22 de septiembre de 2026

Nuestra Señora de los Dolores de los Agonizantes


 
Traducido y adaptado de Il Timone:

La devoción hacia la Virgen de los Dolores de los Agonizantes tiene su origen en uno de los episodios más impactantes de la historia religiosa romana. Las crónicas de la época relatan que el 11 de julio de 1796, mientras Roma vivía días dramáticos marcados por el avance napoleónico y la proliferación de prodigios marianos en la ciudad, un sencillo sacerdote, don Pietro Meli, se encontraba orando en el oratorio de la Archicofradía.

La imagen de la Virgen de los Dolores no era particularmente conocida ni venerada: se trataba de un cuadro antiguo, ennegrecido por el paso del tiempo, colgado casi sin prestar especial atención en una pared lateral del oratorio. Justo mientras rezaba, el sacerdote vio de repente que la pupila del ojo izquierdo de la Virgen se levantaba lentamente bajo el párpado y luego volvía a su posición original. Temiendo que se tratara de una ilusión, apartó la mirada y volvió a observar la imagen: el movimiento se repitió varias veces ante sus ojos.

En poco tiempo acudieron sacerdotes, cofrades y gente del pueblo, y todos afirmaron ver claramente el mismo prodigio: los ojos de la Virgen parecían moverse, levantarse hacia el cielo y, a veces, dirigirse hacia los fieles. Los testimonios hablan de una multitud profundamente conmovida, entre llantos, oraciones e invocaciones a la Virgen. Según las actas procesales de la época, el fenómeno habría continuado durante meses, hasta diciembre de 1796, involucrando a miles de romanos y a numerosos eclesiásticos.


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