6 de julio de 2018

Nuestra Señora de Akita

Del sitio de la Virgen de Garabandal
 
Las Apariciones de la Virgen Maria en Akita están aprobadas por la Iglesia. Sus mensajes y profecías son una continuación del mensaje de Fátima y Garabandal.

El 22 de Abril de 1984, Monseñor John Shojiro Ito, Obispo de Niigata, Japón, declaró que las Apariciones de Akita, Japón, son de origen sobrenatural y autorizó en toda la Diócesis la veneración de la Santa Madre de Akita.

Las Apariciones de la Virgen Maria en Akita están aprobadas por la Congregación para la Doctrina de la Fe desde Junio de 1988. El Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, dió un juicio definitivo a favor de las Apariciones de la Virgen Maria en Akita y sobre los mensajes considerándolos auténticos y dignos de ser creídos y también dijo que "El mensaje de Akita es el mensaje de Fátima".

Las Siervas de la Eucaristía están en una aldea de Yuzawadai, del pueblo de Soegawa, en la ciudad de Akita. Japón es el país donde San Francisco Javier realizó una extraordinaria labor de evangelización en el siglo XVI, donde los cristianos han sufrido crueles persecuciones, con un buen número de mártires, dando como fruto comunidades de creyentes donde la fe permanece viva.

Una de estas comunidades es la del Instituto de las Siervas de la Eucaristía, en Akita. En los años sesenta, un sacerdote alemán regaló una estampa con la imagen y la oración de Nuestra Señora de Todos los Pueblos, traducida al japonés, al pequeño convento situado en el norte del Japón. Después de la milagrosa sanación de una novicia a través de la oración de la estampa, la superiora del claustro quiso expresar su gratitud y encargó a un escultor budista de tallar en madera una réplica exacta de la imagen de Amsterdam. Esta talla de la Corredentora mide casi un metro de alto y, al igual que la original, representa a María, de pie, sobre el globo terráqueo, con los brazos abiertos y extendidos hacia abajo, y delante de la cruz, la cual está puesta sobre la Tierra. 
 
Los extraordinarios acontecimientos de Akita comenzaron en 1969 cuando la hermana Agnes Katsuko Sasagawa, entonces postulanta de las Siervas de la Eucaristía, recibió un mensaje mientras se encontraba rezando el Rosario. Un ángel apareció ante ella y le dijo que rezara al final de cada decena del Rosario: "Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados; líbranos del fuego del infierno; lleva a todas las almas al cielo, especialmente a las más necesitadas de tu Misericordia."

Esta oración era desconocida para la Hermana Agnes, es la misma que la Virgen enseñó a las Niñas de Fátima en 1917. Los mensajes de Akita tienen relación con lo profetizado en Fátima.

En 1973, la Bendita Virgen María dió a la Hermana Agnes Katsuko Sasagawa tres mensajes por medio de una imagen de Nuestra Señora de todos los Pueblos. Bañada en una luz brillante, la imagen se volvió viva y le habló con una voz de una belleza indescriptible. Su ángel de la guarda también se le apareció y le enseñó a rezar. 
 
La imagen milagrosa es una estatua de madera que fue tallada por Saburo Wakasa, budista japonés, inspirándose en una imagen de Nuestra Nuestra Señora de Todos los Pueblos y agregando rasgos japoneses al rostro. Tiene tres pies de altura y fue esculpida de una sola pieza de madera de un árbol de Katsura.

La imagen de la cual salió la voz de la Virgen María lloró ciento un veces en un periodo de varios años. También sudó abundantemente y el sudor emanaba un dulce perfume. La palma de su mano derecha sangró de una herida que tenía la forma de la cruz.

Cientos de personas presenciaron estos sucesos. Un análisis de la sangre y las lágrimas de la imagen realizado por el profesor Sagisaka de la facultad de Medicina Legal de la Universidad de Akita, confirmó que el sudor, la sangre y las lágrimas eran humanas.

La hermana Agnes también recibió la estigmata en la palma de su mano derecha. Una mujer coreana con cáncer terminal en el cerebro recibió sanación inmediata cuando estaba rezando ante la imagen en 1981. El milagro fue confirmado por el Dr. Tong-Woo-Kim del Hospital de San Seoul y por el Padre Theisen, presidente del Tribunal Eclesiástico de la Archidiócesis de Seoul. El segundo milagro fue la completa curación de una sordera total que sufría la Hermana Agnes.

En junio de 1973, los días 12, 13 y 14, siendo sor Inés Sasagawa ya religiosa, vio unos rayos luminosos que salían del sagrario de la capilla. El domingo 24 de junio, los rayos luminosos estaban todavía más brillantes. El 28 de junio, una herida en forma de Cruz se formó en la palma de la mano izquierda de sor Inés Sasagawa. Esta le causaba un dolor muy vivo. El 5 de julio, los dolores de la herida en la palma de sor Inés recrudecieron y sus compañeras le aconsejaron descansar un poco; sin embargo, siguió trabajando y ocupándose de la sacristía de la capilla. El viernes 6 de julio de 1973, a las tres de la mañana, su ángel de la guarda se le aparece y le dice: "No temas. Soy el que está a tu lado y te guarda. Ven y sígueme. No reces únicamente por tus pecados, sino en reparación por los pecados de la humanidad. El mundo actual hiere al Sacratísimo Corazón de Jesús con sus ingratitudes y sus ultrajes. La herida de la mano de la santísima virgen María es mucho más profunda que la tuya. Ahora vamos hacia la capilla."

Al llegar a la capilla, el ángel desaparece. Sor Inés se arrodilla delante del altar, frente al sagrario, en adoración profunda. Luego se acerca a la estatua de la Virgen María para mirar la herida que la imagen presenta en la mano. Apenas lo hace, escucha una voz dulce proveniente de la estatua. Sor Inés era sorda, pero de una manera milagrosa recibe un primer mensaje de la Virgen:

"Hija mía, mi novicia, tu me has obedecido bien en abandonarlo todo para seguirme. ¿Es dolorosa la enfermedad de tus oídos? Tu sordera será sanada te lo aseguro. Ten paciencia. Esta es la última prueba. ¿Te causa dolor la herida de tu mano? Reza en reparación de los pecados de los hombres. Cada persona en esta comunidad es mi hija. ¿Dices bien la oración de las siervas de la Eucaristía? Entonces recémosla juntas:   
 
Sacratísimo Corazón de Jesús, verdaderamente presente en la Sagrada Eucaristía, 
Yo consagro mi cuerpo y mi alma para que sea enteramente Uno con tu corazón 
que esta siendo sacrificado en todos los altares del mundo y dando alabanza al Padre, 
rogando por la venida de su Reino. 
Recibe este humilde ofrecimiento de mi ser. 
Haz de mi como Tu quieras para la Gloria del Padre y la salvación de las almas. 
Santísima Madre de Dios. Nunca dejes que me separe de tu Divino Hijo. 
Defiéndeme y protégeme como hija tuya. 
Amen"

"Reza mucho por el Papa, los Obispos y los Sacerdotes."


Ese mismo día, 6 de julio de 1973, la herida en forma de cruz que apareció en la mano derecha de la estatua de la Virgen comienza a sangrar.

El 25 de julio, Monseñor Ito se dirige al convento para verificar el sangramiento en la mano de la estatua. Al día siguiente, la mano de la imagen sangra de nuevo. Esta vez la sangre es más abundante y oscura. Ese día sor Inés sintió un dolor violento en la herida de la palma de su mano. El día siguiente, viernes 27 de julio, el ángel le dijo: "Tus dolores terminarán hoy. Guarda con mucho celo el recuerdo de la sangre de María y grábalo en tu corazón. La herida de María tiene un significado muy importante: Ha sido hecha para obtener vuestra conversión, para implorar la paz, para reparar las ingratitudes, ofensas, ultrajes e injurias que Dios recibe. Tengan en gran estima la devoción a la preciosísima sangre de Cristo".

El 3 de agosto de 1973, sor Inés recibió el segundo mensaje: "Hija mía, mi novicia, ¿amas al Señor? Si tu amas al Señor escucha lo que te tengo que decir. Es muy importante. Se lo comunicarás a tu Superior. Muchos hombres en este mundo afligen al Señor. Yo deseo que las almas le consuelen para suavizar la ira del Padre Celestial. Yo deseo, con mi Hijo, almas que reparen con sus sufrimientos y pobreza por los pecadores y los ingratos. Para que el mundo se de cuenta de su ira, el Padre Celestial está preparando para infligir un castigo a toda la humanidad. Con mi Hijo, Yo he intervenido tantas veces para apaciguar la ira del Padre. Yo he prevenido la venida de calamidades ofreciéndole los sufrimientos del Hijo en la Cruz, Su Preciosa Sangre, y amadas almas que le consuelan y forman un ejército de almas víctimas. La oración, la penitencia y los sacrificios pueden apaciguar la ira del Padre. Yo deseo esto también desde tu comunidad; que amen la pobreza, que se santifiquen y recen en reparación por la ingratitud y los ultrajes de tantos hombres. Reciten la oración de las Siervas de la Eucaristía con conciencia de su significado, pónganla en practica. Ofrezcan en reparación de los pecados. Que cada una se esfuerce de acuerdo a su capacidad y posición, de ofrecerse enteramente al Señor. Aun en un Instituto secular es necesaria la oración. Ya muchas almas que desean rezar están en el camino de ser reunidas. Sin ponerle mucha atención a la forma, sean fieles y fervientes en la oración para consolar al Maestro."

Después de un silencio le dijo: "¿Es verdad lo que piensas en tu corazón?, ¿Estás verdaderamente decidida a convertirte en piedra rechazada?. Mi novicia, ¿deseas pertenecer sin reservas al Señor, ser la Esposa digna del Esposo, hacer tus votos sabiendo que debes ser adherida a la Cruz con tres clavos?. Estos clavos son: pobreza, castidad y obediencia. De los tres, la obediencia es el fundamento. En total abandono, déjate guiar por tu superior. El sabrá como entenderte y dirigirte."

El sábado 29 de setiembre de 1973, fiesta del glorioso san Miguel Arcángel, Patrón del Japón, los milagros de la estatua de la Santa Virgen María se multiplicaron. Mientras sor Inés rezaba el Rosario con otra hermana, la estatua resplandecía con rayos luminosos como envuelta en una luz toda blanca. Al terminar la oración, sor Inés notó que la herida de la mano de la estatua había desaparecido completamente. Lo que la sorprende todavía más, es que ella había recuperado la salud. Pero aparece un hecho nuevo: Un líquido grueso y espeso, que se parece al sudor, sale de la estatua. Sor Inés y cuatro de sus compañeras se ocupan de secar ese sudor con gasas y algodones. Una vez seca la estatua, los algodones exhalaron un perfume inefable que olía a rosas, a lirios, violetas, o a todas las flores juntas. Toda la capilla se llenó pronto de este suave olor. Este perfume duró hasta el 16 de octubre, fecha en que el ángel le había anunciado que cesaría.

El 13 de octubre de 1973, la Virgen le da el tercer mensaje a Sor Inés: "Mi querida hija, escucha bien lo que tengo que decirte. informarás de esto a tu superior."  Si los hombres no se arrepienten y se mejoran a si mismos, el Padre infligirá un castigo terrible sobre toda la humanidad. Este será un castigo mas grande que el diluvio, tal como nunca se ha visto antes. Fuego descenderá del cielo y destruirá una gran parte de la humanidad, los buenos también como los malos, ya sean sacerdotes o fieles. Los sobrevivientes se encontrarán tan desolados que envidiarán a los muertos. Las únicas armas que permanecerán para ustedes serán El Rosario y el Signo dejado por mi hijo. Cada uno recitará las oraciones del Rosario. Con el rosario recen por el Papa, los Obispos y los sacerdotes." . El trabajo del demonio se infiltrará dentro de la Iglesia de tal forma que se verá cardenales oponiéndose a otros cardenales, obispos en contra de obispos. Los sacerdotes que me veneren serán despreciados y marginados por otros sacerdotes. Las iglesias y los altares serán saqueados. La Iglesia estará llena de aquellos que aceptan componendas y el demonio buscará que muchos sacerdotes y almas consagradas dejen el servicio del Señor. El demonio será especialmente implacable contra las almas consagradas a Dios. El pensamiento de la perdida de tantas almas es la causa de mi tristeza. Si los pecados aumentan en número y en gravedad, ya no habrá perdón para ellos. Recen mucho las oraciones del Rosario. Solo yo puedo todavía salvarles de las calamidades que se acercan. Aquellos que ponen su confianza en mi serán salvados."

El 6 de julio de 1973, la voz que salía de la estatua le había dicho a sor Inés: "La enfermedad de tu sordera, ¿te hace sufrir? Tú sanaras, ciertamente". El día 13 de octubre de 1974, mientras oraba ante el Santísimo Sacramento, sor Inés fue instantáneamente sanada de su sordera. La hermana misma telefoneó a monseñor Ito y le habló como una persona normal que no había estado enferma. El día siguiente, el médico dio este diagnóstico: "Facultad de oír normal". Esta recuperación del oído le duró a sor Inés seis meses, luego ella volvió a estar sorda otra vez. Dios le pidió que hiciera el ofrecimiento de ese sacrificio. Pero nueve años más tarde ella sanaría definitivamente por un milagro de la Eucaristía, el último domingo del mes de mayo en 1982, día de Pentecostés, durante la bendición con el Santísimo Sacramento.

Pero los sucesos no terminaban aún. A partir del 4 de enero de 1975 comienza la lacrimación de la estatua hasta el 15 de septiembre de 1981. Monseñor Ito fue testigo ocular de las lágrimas derramadas por los ojos de la estatua que lloró 101 veces. El día que comenzó la lacrimación, el ángel se apareció a sor Inés y le dijo: "No te sorprendas de ver a la Santísima Virgen María llorar. Una sola alma que se convierta es preciosa a su Corazón. Ella manifiesta su dolor para avivar vuestra fe, siempre tan inclinada a debilitarse. Ahora que habéis visto sus preciosas lágrimas y, para consolarla, habla con valor, extiende esta devoción por su gloria y la de su Hijo".

Almas reparadoras, almas orantes, como en Fátima, pide la Virgen. Lágrimas y sangre derrama su imagen, la imagen de Nuestra Señora de Todos los Pueblos, quien le reveló a Ida Peerdeman, en Amsterdam, que un día 31 de mayo la Iglesia proclamaría el último dogma mariano: María Corredentora, Medianera y Abogada. Su mano está traspasada. Su Corazón Inmaculado es fiel reflejo del de su Divino Hijo.

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