Del sitio El Territorio:
Un pequeño cuadro de 20 por 24 centímetros de lado, apenas más grande que una baldosa, se exhibe en el museo de Luján. Es un retrato de la virgen María y fue firmada por el nativo Habiyú, en la reducción de la Anunciación de Itapúa (actual Posadas) en 1618.
Roque González, su fundador, era entonces un joven (26) misionero jesuita nacido en Asunción y cuentan las crónicas que atravesaba montes y selvas de la provincia llevando siempre consigo un lienzo con la imagen de la Virgen (la Inmaculada Concepción) que había pintado su par: el padre Bernardo Rodríguez.
Se ha vinculado al cuadro de Habiyú con otro, lejano, pintado por El Greco.
El Greco (1541-1614) había nacido en Creta (de allí su apodo), se nutrió de fuentes bizantinas y su arte se consolidó cuando llegó a Venecia. Su nombre era Domenico Theotokópoulos, curioso apellido que remite etimológicamente al “útero de Dios” que es como se denominaba en griego antiguamente a María.
Resulta improbable que Habiyú conociera esa obra, un óleo sobre lienzo, datado entre 1595 y 1600, cuyas medidas son apenas mayores (52 por 41centrímetros).
Posiblemente Habiyú se haya guiado por la Conquistadora (como se llamaba entonces en América a María) que portaba Roque González, o que una mano europea haya realizado previamente el esbozo en lápiz, o que Habiyú fuera guiado por descripciones del jesuita que, además, buscó seguramente el paralelismo entre el nombre de la reducción y el episodio de la Anunciación. El parecido de ambas obras resulta sin embargo llamativo.
Desde la Fundación Amigos del Museo del Prado informan que probablemente la pieza de El Greco proceda de Toledo, y explican: “La efigie sigue un modelo femenino frecuente en El Greco: una adolescente de óvalo facial almendrado, ojos grandes y oscuros que destacan sobre la blanca tez. Se cubre con un velo fino, el manto azul y la túnica carmesí. El contorno de todo el busto se perfila por el halo luminoso que envuelve a la Virgen y la destaca sobre el fondo grisáceo. Tanto las reducidas dimensiones como la visión muy cercana de la figura están pensadas para buscar la complicidad del espectador, la proximidad devocional del creyente. La tela es una réplica con participación de taller del ejemplar que se conserva en el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo y ambas versiones se inscriben en una iconografía mariana muy frecuente en los siglos XV y XVI, la llamada Verónica de la Virgen".
Como han afirmado los cronistas de Indias a lo largo del tiempo, "aunque es forzoso reconocer que muchos de los conquistadores españoles no estuvieron exentos de graves defectos, es incontestable que casi todos eran hombres de arraigada fe y además fervientes devotos de la Virgen María". ¿Cuál era la Virgen María que latía en la fe de los conquistadores? Es conocida la devoción de Colón, en cuyo estandarte estaban impresas las imágenes de Jesús y de María, y la de Hernán Cortés que llevaba sobre su pecho una cadena de oro con la imagen de la Virgen.
Al llegar a las nuevas playas, María adquirió inmediatamente una original configuración, cuya expresión más típica y al mismo tiempo la más ambigua, será la de ser considerada como “La Conquistadora”. Así se denominará ya en los primeros años a la Virgen llevada por los mercedarios y es el mismo nombre que el jesuita Roque González daba a la imagen de la virgen, que llevaba en todas sus expediciones apostólicas en medio del mundo guaraní.
Impulsada por difundir la iconografía de Posadas, la artista plástica y docente misionera, Teresa Warenycia halló en 2009 la obra de Habiyú en el Museo de Luján. “Nos ubica en el Siglo de Oro de la pintura española -explicó oportunamente Warenycia-, que proporcionó a la Iglesia católica recursos plásticos para difundir su doctrina. Roque González había hecho pie en nuestro territorio, en 1615, para establecer la Reducción Nuestra Señora de la Anunciación de Itapúa precisamente tres años antes de la datación de la pintura."
"Según las crónicas, continuó Warenycia, el jesuita trasladó la Misión a la otra banda del río en 1621; por lo tanto en 1618 la obra se ubica en territorio posadeño”. Y cita a Furlong: “Ninguna de las telas que estos artistas hicieron en esos pueblos indígenas ha llegado hasta nosotros, pero sí una que atribuimos a un discípulo de ellos: representa a Nuestra Señora y al dorso de ésta se lee: J. M. Cabiyú. Fecit in Itapúa, 1618. Habiyú, o Kabiyú, aborigen que pintó la virgen en la Reducción de Anunciación de Itapúa a instancias del Padre Verger en base a una estampa de El Greco”.
El investigador Julio Cantero sostiene en su artículo Habiyú ¿el primer
pintor posadeño y rioplatense?: “En el Museo Udaondo en Luján se
conserva un imagen que ha despertado admiración y polémica entre los
investigadores. Se trata de una pintura al óleo sobre tela, de pequeñas
dimensiones, es un retrato de la virgen María, que para el académico
Darko Sustersic constituye la primera pintura de la historia del arte
rioplatense. La obra, de inicios del siglo XVII en la que intervino un
autor guaraní, es de incalculable valor artístico. Se realizaron
estudios sobre el lienzo y sus componentes, además de restauraciones, y
se descubrieron dos datos significativos. En primer lugar, la fecha de
la obra, 1618, que era cuestionada porque se decía que la correcta
lectura debía ser 1718. Se afirmaba que la grafía con la que estaba
consignada era propia del siglo XIX, pero en un proceso de restauración
se retiró la parte posterior del cuadro (tapa), descubriéndose entonces
que la obra lleva en su dorso la firma del autor y la fecha, y en una
caligrafía que podría considerarse propia del siglo XVII. En segundo
lugar, se conoció, tras un estudio realizado con fotografía infrarroja,
que debajo de la pintura existe un esbozo a lápiz que habría servido de
guía al pintor”.

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