23 de marzo de 2026

Nuestra Señora del Líbanoy su "giro"


Traducido y adaptado del sitio Ici Beyrouth:

Las maravillas realizadas por la Virgen María en el Líbano son imposibles de enumerar. ¿Quién puede dudar ni por un segundo del papel que desempeñó, por ejemplo, junto a San Charbel y otros gigantes de la santidad, luminarias que iluminan la noche de nuestra fe? Las Iglesias aún tienen que descubrir una de las figuras más impactantes de nuestro tiempo en la persona de Mathilde Riachi. Esta mujer analfabeta descifró la estructura trinitaria de las letras del alfabeto árabe y supo inspirar al filósofo cristiano libanés Kamal Youssef el-Hage algunas de sus páginas más profundas. "Baja de la cruz y te creeremos", le gritaron a Cristo crucificado para burlarse de él. También con burlas se recibió inicialmente el apostolado de oración puesto en marcha por esta visionaria, cuyas advertencias y alertas contra la guerra del Líbano fueron tomadas a la ligera y quedaron en parte sin efecto.

Desde el amanecer hasta el atardecer, la Santísima Virgen no escatimó esfuerzos durante la guerra civil para hacerse presente ante decenas de miles de libaneses en la persona de Mathilde Riachi, cuya acogida, memoria, oraciones y sacrificios aún esperan la investigación de la Iglesia greco-católica. Cómo olvidar, en un momento en que nuestras fronteras están expuestas al peligro, que una formidable barrera de pequeñas cruces de estaño, enterradas en la tierra por Mathilde Riachi en todo el Líbano en los años 70, sigue protegiéndolo de forma invisible, por medios tanto humanos como misteriosos.

"¡El Líbano me pertenece!", llegó a decir, en nombre de la Santísima Virgen, esta visionaria. No es otra cosa lo que dice su estatua instalada en Harissa, el santuario fundado en 1908 en honor al dogma de la Inmaculada Concepción. Y no hay nada demasiado grande que la Virgen María no hiciera para salvar a su patria de la desaparición. Que las carmelitas de clausura de Harissa les cuenten la asombrosa historia de la maternal visita que les hizo en plena "guerra de liberación", cuando los proyectiles disparados por el ejército sirio, apostado en Ouyoun el-Simane, pasaban por encima de sus cabezas.

Era el 6 de mayo de 1989. Hacia las 14:00 horas, se oyen intensos disparos de ametralladoras en Jounieh, y las monjas, confinadas en su convento y sin atreverse a subir a las terrazas, piensan: "Es una boda o un funeral" (*). Pero hacia las 16:00 horas, suena inesperadamente el teléfono. Al otro lado de la línea, la superiora del Carmelo oye a una señora decirle: "Madre, ¿no ve que la Virgen está girando?", un arabismo que significa que la estatua de la Virgen de Harissa se anima y gira por momentos en diferentes direcciones.

Ante la respuesta incierta, pero caritativa, de la superiora del monasterio, la española Teresa de Jesús, la mujer repite, con entusiasmo en su voz: "Sí, sí, madre, se lo aseguro, vaya a ver, la Virgen lleva dos horas girando. ¿No ha oído las ametralladoras que lo anunciaban?". La madre Teresa no sabía que en el Líbano se anuncian estas cosas con ametralladoras.

Por pura caridad, la superiora decide ir a ver por sí misma y se dice a sí misma: "¡La Virgen se está girando! ¡Qué sufrimiento!". Al no ver nada extraordinario, y siendo ese día el primer sábado del mes, propone a las religiosas que se sitúen en una ventana del monasterio desde donde se ve la estatua de la Virgen y recen el rosario por la paz.

Llevaban allí unos instantes, recitando tranquilamente su rosario, cuando, para su total sorpresa, las monjas vieron que la estatua de la Virgen de Harissa cobraba vida, se volvía hacia ellas como una persona viva y avanzaba hacia el monasterio. La visita despertó un indescriptible concierto de oraciones, súplicas, cánticos y exclamaciones. La visión permaneció allí, sonriente, durante unos minutos, antes de abandonarlas y volver a su lugar en lo alto de la torre de Harissa. 

"Era algo que no se puede expresar, que flotaba, vivo, sonriente", explicaría la madre Teresa de Jesús al narrador. "Solo la vimos de busto, como en un medallón. Estaba a unos cuatro metros de la ventana. Estaba allí. Nada de piedra. Su velo se movía. Era Ella, no una nube. Algo vivo, y lo que más nos atrajo fue su sonrisa. Y cantábamos. Ella no dijo nada, pero lo que sentimos en lo más profundo de nuestro corazón fue: 'No temáis, ¡yo estoy aquí!'. Sonreía, estaba tranquila, y nosotras aún más. Pero no se puede explicar". Sí, evitemos explicaciones innecesarias y sepamos de una vez por todas que en el Líbano, cuando la Virgen "aparece", el mundo entero se vuelve hacia Ella, que su intercesión es todopoderosa y que tiene en sus manos la llave de la paz, siempre y cuando accedamos a sus peticiones.

(*) El relato completo de este episodio de la guerra se recoge en la obra 
Devastación y redención, relato de las apariciones de la Virgen en tiempos de guerra. 
Publicaciones del Instituto de Estudios Islámico-Cristianos de la Universidad Saint-Joseph
Prólogo de René Laurentin
(agotado, en proceso de reimpresión)

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