varios años, y que concluyó con la autorización de celebrar solemnemente la fiesta de la aparición de Maria en Montagnaga el día 26 de mayo.
Con la transcripción del Vicario general capitular de nuestra Diócesis, fechado el 17 de mayo de 1730, el sacerdote Antonio Flamacino, revisor pro sinodal y ecónomo de la Camara Episcopal,fue elegido para examinar los hechos extraordinarios acaecidos en el pequeño pueblo de Montagnaga. El proceso comenzó el 20 de mayo de 1730 en el castillo del Buen Consejo, en Trento, hasta el 23 de mayo, y el 22 de agosto del mismo año fue reenviado a Montagnaga, donde se había trasladado para tal fin el delegado Flamacino. En Trento, durante el interrogatorio del 22 y el 23 de mayo, la buena pastora narro con lujo de detalles, la historia de las cuatro apariciones donde había sido preferida por la Virgen y que fueron narradas hasta aquí en un compendio luego de valorar los actos originales del proceso: En Montagnaga , donde se continuó el interrogatorio, ella confirmó la exposición hecha en Trento, sin ningún punto de contradicción, Fue que durante el interrogatorio efectuado en Montagnaga, la joven Targa pudo narrar una posterior aparición de la Virgen, acaecida luego de la clausura del proceso de Trento (Quinta aparición), de la cual se hablará brevemente, a continuaciòn, resaltando que este maravilloso nuevo suceso se nos hace conocer por primera vez solo a partir de la revelación de los actos originales del proceso, salidos a la luz al finalizar el año 1893.
La Virgen aparece por última vez a Dominga Targa en la iglesia de Santa Ana en Montagnaga, el 26 de mayo de 1730. Envuelta por una luz refulgente, y rodeada por una multitud de vírgenes, La Virgen invocó la bendición -el Señor sobre la multitud presente, obró algunas curaciones, manifestó a Dominga su satisfacción, y saludándola amablemente se alejó para siempre.
El siguiente encuentro sucedería en el Cielo, el 24 de octubre del año 1764.
Para honrar a la Santísima Virgen María, el Vaticano ofrece una peregrinación mariana especial dentro de la Basílica de San Pedro cada sábado por la tarde durante el mes de mayo.
El itinerario mariano lleva a los peregrinos desde la escultura de mármol de la Piedad de Miguel Ángel hasta Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, una pintura del siglo XII introducida en la basílica en 1578 en una solemne procesión.
Para quienes no puedan viajar a la Ciudad Eterna, CNA ofrece la siguiente "visita virtual" con fotos de Daniel Ibáñez de ocho bellas imágenes de Nuestra Señora en la Basílica de San Pedro con motivo de la fiesta de María, Madre de la Iglesia.
En la Capilla del Coro de la basílica, un gran retablo muestra a María, Virgen Inmaculada, en la gloria del cielo sobre ángeles y santos. El mosaico, basado en una pintura del siglo XVIII del artista italiano Pietro Bianchi, representa a San Juan Crisóstomo, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua venerando a la Santísima Virgen María.
La capilla se encuentra en el lado izquierdo de la basílica, detrás de una verja de hierro diseñada por Gian Lorenzo Bernini. San Juan Crisóstomo está enterrado bajo el altar, que también contiene reliquias de San Francisco y San Antonio.
Cuando el Papa Pío IX declaró la doctrina de la Inmaculada Concepción de la Virgen María el 8 de diciembre de 1854, hizo añadir una corona de oro al mosaico de María. Posteriormente, el Papa Pío X añadió una corona de diamantes más grande para conmemorar el 50 aniversario de la declaración en 1904.
La pintura original de Bianchi se encuentra en la Basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.
La imagen original de la Virgen María y el Niño Jesús estaba pintada en una columna de la antigua basílica de San Pedro, construida por el emperador Constantino en el siglo IV. Posteriormente se trasladó a la Basílica de San Pedro, del siglo XVI. Pablo VI honró el icono con el título de "Mater Ecclesiae" tras el Concilio Vaticano II.
El icono aún puede verse sobre uno de los altares laterales de la basílica, en la Capilla de Nuestra Señora de la Columna, que también contiene los restos de San León Magno (440-461).
Un mosaico de la Virgen María con vistas a la plaza de San Pedro se inspiró en la imagen original de la Mater Ecclesiae. El mosaico se instaló tras el atentado contra San Juan Pablo II en 1981.
Cuando bendijo el mosaico, Juan Pablo II rezó "para que todos los que vendrán a esta plaza de San Pedro levanten su mirada hacia ti [María], para dirigir, con sentimientos de filial confianza, sus saludos y sus oraciones."
En 2018, el Papa Francisco añadió la memoria de María, Madre de la Iglesia, al calendario litúrgico del lunes después de Pentecostés.
Una pintura restaurada del siglo XVI de la Virgen con su hijo en brazos se encuentra en la Basílica de San Pedro sobre el sarcófago del Papa Gregorio XIV.
La imagen se titula "Mater Peregrinorum", o Madre de los Peregrinos. Se desconoce el artista original, pero los italianos también se refieren a la pintura como la "Madonna di Scossacavalli" porque procede de la iglesia romana de San Giacomo Scossacavalli, que fue demolida en 1937 para crear la actual Via della Conciliazione que conduce a la Basílica de San Pedro.
Una pintura sobre madera del siglo XII titulada Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, también conocida como Nuestra Señora del Socorro, fue trasladada a un altar de la Capilla Gregoriana de San Pedro el 12 de febrero de 1578, con una solemne procesión.
La pintura fue la primera restauración artística completada bajo el pontificado del Papa Francisco durante el Año de la Fe, según un libro publicado por los Caballeros de Colón.
Los restos del doctor de la Iglesia San Gregorio Nacianceno (m. 390) se conservan en una urna bajo el Altar de Nuestra Señora del Socorro en la Capilla Gregoriana, que se encuentra en el lado derecho de la basílica.
Capilla de la Presentación de San PíoX (m. 1914) en la entrada frontal izquierda de la basílica.
Una joven María está representada en la escalinata del Templo con sus padres, los santos Ana y Joaquín, abuelos de Jesús.
El mosaico, realizado por Pietro Paolo Cristofari en 1728, está basado en una pintura del artista del siglo XVII Giovanni Francesco Romaneli, cuyo original se encuentra en la basílica de Santa Maria degli Angeli e dei Martiri de Roma.
Según el Padre Agnello Stoia, párroco de la parroquia de la Basílica de San Pedro, la imagen de María del siglo XV en la puerta es un recordatorio del título de María "Puerta del Cielo".
En la cúpula de la Basílica de San Pedro se pueden ver mosaicos que representan a la Virgen María junto a Cristo Redentor, San Juan Bautista y los apóstoles.
El mosaico de la Virgen María de la Gran Cúpula, realizado en 1610 por Orazio Gentileschi, está basado en dibujos del pintor manierista italiano Giuseppe Cesari.
La conmovedora escultura transmite la fe y la emoción de la Santísima Virgen María mientras acuna en sus brazos el cadáver de su único hijo tras presenciar su crucifixión.
La escultura se encuentra sobre un altar lateral cerca de la entrada principal de la Basílica de San Pedro, donde a veces se oficiaba misa antes de las recientes restricciones. Los visitantes de la basílica sólo pueden ver la Piedad tras un cristal blindado después de que un hombre atacara la escultura con un martillo en mayo de 1972.
La Piedad fue la única obra de arte firmada por Miguel Ángel.
Las características particulares que concurren en las dos imágenes de la Virgen que han recibido culto como patrona de Alcantarilla -la destruida en la Guerra Civil y la actual- bajo la advocación de La Salud, constituyen un interesante motivo para un análisis histórico-artístico. En ambos casos, se trata de una representación de María Niña que corresponde a la Presentación de la Virgen en el Templo, lo que confiere a nuestra patrona una destacable singularidad iconográfica en el ámbito de la región de Murcia.
Aunque la imagen actual de Ntra. Sra. la Virgen de la Salud data del siglo XX, la tradición y la historia de la Virgen, se remonta a la Edad Media, pero la ausencia de documentos que versen sobre la aparición, leyenda y cambio de advocación de la primitiva imagen nos impide precisar con certeza sus orígenes y características formales.
Cuenta la tradición que, junto a la ribera del río, entre el Puente de las Pilas y la Rueda, antiguo emplazamiento de la población de Alcantarilla, apareció la imagen de una Virgen Niña de pequeña talla; por ello la llamaron Virgen de la Presentación o Nuestra Señora la Pequeña. Esta tradición popular mantenida por los alcantarilleros puede fundamentarse si tenemos en cuenta que, a finales del siglo XIII, existía un “monesterio de freyles de penitencia” ubicado cerca de la acequia, que coincidiría con el comienzo en Europa de la expansión de esta iconografía de la presentación de María en el Templo, a través de las órdenes monásticas.
Otros autores apuntan que sus orígenes se remontan a época visigoda, como una imagen venerada y escondida, con anterioridad a la conquista del reino de Murcia por Alfonso X el Sabio, una hipótesis que hasta la fecha es imposible de determinar, al menos desde el punto de vista documental e iconográfico.
A principios del siglo XVII, la intercesión de la Virgen en la erradicación de las epidemias que azotaron la comarca motivó su cambio de nombre, pasando a denominarse, en los siglos sucesivos, Nuestra Señora de la Salud. La primera referencia escrita a su carácter milagroso es el informe de Fray Juan de Pereda, Los mudéjares murcianos en vísperas de la expulsión, año 1612 : una imagen devotíssima de Nuestra Señora que hiço un milagro en uno dellos de salud. Asimismo, a principios del siglo XVIII, en el manuscrito de don José Villalva y Córcoles, presbítero de la catedral, en su obra El Pénsil del Ave María, hace referencia a nuestra patrona en los siguientes términos: La prodigiosa imagen de Ntra. Sra. de la Salud que venera la villa de Alcantarilla: "Es muy milagrosa esta Santa imagen. Su altura es de una vara poco más o menos. Su rostro muy agraciado, pues parece derrama amores, y los reparte a quién con debida atención mira. Venerábase antes esta imagen en dicha iglesia por muchos años de antigüedad, cuya colocación, siendo tan antigua se ignora el año, como también el de si fue aparecida".
Por fotografías antiguas conocemos la imagen de la Virgen Niña que antecedió a la actual y que fue destruida en la persecución religiosa de la guerra civil española. Se trataba de una pequeña imagen de vestir, con las características estéticas y artísticas de finales del siglo XVII y las primeras décadas del siglo XVIII. Según testimonios orales, era de dimensiones mayores que la de nuestros tiempos.
Una imagen de vestir que respondía a la tipología por excelencia de la imaginería religiosa barroca, siguiendo las pautas del Concilio de Trento, que buscaba atraer la devoción de los fieles a través del realismo y la expresividad, concentrada en la cabeza (con ojos de cristal, pelo natural y pestañas) y las manos. Así dotándola de túnica y manto, corona imperial, alhajas, media luna a los pies, etc.
La imagen antigua de la Virgen de la Salud podría ser un ejemplo de la corriente que, a partir del siglo XVII, se desarrolló en toda la península en la mayoría de las imágenes de la Virgen veneradas desde antiguo, y que se fueron adoptando a los gustos estéticos del Barroco, caso de las vírgenes de la Fuensanta, la Arrixaca (que no recuperará su estado primitivo hasta finales del siglo XIX), la Consolación de Molina de Segura, y la de la Huertas en Lorca, entre otras. En líneas generales, podríamos decir que las imágenes de vestir de esta época encierran un cargado carácter devocional popular y son claves para entender la mentalidad religiosa del barroco murciano. Siguiendo las modas y gustos del momento, las antiguas tallas medievales, se reforman o se enmascaran bajo mantos y postizos o bien se sustituyen por otra de nueva factura.
Hasta el siglo XVIII, la Patrona se veneraba en la primitiva ermita de Ntra. Sra. de la Salud, actualmente desaparecida, ubicaba en los alrededores del Paraje del “Agua Salá” lugar donde se instalaron los frailes de la orden de San Francisco de Paula cuando llegaron a Alcantarilla a principios del siglo XVIII. Las autoridades civiles y religiosas del momento cedieron a los frailes la ermita para su cuidado y lugar de oración. Cuando los religiosos se trasladaron al nuevo convento – actualmente la fábrica de palas -, conocido como el Convento de San Francisco de Paula, llevaron con ellos la imagen de la Virgen Niña, dando continuidad a la devoción y efectos protectores de Ntra. Sra. de la Salud, sobre la localidad.
Los primeros datos de la imagen actual de la Virgen de la Salud nos remiten al año 1939, lo cual indica que los alcantarilleros tardaron muy poco tiempo en recuperar su culto. En estos momentos, fue fundamental el papel desempeñado por Antonio Domingo, el Manco, muy devoto de la Virgen, que por iniciativa y promesa personal le encargó la imagen al reconocido escultor murciano Nicolás Martínez Ramón. Para adquirirla, según testimonios orales, realizó una colecta, casa por casa y por suscripción popular, de dos reales o cinco pesetas, consiguió que los alcantarilleros participasen activamente en la recuperación de la imagen de la Virgen de la Salud, a la que, desde hacía siglos, se venía considerando patrona de Alcantarilla.
Se trata de una pequeña imagen de vestir de 78 cm. de altura, 27cm. de ancho y 22 cm. de profundidad. La cabeza y las manos están talladas en madera de pino policromado. Lamentablemente, no se han conservado pruebas documentales del encargo de la obra. Según apunta Anastasio Martínez Valcárcel (hijo del escultor), los libros de asiento desaparecieron cuando se cerró el taller de los Aguadores de Murcia en 1969. Como dato anecdótico, el escultor Anastasio recuerda: "en el taller de mi padre ubicado en la calle Judas (hoy Gran Vía) en Murcia, siempre se comentaba la frecuencia con que Antonio, el Manco, lo visitaba aportándole fotografías de la antigua y desaparecida imagen de la Virgen de la Salud, con el interés en recuperar fielmente su iconografía de Virgen Niña". De la numerosa producción artística de Nicolás Martínez, en su mayoría obras monumentales (como la del Sagrado Corazón de Jesús de Monteagudo de 16 m. de altura, entre otros), la de nuestra patrona está considerada como una de las escasas obras que realizó en la tipología de imagen de vestir, y la única con la iconografía de Virgen Niña en su extensa obra de carácter religioso, tras la Guerra Civil.
La imagen actual se veneró también en la ermita del Convento de San Francisco de Paula, hasta que en el año 1967 fue trasladada a la Iglesia de San Pedro Apóstol, entronizándose en su capilla propia en 2009, obra de Anastasio Martínez Valcárcel.
Como hemos expuesto, a lo largo de los siglos, Alcantarilla ha profesado devoción a la Virgen de la Salud, invocándola como patrona. Igualmente, el Ayuntamiento, en sesión plenaria extraordinaria de 24 de abril de 1955, le nombró “Alcaldesa Honoraria” y patrocinado por la alcaldía, en 1973, se adquirieron los terrenos y se construyó una ermita bajo la advocación de la Salud, en las proximidades del emplazamiento primitivo del eremitorio de la Virgen, en donde se asentaba la población de Alcantarilla, y cercana al lugar en que, según la tradición, apareció la imagen de la Virgen Niña, junto al cauce del río Segura.
Las primeras representaciones de la Presentación de María en el Templo se plasmaron mediante mosaicos, murales e iconos durante la época bizantina, y pronto se difundieron por todo el imperio. En Occidente, a partir del siglo XIII comenzó a reproducirse en miniaturas para la ilustración de los Libros de Horas, hasta el siglo XVI. Serían los pintores italianos del Trecento y Quattrocento los que estereotiparon la iconografía de la Virgen de la Presentación, coincidiendo en representar a una niña en el momento de subir las escalinatas de acceso al Tempo de Jerusalén, con las manos abiertas esperando el saludo del sumo sacerdote, o también recogidas sobre el pecho en oración, la melena suelta y la cabeza inclinada y levemente vuelta, como buscando la mirada de Joaquín y Ana, sus padres, que la acababan de dejar a los pies de la escalinata. En otras obras también se le representa sin volver la vista atrás, como las de Giotto, Giovanni da Milano y Pietro Nelly. Este momento de la vida de la Virgen María fue muy repetido durante el Barroco siguiendo el mismo esquema compositivo, pero generalmente en obras pictóricas, siendo muy poco frecuente su representación en escultura. De ahí, la singularidad de las dos imágenes que se han venerado en Alcantarilla, como Virgen de la Salud, repitiendo iconográficamente a la Niña María, erguida, con la cabeza levemente inclinada hacia la derecha y las manos abiertas.
Como apuntábamos al inicio, se dan unas características particulares, que evidencian la importancia de la Virgen de la Salud. Por una parte, la veneración que durante siglos le ha profesado Alcantarilla, en cuyo honor celebra las “Fiestas de Mayo”, y por otra el hecho de ser una de las pocas (quizá la única) imagen de la Virgen Niña en nuestra Región.
Todo ello, le confiere un considerable valor cultural, histórico y, por supuesto, devocional, que la liga secularmente a Alcantarilla y a su Ayuntamiento como Alcaldesa Honoraria.
Del sitio Puntadas Marianas:
Un vecino de Wemding llevó desde Roma una imagen de la Virgen María por el 1680. La imagen fue puesta en su casa y prontamente comenzó a hacer milagros. Muchos testigos vieron mover los ojos de la imagen, cambiar la tonalidad de su piel.
Los sacerdotes católicos reclamaron que fuera puesta en la Iglesia parroquial. Y luego de ser consagrada una iglesia en su honor, se registraron más de una centena de curaciones de enfermedades oculares.
La construcción de la Iglesia tuvo muchos obstáculos de las autoridades políticas protestantes y de los propios sacerdotes católicos que no veían con buenos ojos la religiosidad popular.
Wemding es una municipalidad del distrito Donau-Ries de Bavaria.
En la protestante Alemania, luego de la guerra de los 30 años, por 1680, el zapatero Franz Farell de 23 años, llevó a Wending una estatuilla de la Santísima Virgen desde Roma.
La imagen era de vestir, tenía solo la cabeza y las extremidades talladas y era vestida como una muñeca.
Fue puesta en un pedestal en su casa y pronto se convirtió en objeto de veneración por numerosos fieles.
Un caballero protestante acuartelado en Wemding, cerca de la casa de Farell, de repente se sintió liberado de terribles dolores de cabeza, apenas invocó la ayuda de María.
Inmediatamente se difundió la noticia y comenzó una intensa peregrinación a la casa del joven Franz. El movimiento de peregrinos, devotos y curiosos, en esta casa privada fue mal visto por las autoridades eclesiásticas y, a continuación, llegó al acuerdo de colocar la imagen milagrosa en el campo contiguo a la iglesia.
El capellán Keller (que sacó de la casa de Farell la estatua de María) una noche fue llamado con urgencia por un paciente. Junto a un lugar llamado “Fuente de Schiller” no pudo mover un paso mas, se sientió inmovilizado. Llamó a María Santísima en su rescate, y le hizo promesa de construir una capilla, y de repente comenzó a caminar sin problemas.
El 25 de julio 1735, el nieto de Franz Farell, de 11 años, llevó flores a la estatua de María y los puso entre los dedos. Inmediatamente después la imagen de la Madre de Dios giró la cabeza y movió los ojos.
"Ratones habrán estado allí", dijo el sacerdote y se desató una guerra en los medios. El clero estaba en contra de la “locura de la gente”.
Otras personas observaron a la milagrosa imagen de María, cambiando las características de la cara.
La noticia de estos últimos fenómenos multiplicó el número de peregrinos y la capilla pronto se convirtió en demasiado pequeña.
Debido a la creciente afluencia de los fieles a la capilla de Wemding, en 1738 se decidió sustituirla por un edificio mayor. El representante de Munich en Wemding, que pertenecía a los electores de Baviera, apoyado por los protestantes de los alrededores y por la posición del párroco católico, dilataron el proyecto y momentáneamente trasladaron la imagen a la parroquia.
Pero el sacerdote murió en junio de 1744, y su sucesor, Johann Michael Forster, tuvo que construir una iglesia mas grande de prisa. En mayo de 1745 se celebró en la Capilla de madera provisoria, con permiso episcopal, la primera misa.
El 28 y 29 Junio de 1746, la estatua de María cambió el color de la cara y dirigió los ojos hacia la ciudad (73 testigos dieron fe por escrito).
Los habitantes de Wemding vieron en esto como un sentimiento desfavorable de la Virgen María a que aún no se hubiera ampliado la iglesia y finalmente dos años más tarde, en agosto de 1748, se puso la primera piedra comprometida. Ocho mil personas se habían reunido para el evento.
La construcción de la Iglesia tuvo infinidad de problemas políticos y prácticos, y recién el 21 de Abril de 1782 se pudo consagra el altar y la Iglesia.
Después de la consagración de este lugar de culto se produjeron 107 curas milagrosas de enfermedades de los ojos.
María Brünnlein es una de las más bellas iglesias del sur de Alemania. Es considerado el segundo santuario de Bavaria después de Altötting. Doscientos mil personas van cada año, entre ellos muchos grupos de peregrinación a pie.
La iglesia de peregrinación Maria Brünnlein se encuentra en Wemding en la diócesis de Eichstätt. Es la iglesia de peregrinación más conocida en la diócesis de Eichstätt.
Recibió en 1998, por el Papa San Juan Pablo II, el título de Basílica Menor.
Fue diseñada y construida por Domingo Zimmermann y Juan Bautista Zimmermann entre 1748 a 1752, consagrada en 1781, y restaurada entre 1999 y 2003)
Después de un período de tres años de restauración, la Basílica brilla desde el 1 de octubre de 2003 en un nuevo brillo. Los 4,5 millones de euros para las obras, según un comunicado de prensa de la diócesis de Eichstätt, eran “imprescindibles”. Los defectos y daños en el techo había abierto grietas en las bóvedas, los adornos de estuco se habían caído, los valiosos frescos se habían dañado. Las pinturas del techo fueron atacados por hongos.
El altar de estilo rococó es conocido como el altar de la fuente, construdo en 1756 por el escultor Juan José Meyer del Tirol, y Ernst Steinacker le añadió volutas en 1953.
En el centro de la iglesia hay un manantial de agua fresca. Muchos visitantes beben en cubas de piedra y realizan la vieja costumbre de humedecerse los ojos con esa agua. Por encima de ellos esta la Virgen María con sus preciosos vestidos de tela, con el cetro en la mano y el niño Jesús en brazos.
El púlpito rococó muestra las tres virtudes divinas de la fe, la esperanza, el amor, realizado por F. Anton Anwander
A los lados de la entrada están las figuras de los santos, Ana y Joaquín.
En el techo se puede ver el fresco de Juan Bautista Zimmermann y decorado por su hijo Michael, que muestra a la madre de Dios como fuente de vida.
En los lados y en la entrada de la iglesia se pueden ver una serie de símbolos marianos: aurora, brillante como el sol, casa de oro, una mujer vestida de sol, signo de la alianza, Rosa Mystica, escala de Jacob, torre de David, estrella matutina, hermosa como la luna, templo de Salomón, mujer victoriosa ante el Dragón, lirio entre espinas, puerta del Cielo, arca de la alianza.
La historia de la Cueva Santa se remonta al año 1410, cuando Fray Bonifacio Ferrer ingresa en la Cartuja de Vall de Cristo, pues en su celda, creó el molde para la fabricación de las imágenes. Estas eran repartidas por el propio fraile a los pastores, para que estos le dieran culto en sus refugios durante sus ausencias del pueblo, pues su tamaño, permitía llevarlas en el zurrón sin ocupar apenas bulto.
Uno de aquellos pastores con su ganado, se resguardó un día en la espaciosa Cueva del Latonero, pues sabía que allí había un manantial donde podría abrevar y descansar tanto él, como el ganado, quedando mejor resguardado de las inclemencias meteorológicas. El pastorcillo, colocó la Virgen en un replano de la roca, y allí la arreglaba con florecillas silvestres y le rezaba sus oraciones. Pero cuando, no se sabe el motivo, abandonó la cavidad, no se llevó consigo la imagen que le había dado el fraile cartujo, quedando allí olvidada en un rincón.
Casi cien años tuvieron que pasar, para que otro pastor de la vecina población de Segorbe, que también entró a pasar la noche con su rebaño, reencontrase la Imagen abandonada. Se cuenta que cuando el pastorcillo ya empezaba a dormitar, vio aparecérsele la Virgen, la cual le indico donde encontraría una imagen suya para que pudiera darle culto.
El pastor fue a buscar en el lugar indicado, y allí, efectivamente, encontró la imagen fabricada por Fray Bonifacio Ferrer. La transcendencia de aquel hallazgo, seguido de otros portentos atribuidos a la Virgen, fueron atrayendo a muchismos devotos de la comarca hasta aquella milagrosa Cueva, que en los primeros tiempos quedaba bajo los cuidados de voluntariosos ermitaños.
Sin embargo no fue hasta el año 1574 cuando, en Jérica, al matrimonio formado por Isabel Martínez y Juan Monserrate se les desterró del pueblo, debido a que Juan, había contraído la lepra, enfermedad entonces maldita. En su largo y desolado caminar, llegan a esta Cueva, de la que ya habían oído que en ella tenia su morada una Virgen que obraba milagros a los más necesitados. Isabel, al ver la Virgen, le pide curación a su marido, mientras que a la vez iba lavando las heridas de este con el agua que destilaban las paredes de la gruta. Al noveno día de lavados y rogativas, Isabel contempló atónita como todas las llagas de su esposo habían desaparecido por completo, así como también los dolores que estas le causaban.
Entusiasmados por la buena nueva, deciden retomar el camino a Jérica con la esperanza de ser de nuevo admitidos, pero los jurados de la villa, toman repentina curación por brujería y los repudian de nuevo. Con todas las ilusiones destrozadas, vuelven a la gruta, donde se encontraron a una pareja formada por un fraile, y una anciana en traje de luto. Al ver aparecer al matrimonio tan tristes, les preguntaron qué era lo que les causaba tal tristeza, y el matrimonio les relató emocionados los hechos. Al acabar el relato, el fraile extrajo un pergamino y escribió unas letras a los jurados de Jérica para certificar los hechos.
De nuevo Juan e Isabel parten hacia Jérica con nuevos ánimos, y al llegar a sus puertas, piden que se acercase el Justicia, al cual entregaron el pergamino escrito por el religioso, como prueba de la ausencia de brujería, y sí del favor Divino. Pero ocurría que cuando este intento leerlo, las palabras se volvieron borrosas, resultando el texto ilegible. El Justicia, entregó el pergamino a los Jurados, pero a estos les ocurría lo mismo. Así que finalmente fue a parar a manos del Párroco, que tras leer el contenido, observó que tales palabras sólo podían haber sido escritas por mano santa, y tras escuchar las descripciones dadas por Juan e Isabel, ahora ya readmitidos, sobre quienes les habían entregado el pergamino, el cura no dudo en afirmar, de que habían sido la mismísima Virgen, acompañada por san Vicente Ferrer (hermano de Fray Bonifacio) los autores de dicho manuscrito, organizando para el siguiente domingo, lo que fue la primera romería de acción de gracias a la Cueva Santa.
Isabel, pese a ver sido readmitida en su pueblo, no olvidó a la Virgencita que tanto le había ayudado, y cada sábado subía, a veces con más gente, a limpiar la cueva y ponerle flores a la Virgen, quedándose allí a pasar la noche. Una de aquellas noches, los perros empezaron a ladrar y a ponerse nerviosos, y al ir a ver que ocurría encontraron a un matrimonio acompañado por su hija, a que invitaron a entrar y dieron de cenar, y al preguntarles que de donde procedía, estos respondieron que de Altura. A la mañana siguiente, al despertar, el matrimonio y la niña ya habían partido, y tras indagar si alguien los conocían, se dieron cuenta de que habían sido visitados por san Joaquín y santa Ana, acompañados por la Virgen niña, que habían bajado de Las Alturas.
Pasó el tiempo, e Isabel, que se encargaba permanentemente de los cuidados de la Cueva, observaba que en la cueva la imagen no estaba segura, pues aparte de que entraba mucho ganado, comenzaban a subir moriscos buscando, no a la Virgen, sino el agua que curaba, aunque sí que dejaban limosnas por los "favores" que "el agua" les hacia. Visto lo visto, un día, decidió llevarse la imagen a su casa de Jérica, así que cogió a la Virgen, la metió en una cesta de mimbre, y comenzó a caminar. Pero al llegar a la cercana fuente de Rivas, abrió la cesta y observó asombrada que la Virgen ya no estaba. No muy convencida, pensó es que de las ganas igual se le había olvidarlo cogerla, cosa que casi se terminó de creer cuando al subir de nuevo a por ella, la encontró en el mismo lugar del que la había cogido.
Pero Isabel no desistió de su idea, así que esta vez, una vez metida la imagen la cubrió con hojas de higuera y ramitas para que no se le volviera a escapar, además pensaba bajar hasta Jérica sin descansar para no tener que abrir la cesta. Emprendió de nuevo el camino, y al faltar unos kilómetros para llegar a Jérica, abrió la cesta para ver si la imagen todavía estaba, no fuera a ser que al llegar al pueblo la tomaran por tonta. Y cual fue su sorpresa, al destapar las hojas, descubrir que de nuevo, la Imagen Divina había vuelto a desaparecer. Entonces ya comprendió Isabel, que la Virgen quería estar en la cueva que Ella misma había elegido, para poder allí atender a cuantos se lo solicitasen.
En los dos lugares en que Isabel descubrió que la imagen no estaba en su cesta, se ha erigido unos pilones como señal, uno al lado de la carretera unos metros más arriba de Rivas, a la izquierda, y el otro en el camino por el que vienen en romería los vecinos de Jérica.
La imagen es un relieve busto de la Virgen, labrado, según la tradición, por fray Bonifacio Ferrer, hermano de San Vicente, monje de la Cartuja de Valldecrist.
La imagen, es un bajo relieve de yeso de 20 cm de alto por 10 de ancho, en cuya parte superior se forma una corona de rayos que se estrecha como la tercera parte de su altura total formando dos ligeras curvas. Representa el rostro anciano de la Virgen con traje de viuda, sobretoca, con el rostro y el cuello descubierto, bajo el cual abrocha la toca.
Llama la atención que la imagen, aun siendo de yeso, no se deteriora por la humedad con el paso del tiempo, pese a que la cueva en la que esta ubicada, presenta una humedad harto apreciable, deteriorando todo objeto de hierro o madera que en ella se deposita.
El vandalismo ocurrido durante la Guerra Civil Española, también llegó hasta el Santuario Mariano, donde los restos de Fray Bonifacio Ferrer fueron expoliados, y la Imagen que desde el siglo XV había permanecido presidiendo la Santa Cueva, partida en varios trozos. Al terminar la contienda, una familia valenciana donó otra Imagen, que por tradición familiar había pertenecido a estos desde los tiempos del Venerable Padre Cartujo, al que se le construyó, en 1955, una estatua, donde desde un lugar privilegiado contempla la Calderona, al tiempo que observa su Cartuja, lugar donde fue enterrado.
El 19 de mayo de 2011 fueron robadas la recaudación y la imagen de la patrona que, pese a ser una copia de la década de 1940 tiene un fuerte valor sentimental para los feligreses de la diócesis.
Irrumpe con gran fuerza la devoción hacia la Cueva Santa en tiempos de Felipe II, impulsada por los prodigios que se atribuían a sus aguas, lo que llevó a grandes concentraciones de gentes y a la necesidad de estructurar todo lo relacionado con el incipiente culto y devoción del lugar.
Durante el pontificado de Ruiz de Liori (1579-1582) empezó a tener renombre la imagen de la Cueva Santa en su intervención en rogativas solicitando lluvia, lo que impulsó el canónigo Jerónimo Decho y su familia, que era la propietaria del lugar donde estaba la cueva con la imagen, construyendo un pequeño altar y una reja que lo cerrase, e iniciando la celebración de cultos en aquella estancia.
Quizás sea desde entonces que los niños cantasen aquello de :
“Que llueva, que llueva,
la Virgen de la Cueva...”
La Virgen de la Cueva Santa es desde 1955 patrona de los espeleólogos españoles, y desde 1961 patrona de la diócesis de Segorbe-Castellón juntamente con San Pascual Bailón. El día 8 de Septiembre de 1988 se celebró la Coronación canónica de la Virgen de la Cueva Santa.
Nota de J.L.S.: Texto de la iglesia ortodoxa
En el icono de la Entrada de la Theotokos en el Templo de la Santísima Virgen está representado el relato evangélico del acontecimiento que tuvo lugar después de la Entrada de la Theotokos en el Templo de la Santa Señora, cuando ésta tenía tres años. Los padres de la Santísima Virgen, los justos Joaquín y Ana, que no tenían hijos, rezando por un niño, hicieron un voto a Dios, de que si nacía un niño lo dedicarían a servir a Dios. Así que tuvieron una hija, cuyo nombre era María.
Cuando María tenía tres años, sus rectos padres la vistieron con sus mejores ropas y encendieron velas y la llevaron al templo de Jerusalén. Los altos escalones de piedra conducían al templo. Inesperadamente, María, de tres años, subió los peldaños sola, sin ayuda de los adultos. Entonces el sumo sacerdote, atraído por la inspiración, la tomó de la mano y la condujo no sólo al templo, sino también al "Santo de los Santos", el lugar del templo al que sólo tenía derecho el sumo sacerdote una vez al año. Todos los que estaban en el templo se maravillaron ante este extraordinario acontecimiento.
En el templo de Jerusalén, la Santísima Virgen se educó en la sociedad de las vírgenes piadosas, leyó diligentemente las Sagradas Escrituras, hizo labores de aguja, rezando constantemente y creciendo en el amor a Dios. Ella permaneció en el templo hasta los catorce años, edad en la que, según la ley, ya no podía permanecer en el templo. Los sacerdotes querían casarla, pero ella declaró su promesa a Dios: mantener su pureza y seguir siendo virgen. Entonces los sacerdotes la desposaron con José, un pariente lejano de ochenta años, para que la cuidara y protegiera su virginidad.
Ante el icono de la Presentación de la Theotokos se reza por la curación de diversas enfermedades.
Oración ante el icono de la Theotokos de Nuestra Señora de la Presentación de la Theotokos al Templo
¿A quién voy a llorar, oh Madre de Dios, a quién voy a recurrir en mi dolor, sino a Ti, Reina del Cielo?
¿Quién escuchará mi grito y recibirá mis suspiros, sino tú, Inmaculada, esperanza de los cristianos y refugio de nosotros los pecadores?
¿Quién mejor para protegerte en la adversidad?
Escucha mi lamento e inclina tu oído hacia mí, oh Madre de mi Dios.
No me desprecies cuando busco tu ayuda y no me rechaces, oh Reina del Cielo.
Enséñame a hacer la voluntad de tu Hijo y dame el deseo de seguir siempre sus santos mandamientos. Por mis murmuraciones en la enfermedad, el trabajo y la angustia, no te alejes de mí, sino conviértete en mi Madre y protectora de mi débil alma, oh Reina de mi buena voluntad, y mi fiel intercesora. Por tu intercesión cubre mis pecados, protégeme de los enemigos visibles e invisibles, ablanda los corazones de los que se oponen a mí y caliéntalos con el amor de Cristo.
Pero concédeme, cuando sea débil, Tu ayuda omnipotente para superar mis hábitos pecaminosos, para que pueda pasar el resto de mis días en la tierra en comunión con la santa Iglesia, purificado por el arrepentimiento y la vida virtuosa que le sigue. Ponte delante de mí, oh esperanza de todos los cristianos, en la hora de mi muerte, y fortalece mi fe en la hora grave de mi muerte. Asigna a mí, que he pecado mucho en esta vida, tus oraciones omnipotentes por mi partida, para que el Señor me justifique y me haga partícipe de sus infinitas alegrías. Amén.
Traducción realizada con la versión gratuita del traductor www.DeepL.com/Translator