31 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón"

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena"

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret"

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes"

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor...

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías"

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo"

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera.

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes! 

30 de enero de 2026

Icono de Nuestra Señora Madre de Dios Soberana


 Del sitio Imágenes Sagradas:

El hallazgo del ícono de la Virgen coincidió con un acontecimiento crítico de la historia rusa del siglo XX – la abdicación del emperador Nikolás II al trono, convocado por la revolución de febrero de 1917. El encuentro del ícono y el renunciamiento del soberano – significó para muchos creyentes - que la Madre de Dios tomó bajo su protección al pueblo, al cual  le había sido quitado su zar. El ícono es llamado “Soberana”,  porque la Virgen  es representada con los signos del poder zarista – el cetro y el orbe -.

El ícono de la Madre de Dios, Soberana  es  uno de los más venerados, a pesar de que el mismo ha sido incluido en forma tardía en la lista de los íconos milagrosos.

Sucedió en 1917. Una campesina de nombre Evdokia Adrianova tuvo dos visiones.

El 13 de febrero (según el estilo antiguo), se le apareció en un sueño  la Madre de Dios, y le dijo que en Kolomenskoye, (antigua residencia suburbana de los grandes duques y zares de Rusia), había un ícono negro,  y  ante el cual había que orar. El 26 de febrero en un segundo sueño,  la campesina  vió a una mujer  sentada en un trono de una iglesia blanca. Evdokia fue a Kolomenskoye,  en donde vió  la Iglesia blanca de la Ascensión. El sacerdote de aquel templo, escuchó  la historia sobre los sueños, y le mostró a la campesina todos los íconos de la Madre de Dios, pero  ninguno era parecido a la visión que tuvo.

Y entonces el padre le permitió mirar en el campanario, en los armarios, e incluso en el sótano. Pero sobre una tabla negra, encontrada en el sótano, hallaron la imagen de la Madre de Dios. Estaba sentada sobre el trono como una reina terrenal con los signos del poder imperial, y en las manos  sostenía al  Niño Jesús bendiciendo. El rumor  del hallazgo del ícono se difundió en  toda la Rusia, y en particular en Moscú. El ícono  era invitado a visitar fábricas y otros lugares.

Históricamente el ícono de la Madre de Dios, Soberana pertenecía al monasterio femenino de la Ascensión que se encontraba en el Kremlin.

Ante la invasión napoleónica de 1812 se tomaron medidas  para guardar todas las reliquias sagradas de Moscú. Y así  fue que el ícono fue  abandonado por largo tiempo en Kolomenskoye.

Tras el cierre de la Iglesia de la Ascención, los bolcheviques  depositaron  el  ícono en el Museo Estatal de Historia. En 1990, el ícono fue devuelto a Kolomenskoye. Hoy se encuentra en la Iglesia de la Virgen de Kazán en Kolomenskoye,  atrayendo   los corazones de muchos moscovitas ortodoxos. En 2008 el ícono visitó el centro de la diáspora rusa en Europa, América y Australia.

09 - abril - 2017 

29 de enero de 2026

Nuestra Señora de la Gracia de Carmona


Adaptado del sitio Hermandad de Nuestra Señora la Santísima:

El origen de la devoción de la Imagen de la Santísima Virgen de Gracia se remonta a finales del Siglo XIII, concretamente, se cita la fecha de 1290, cuando tras la reconquista de Carmona, la leyenda dice que un pastor descubrió la Imagen en un lugar y cueva escondido en el que se había depositado 400 o 500 años atrás para que no llegara a manos de los musulmanes.

El pastor dio aviso al clero y se difunde la noticia por la ciudad, yendo todos al lugar en el que la Sagrada Imagen se hallaba y esta fue llevada al pueblo en procesión. A la mañana siguiente, la Imagen apareció milagrosamente en la cueva donde fue hallada.

Esto se interpreta como la intención de la Imagen de permanecer en dicho lugar, para ello se construye allí una ermita donde se comenzó a rendirle culto a esta Imagen bajo la advocación de la Virgen de Gracia.

 En los siglos posteriores la devoción a la Virgen de Gracia va creciendo lentamente y convive con otras devociones existentes en Carmona, como Nuestra Señora del Real y la Virgen de la Antigua. El gran impulso a la devoción a la Virgen de Gracia comienza en 1477, cuando Isabel la Católica, patrona de la ermita, nombra a los monjes ermitaños jerónimos de San Isidoro del Campo administradores y capellanes de la ermita, con la idea de fundar en él un monasterio.

Esto le otorgó un capital humano importante que apoyaba la devoción a la Sagrada Imagen. En el siglo XVI se había establecido de forma predominante la devoción y el culto a la Imagen de la Virgen de Gracia entre las advocaciones marianas de la Ciudad de la Carmona, en parte, gracias al cuidado culto de los jerónimos y a los continuos milagros que se le acechan. Para entonces, la imagen deja de contemplarse como una talla sedente de pequeño formato para completarse con el armazón con el que hoy se presenta, adquiriendo un ajuar textil y suntuario de importante envergadura.

El 19 de febrero de 1805 el Sumo Pontífice Pío VII confirma el "indulto de venerar" como Patrona principal a la Santísima Virgen María, bajo el Título de Gracia para la Ciudad de Carmona. Esto se debió a que el 16 de noviembre del año anterior, el Consejo de Carmona acuerda elegir y nombrar en solemne voto perpetuo a Nuestra Señora de Gracia como Patrona principal y titular de esta ciudad, a expensas de la confirmación del Papa. Este nombramiento venía a confirmar lo que era ya una realidad en la ciudad de Carmona desde 1653, cuando así se eligió por unanimidad de sufragio. 

Los monjes jerónimos permanecieron en la ermita de Nuestra Señora de Gracia hasta el año 1835, cuando tras la exclaustración de determinados monasterios y conventos con la conocida Desamortización de Mendizábal, el Cabildo de la Ciudad de Carmona acuerda traer la imagen a la Iglesia Prioral de Santa María, ocupando el lugar que tradicionalmente la Virgen ocupaba en la ciudad cuando subía. Con esto se conseguía la satisfacción de los clérigos y el pueblo en general al acercar a su Patrona a sus casas y a sus vidas. Con ello, el Ayuntamiento consigue un deseo acariciado durante mucho tiempo, y llega a considerar la titularidad de la Imagen como un bien de la Ciudad, y que a ellos como gobierno les tocaba decidir sobre ella, no a los jerónimos.

A partir de entonces, la organización de los cultos en honor a la Patrona de Carmona y la canalización de la devoción en torno a esta Imagen se llevará a cabo bajo la dirección del clero de la ciudad con la ayuda y colaboración del pueblo entero y del Ayuntamiento a la cabeza, contribuyendo todos a la solemnidad de sus cultos.

Esto explica que no hubiera sido necesaria la creación de una Hermandad hasta el año 1948, cuando tras las disminuciones constantes de Clero, la reducción de parroquias en Carmona, la mayor carga de trabajo para los sacerdotes y el aumento de población en la ciudad imposibilitan al clero para ocuparse por él solo de todo lo concerniente a la Virgen de Gracia. Tal y como explica D. Francisco de Paula Carrión Mejías, fundador y redactor de las Reglas de la Hermandad, esta se constituye con el fin de “trabajar incansablemente por aumentar, si es posible, las solemnidades de los cultos de la Virgen de Gracia, extender, si cabe, la devoción a la Señora y velar por la intangibilidad y conservación de las inmemoriales costumbres de esta Ciudad relacionadas con su Excelsa Patrona”, misión con la que se continua hoy en día.

El hecho de mayor relevancia ocurrido desde la creación de la Hermandad fue la Coronación Canónica de la Santísima Virgen de Gracia en 1990, coincidiendo con el VII centenario de la invención o aparición de la Imagen, y que estuvo acompañada ese año y los anteriores por una serie de preparativos, como fueron una peregrinación a Roma o las Misiones Generales por toda Carmona.

La Coronación Canónica de la Imagen tuvo lugar el 15 de septiembre de 1990 en la Puerta de Sevilla por el Arzobispo de Sevilla D. Carlos Amigo Vallejo.

28 de enero de 2026

Las apariciones de Nuestra Señora a Mariette Kerbage

 

Traducido del sitio 1000 razones para creer:

Conocí a Mariette Kerbage en Alepo (Siria) en 1988, a petición del padre Elias Zahlaoui, director espiritual de Myrna. Le había llamado la atención la coincidencia de los acontecimientos ocurridos en su casa, en Soufanieh, en 1982, seis meses antes de los de Damasco, y pensaba que había una evidente continuidad, aunque estas dos jóvenes nunca se hubieran conocido. Al verla, pensé inmediatamente en esta observación del famoso mariólogo padre Laurentin: "El Señor penetra y realiza desde dentro las cualidades naturales de aquel o aquella a quien ha elegido para realizar sus obras". Porque la joven que tenía ante mí, sin timidez, con una naturalidad sorprendente, irradiaba sencillez.

Mariette procede de una familia muy modesta, discreta y trabajadora, originaria de Trípoli, en el Líbano. Nacida en 1946, a los veinticuatro años aceptó casarse con un joven sirio, cuando pensaba dedicarse a la vida religiosa. Tras seis años de vida conyugal, su esposo la abandonó repentinamente para buscar fortuna en Venezuela, dejándola sola con su certificado de estudios y su oficio de costurera como único bagaje. A continuación, se produjo una travesía por el desierto. El 27 de mayo de 1982, durante el mes de María, tras una sincera confesión, se le apareció el arcángel San Miguel. Él le mostró cómo actúa la misericordia divina. El ángel, delante de ella, cavó un hoyo y le explicó: "Los pecados son como estos dos puñados de tierra en las manos de quien se arrepiente". Los depositó en el fondo de un hoyo, los cubrió con tierra y luego con asfalto. "¿Crees" —le dijo— "que lo que he enterrado puede volver a salir?" —"¡Por supuesto que no!" —respondió Mariette—. "Lo mismo ocurre con tus pecados. Cuando Dios perdona, nunca más vuelve a pensar en ellos, esa es su misericordia".

Conmocionada y expectante, Mariette le pide a la Virgen que la ayude y oye en sueños: "Mariette, reza, reza, no temas, me verás contigo". Desde entonces, Mariette se dedica a la oración y al servicio a los demás.

No es hasta 1986 cuando se reanudan las manifestaciones. Se ve invadida por gracias: apariciones, locuciones, éxtasis seguidos de mensajes, derramamientos de aceite de imágenes de la Virgen con el Niño o de estatuas... Curiosamente, podría haberse dejado llevar o desestabilizar por estas manifestaciones, pero su moderación y discreción sorprenden y desconciertan. Nada o muy poco se filtraba desde su pequeña vivienda en el barrio pobre de Sléimanié, en Alepo. Durante quince años, el Señor y su santa Madre compartieron con ella y con el padre Mani, un santo sacerdote, esta obra discreta y profética. Su obediencia y humildad eran totales y hizo suyo el lema de su padre espiritual: "Para amar a Dios, hay que empezar por hacerse amar. Para hacerse amar, hay que empezar por amar. ¡Ama! Serás amada y harás amar a Dios".

En 1990, se convierte en laica consagrada y realiza retiros de ayuno y penitencia. La Virgen le pide que la represente como "Virgen de la Anunciación". Al observar y comparar los innumerables retratos de María, se queda con el que más se parece a la que la visita en su habitación, que ha convertido en capilla. Un pintor local lo reproduce y se distribuyen miles de imágenes de forma gratuita.

Abandona su oficio de costurera y se inicia en la vida monástica. A partir de ahí, dirá, "Cristo me atrapó y mi amor por él se intensificó". La Virgen la empuja a ir a Braij, en el Líbano, para un trimestre de retiro en una comunidad perteneciente a la congregación de María Puerta del Cielo, en Canadá. Luego se marcha a dos retiros de cien días en un convento aislado de Marruecos. Los frutos de esta vida contemplativa profundizan su relación con el Señor, al que se entrega totalmente. Confiesa que mide cuánto ha cambiado "a la luz de su alegría" porque, dice, "quien se acerca a Él y viene a su morada es acogido en su misericordia". Por obediencia a Jesús y a María, y tras el fallecimiento de la madre superiora del convento de Braij, acepta humildemente una nueva misión, abandona Alepo y se instala a medio camino entre Biblos y Annaya, donde el gran santo Charbel la ha conducido, a petición del Señor.

En el país de los Cedros será tan discreta como en Alepo, religiosa entre sus hermanas, rechazando cualquier solicitud de los medios de comunicación, "sierva de la Sagrada Eucaristía". Al mismo tiempo, sin hacer ruido, concienzudo e íntegro, el padre Mani recopiló y reunió todos los acontecimientos que consignó y compartió con teólogos europeos, preparando un testimonio denso y sobrio de las gracias que el Señor sigue enviando a Tierra Santa.

Esta vida contemplativa, totalmente dedicada a la adoración, lleva a Mariette a ver cada día a Cristo en el momento de la adoración del Santísimo Sacramento. La conduce a lo esencial, hacia ese mundo interior que no deja de descubrir y que ahora quiere compartir. Se lo confiesa al Señor y, en mayo de 2002, se inicia una gran obra en Braij, bajo la égida de Aquel que todo lo puede. Bajo la mano de Jesús, Mariette pinta iconos, alrededor de mil lienzos al año, para que Él se revele a los demás, como se le ha revelado a ella, que tiene la felicidad diaria de encontrarse con Él. Una obra de evangelización, pues, para la glorificación de la Iglesia, a través de la vida del Señor, la de su Santa Madre y la del Espíritu Santo. Según el padre Mani, que poco después se convertiría en capellán de la comunidad, es la primera vez en la Iglesia —que él sepa, añade con humildad— que el Señor se expresa en pintura, por escrito y en volúmenes.

No se trata de imágenes acheiropoietas (no hechas por manos humanas), milagrosas tanto por su origen misterioso como por los milagros que se les atribuyen. En su disponibilidad, su obediencia absoluta en la elección, el traslado y la conservación de estos lienzos, que para ellos no tienen nada de terrenal ni de humano, Mariette hace suya la explicación de Juan Damasceno: "En el icono no se venera la materia, sino al Creador que se hizo materia para nosotros". No se trata de una representación de lo invisible, sino de "aquel que se ha hecho visible", para que podamos acceder al conocimiento mediante una fina intuición, siendo la imagen para la vista lo que la palabra es para el oído.

Su trayectoria, la multiplicidad de iconos y su significado son, por su inmensidad, comparables a la obra de María Valtorta. Su historia se inscribe verdaderamente en un plan particular de Dios para toda nuestra humanidad.

En 2013, Mariette perdió a sus dos directores espirituales (el padre Mani y el padre Jules) en el momento en que su comunidad, compuesta por seis religiosas, estaba lista para pronunciar con ella los votos perpetuos, durante una ceremonia presidida por el obispo católico melquita, S. Em. Mons. Salim Kirilos Boutros.

Desde entonces, los acontecimientos se suceden con la mayor discreción, y solo el boca a boca lleva a los peregrinos al convento. La acogida siempre es cálida, aunque Mariette se retira cada vez más a la oración y la adoración. Vive con sus hermanas en el proyecto que Dios tiene para ellas, sin cuestionamientos, según su santa voluntad. Bajo el dictado de Cristo, lleva un cuaderno con numerosas páginas escritas con letra cuidada, sin tachaduras, capítulo por capítulo, en un árabe literariamente perfecto. Ella, la pequeña ignorante que solo tiene como bagaje un certificado de estudios... También lleva un cuaderno de matemáticas —"de arquitecto", se podría decir—, con cotas, longitudes, alturas y funciones, columnas con líneas trazadas con regla y llenas de números, con o sin escalas. A partir de planos, sola en el silencio de la noche, fabrica maquetas con sus dedos que ya no le pertenecen, que no son más que la prolongación de la voluntad del Señor: alegría, dulzura, ternura, obediencia, oración, adoración, silencio, paz y confianza...

"Cuando recen", dice Mariette, "sean hijos de la reconciliación y pidan sabiduría". En el corazón de un mundo que estuvo a punto de hundirse en el abismo de las tinieblas del horror en Siria, Mariette nunca dudó, compartiendo el sufrimiento y la agonía de su pueblo. El 1 de agosto de 2014, a las 8 de la mañana, Jesús le anuncia el fin de la guerra. Ella nunca pidió nada, solo recibió. Dice con sencillez: "El Señor me llama cuando quiere y, sea cual sea la tarea que esté realizando, lo dejo todo. Soy su instrumento. Durante tantos años, solo he hecho su voluntad".

Su último consejero espiritual, el padre Adel Theodore Khoury, ha retomado con la mayor discreción la labor del padre Mani y se encarga de recopilar todos los mensajes recibidos desde 1982. Ya hay quince volúmenes listos en la casa de los padres paulistas de Jounié, en el Líbano, en lengua árabe. "¡Ya te imaginarás que, con mi nivel de estudios, no soy yo quien ha escrito eso!", me dice Mariette con un humor mordaz. "¿Cansada, Mariette?". Ella se vuelve hacia mí: "Jean-Claude, quien ama no se cansa y no cansa a los demás" (San Juan de la Cruz).

Jean-Claude
Geneviève Antakli
escritores y biólogos

Desde hace 2000 años, el Señor, cumpliendo su promesa, no ha dejado de hablarnos: "Estaré con ustedes hasta el fin de los tiempos" (Mateo 28,20), o "Cuando se reúnan en mi nombre, yo estaré en medio de ustedes" (Mt 18,20). Nos habla, a veces con urgencia; nos envía señales, advertencias y mensajes que no completan el Evangelio, sino que lo confirman a nuestros oídos sordos, actualizándolo. En nuestra falta de fe, estas atenciones sensibles renuevan su presencia y su amor. Así, Dios envía a su Hijo o a Nuestra Señora, a sus santos o a sus ángeles, para recordarnos lo que hemos olvidado, para despertarnos cuando el peligro nos acecha. En una época apostólica, dirá santo Tomás de Aquino, todos estos fenómenos conciernen menos a la fe que a la esperanza, la que brilla como una estrella en nuestra noche, la que es "una virtud sobrenatural por la que esperamos de Dios con confianza su gracia en este mundo y la gloria eterna en el otro" (Péguy).

Las apariciones pueden parecer ambiguas por varias razones: los videntes suelen ser personas sencillas, niños, en cualquier caso mensajeros dóciles que se abandonan a la voluntad de Dios. Por lo general, parece que el mensaje se adapta al mensajero, que lo recibe "a su medida". Pero a veces ocurre que el contenido escapa al conocimiento de quien está llamado a transmitirlo. En Lourdes, Bernadette Soubirous, por miedo a olvidarlo, repite continuamente el nombre que la Señora le ha pedido que transmita a su párroco: "Soy la Inmaculada Concepción". En Damasco, durante el primer éxtasis, Myrna recibe una oración: "¡Anunciad a mi Hijo, el Emmanuel!". "¿Quién es este Emmanuel al que debo anunciar?", le pregunta a su padre espiritual, el padre Elias Zahlaoui. Es evidente que los mensajes se adaptan a una época, a un país, a una urgencia. A veces son amenazantes, premonitorios, piden, exhortan.

Las apariciones también se expresan en el idioma de quien está llamado a recibirlas. La Virgen María habla en alemán, en español, en francés, en dialecto y, recientemente, por primera vez, en árabe. La teología actual desconfía de este sobrenatural sensible, ya que la naturaleza misma de la fe es la convicción de lo que no se ve, y las revelaciones privadas a veces parecen epifenómenos peligrosos, que deben rechazarse como tentaciones. Por lo tanto, la posición de la Iglesia es: es mejor equivocarse por exceso de severidad que por exceso de indulgencia.

Sin embargo, el Antiguo y el Nuevo Testamento nos han familiarizado con estos acontecimientos: desde Abraham hasta los Hechos de los Apóstoles, las revelaciones privadas (sueños, voces, visiones, curaciones, éxtasis, milagros, derramamientos de aceites, lágrimas y sangre...) están atestiguadas a lo largo de toda la Biblia, que tampoco se exime de invitar a la prudencia y al discernimiento con respecto a los falsos profetas e incluso a las falsas visiones, al tiempo que denuncia el rechazo sistemático del profetismo, que conduce al agotamiento de la comunicación entre Dios y su pueblo. Para evitar estos desequilibrios, es importante percibir no solo el valor, sino también los límites de lo sobrenatural extraordinario de ayer y de hoy.

27 de enero de 2026

Nuestra Señora de la Pradera

 


Traducido del sitio Roman Catholic Diocese of New Ulm:

Cuando llegué a la diócesis en 2022, durante mi homilía de toma de posesión, invité a todos los fieles de esta diócesis a unirse a mí para "escuchar a Dios, entregarle su corazón y tener esperanza". María misma es un faro de esperanza que nos guía hacia su Hijo, Jesús, en la Eucaristía.

Una de mis primeras tareas como su nuevo pastor fue recorrer los cuatro rincones de esta diócesis rural, visitándolos en sus parroquias y escuelas católicas. No pude evitar fijarme en la belleza de los miles de hectáreas de pradera. A partir de esta experiencia, surgió en mí el deseo de volver a consagrar la diócesis de New Ulm a María bajo el título de Nuestra Señora de la Pradera.

Por lo tanto, a principios del año pasado, encargué a Damien Walker, fundador y director de The Studio of Saint Philomena en Nueva Zelanda, que pintara una imagen a tamaño real de Nuestra Señora de la Pradera. Cuando un iconógrafo pinta un icono, hay una tradición que lo acompaña. Lo que vi en la obra de Damien es que él entiende la teología que hay detrás de los colores, las proporciones y la forma en que Jesús sostiene sus manos: no es solo una obra de arte. Toda la teología que hay detrás de la arquitectura y el arte consiste en que estás entrando en un encuentro sagrado con Cristo.

La imagen de Nuestra Señora de la Pradera pretende representar a todos los fieles de la diócesis de New Ulm, un símbolo de esperanza, evangelización y madre de todo el pueblo de Dios.  

Al contemplar la hermosa imagen de Nuestra Señora de la Pradera, se percibe una profunda profundidad. En las semanas, meses y años venideros, descubriremos algo nuevo cada vez que la contemplemos, ya que está llena de un significado inagotable. Esta profundidad nos invita a profundizar en nuestra fe y en el papel de María en nuestra historia de salvación, despertando nuestra curiosidad y nuestro deseo de explorar las profundas capas de esta imagen.

Espero que esta obra de arte de Nuestra Señora de la Pradera sirva como una poderosa catequesis visual, inspirándonos con la íntima relación que tenemos entre Cristo y su Iglesia y el papel fundamental de María como nuestra abogada e intercesora. 

 

26 de enero de 2026

Las imágenes peregrinas de Nuestra Señora de Fátima


 Del sitio Fundación Cari Filii:

 El Santuario de Fátima en Portugal cuenta con 13 esculturas de la Virgen Peregrina de Fátima, que recorren distintos itinerarios por todo el mundo cuando hay comunidades que los organizan, a menudo siguiendo la tradición de años anteriores, a veces de muchas décadas.

De esas 13 imágenes, diez tienen itinerarios ya marcados este año 2025.

La mayoría de estas peregrinaciones tienen lugar en mayo, mes dedicado a la Virgen, pero también hay imágenes viajando en otras épocas del año.

Suelen viajar por Europa y Sudamérica para marcar aniversarios significativos de cofradías, parroquias y diócesis. En Europa, Portugal, España e Italia son los tres países más visitados. En Sudamérica, Brasil es el país con más visitas, concentradas en São Paulo y Río de Janeiro.

La primera imagen peregrina de la Virgen de Fátima fue concebida según las instrucciones de Sor Lúcia, vidente de Fátima. Fue ofrecida al santuario por el entonces obispo de Leiria, José Alves Correia da Silva, y coronada solemnemente por el arzobispo de Évora el 13 de mayo de 1947. A partir de esa fecha, la imagen viajó por el mundo en varias ocasiones, llevando consigo un mensaje de paz y amor. Como era muy solicitada, se hicieron más réplicas, y en la actualidad hay 13. La primera imagen está entronizada en Fátima en la Basílica de Nuestra Señora del Rosario, en una columna junto al altar mayor.

En Portugal, la escultura número 8 viaja por la diócesis de Oporto y el Santuario de Santa Quitéria, por iniciativa de la Cofradía del Inmaculado Corazón de María y Santa Quitéria.

También en Oporto, la imagen número 2 participa en el 40º aniversario de la peregrinación a Fátima de la parroquia de São Pedro de Castelões y de la parroquia de São João Batista de Cepelos.

La imagen número 10 recorre parroquias de la diócesis de Santarém, diócesis creada hace 50 años. La imagen número 11 recorre parroquias de la vicaría de Mafra, en la diócesis de Lisboa.

En España, la quinta imagen peregrina visita la diócesis de Badajoz. La imagen número dos visitó antes de mayo El Pedroso (Sevilla), la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, al cumplirse 70 años de su primera visita.

La tercera imagen peregrina recorre Poncarale y Borgo, en Brescia, Italia.

La cuarta imagen recorre Lombardía y Véneto, en una iniciativa promovida por el Apostolado Mundial de Fátima.

La imagen número doce recorre las diócesis de Sabina-Poggio Mirteto y de Lanciano-Ortona, donde se llevan a cabo celebraciones marianas durante este Año Jubilar.

La decimotercera imagen viajará también a Brescia y a otras diócesis en una iniciativa del Movimiento Eclesial Familias del Corazón Inmaculado de María, llamada “Peregrinatio Marie e Missioni al Popolo”.

En América, la Virgen Peregrina de Fátima ha estado en mayo en Brasil, con dos imágenes. La sexta fue a la ciudad de Guarujá y la novena a la diócesis de Campos dos Goytacazes (con el Apostolado Mundial de Fátima).

La undécima visitará a finales de 2025 el noroeste de Venezuela, en la parroquia de Nuestra Señora de Las Mercedes, diócesis de San Felipe, en el municipio de Arístides Bastidas, en el estado venezolano de Yaracuy.

4 - junio - 2025 

25 de enero de 2026

San Francisco de Sales y Nuestra Señora de la Buena Liberación

 

Del sitio Aleteia:

La Virgen María intervino para que san Francisco de Sales se liberara de una terrible obsesión que le hacía dudar y le quitaba la paz espiritual

¿Sabías que en su temprana juventud, el doctor del amor divino estuvo muy cerca de ser abrumado hasta el punto de la desesperación por el sentimiento de su indignidad? Una de las imágenes parisinas más famosas de la Virgen lo libró de esta tentación. 

San Francisco de Sales nació en Thorens el 21 de agosto de 1567 en esa Saboya a caballo entre los Alpes de habla francesa cuyos soberanos también reinaban en el Piamonte italiano. Pertenecía a una familia de la nobleza. 

Siendo muy joven, mientras su padre elaboraba para él ambiciosos planes de futuro, soñaba con entregarse a Dios. 

A los 11 años, Francisco fue tonsurado. Esa ceremonia, aunque estaba ligada al clero, no le obligaba a abrazar el sacerdocio. Solo le otorgaba el título de abad y la posibilidad, muy ventajosa, de recibir beneficios eclesiásticos. No era esta la idea de Francisco que, a partir de entonces, se sintió Iglesia y pensaba solo en el servicio a Dios. 

Poco después, sus padres lo enviaron a continuar sus estudios a París, al colegio de Clermont, el actual Lycée Louis-le-Grand. Allí los jesuitas formaban a la élite católica francesa. 

Rápidamente se dieron cuenta de que el estudiante era brillante y de una virtud superior a su edad que hacía que sus compañeros lo apodaran "el Ángel". 

Sin embargo, fue precisamente esa virtud y esa inteligencia las que fueron, al amanecer de su 18º cumpleaños, violentamente puestas a prueba en una crisis espiritual de rara violencia.

La Iglesia emergió, no sin dificultades, especialmente en Francia, de las terribles perturbaciones nacidas de la Reforma y de las guerras de religión. 

La recuperación deseada por el Concilio de Trento, clausurado en 1563, se hizo paulatinamente a través de la catolicidad. Pero, a pesar de todo ello, un punto de teología planeaba sobre la mente de la gente. Era una cuestión nacida de una mala interpretación de san Agustín que ya había nutrido el pensamiento protestante, como alimentó el jansenismo: el tema de la gracia y la predestinación. 

¿Están algunos, a pesar de sus esfuerzos y de una vida edificante, destinados igualmente a ser condenados mientras otros que habrán "pecado fuertemente", en palabras de Lutero, se salvarán porque Dios habría destinado antes a algunas de sus criaturas al infierno? Esto parece absurdo e indignante. Pero apoyado en la inmensa autoridad agustiniana, estaba en el centro de los debates sobre la salvación. Y provocaba respuestas contradictorias y disputas infinitas, hasta el punto de que Roma acabó por prohibir discutir.

Una duda abominable lo atormenta: ¿y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna?

Francisco de Sales, estudiante brillante, seguía esos debates, conocía las tesis y las antítesis de los mismos. Las defendían personas de tanto valor, que en ese año 1586 ya no sabía dónde estaba, ni lo que debía pensar, ni qué creer...

Una duda abominable- de la que ya no somos capaces, porque la gravedad del asunto se nos escapa hoy- lo atormentaba: ¿Y si fuera verdad que algunos, hagan lo que hagan, están condenados a la perdición eterna? ¿Y si, por alguna desgracia irremediable, él fuera uno de ellos? ¿Qué hay que hacer ? ¿Por qué pelear? ¿Por qué creer?

Francisco ya no dormía, no comía, tan obsesionado y desesperado estaba por esa posibilidad. Primero, como buen intelectual, buscó respuestas en los libros, pero solo lo confundieron más. Y su desesperación no hizo más que crecer. 

Las peores ideas empezaron a obsesionarlo cuando, casi por casualidad, empujó la puerta de una iglesia (luego demolida durante el Terror) cerca de su casa. Era la iglesia de Saint-Étienne-des-Grès. La tradición afirma que fue fundada por san Dionisio, primer obispo de París. Lo que la hacía famosa era que en ella se veneraba a una antigua Virgen negra: Nuestra Señora de la Buena Liberación. Ella es conocida por asegurar a las mujeres embarazadas un parto feliz, su supervivencia y la de su hijo.

La verdad es que la imagen es casi inquietante por lo poco agraciada que es. Pero los parisinos no se fijan en este detalle y se agolpan a sus pies, confiando en su milagrosa intercesión. 

El joven señor de Sales ciertamente no se veía afectado por estos poderes taumatúrgicos, pero eso no le impedía ir a menudo a orar frente a Nuestra Señora de la Buena Liberación. Fue frente a ella donde, unos meses antes, hizo un voto perpetuo de castidad y virginidad.

Eso fue antes de esa horrible crisis que lo dejaron jadeando. 

¿Por qué se arrastró como un moribundo, en sentido espiritual, hasta su altar? Porque en el fondo de su ser, una voz le susurraba que María era la única, lejos de todos los discursos secantes de los intelectuales, capaz de iluminarlo y arrancarlo de sus tormentos íntimos. Desplomado ante ella, llorando, el joven murmuró una oración admirable, un grito de un alma abrumada de amor a Cristo que trataba, en un último esfuerzo, de arrancarse la duda:

"Oh Señor, si no debo llegar a verte, no permitas, al menos, que jamás te maldiga ni te blasfeme! ¡Y si no puedo amarte en la otra vida, porque nadie te alaba en el infierno, que al menos aproveche para amarte todos los momentos de mi corta existencia aquí abajo!"

En ese momento, el manto de angustia que oprimía su alma desapareció de repente. Nuestra Señora de la Buena Liberación había liberado a Francisco de Sales. Desde entonces, pudo, hasta su último suspiro, dedicarse a su servicio y al de su Hijo. 

23 - enero - 2025

24 de enero de 2026

Meditando el Rosario: Cuarto Misterio Gozoso: La Presentación de Jesús en el Templo

Extraído del sitio Asalta el Cielo con tu Rosario:  

Del sitio María Luz Divina:

Veo que de una casita modestísima sale una pareja de personas. 

 Por una escalerita externa baja una jovencísima madre con un niño en brazos envuelto en un lienzo blanco. 

Reconozco a esta Mamá nuestra. Es la misma de siempre: pálida y rubia, grácil y muy fina en todos sus movimientos. Va vestida  de blanco y arropada con un manto azul pálido, cubre su cabeza un velo blanco. Lleva con mucho cuidado a su Niño. 

Al pie de la escalera la está aguardando José al lado de un burrito pardo. José, tanto por lo que se refiere a la túnica como al manto está vestido todo de color marrón claro. Mira a María y le sonríe. Cuando María llega hasta el burrito, José se pasa las riendas del borriquillo al brazo izquierdo y para que María pueda sentarse mejor en la albardilla del asno, toma un momento al Niño, que duerme tranquilo. Luego le vuelve a dar a Jesús y se ponen en camino. 

José va andando al lado de María, sujetando siempre por las riendas al jumento y poniendo cuidado en que éste vaya derecho y sin tropiezos. María tiene a Jesús en el regazo, y, como si tuviera miedo a que cogiese frío, le extiende encima un borde de su manto. Los dos esposos hablan poquísimo, pero se sonríen frecuentemente. 

El camino, que no es ningún modelo de vía, en una campiña desnuda por la estación que corre, se articula en varias direcciones. Algún que otro viajero se cruza con ellos dos, o los alcanza, pero son raros. 

Luego pueden verse algunas casas y unos muros que recintan una ciudad. Los dos esposos entran en ella por una puerta y comienzan el recorrido por la calzada urbana, hecha de adoquines muy separados. El camino es ahora mucho más difícil, ya porque haya un tráfico que en todo momento hace que el burro se detenga, ya porque éste, por las piedras y los agujeros de las piedras que faltan, haga continuamente movimientos bruscos, los cuales incomodan a María y al Niño. 

La calle no es horizontal; sube, aunque ligeramente; es estrecha, entre casas altas de puertecitas estrechas y bajas, de escasas ventanas que dan a la calle. Arriba el cielo se asoma en multitud de listas azules entre unas casas y otras, o más exactamente entre unas terrazas y otras; abajo, en la calle, hay gente y rumor de voces, y se cruzan otras personas a pie o en burros, o llevando jumentos cargados, y otras que van detrás de una caravana de camellos que dificulta el paso. En un momento dado, pasa, con gran ruido de cascos y de armas, una patrulla de legionarios romanos, que desaparece tras un arco que está a caballo de uno y otro lado de una vía muy estrecha y pedregosa. 

José gira a la izquierda y toma una calle más ancha y más bonita. Al fondo de la misma veo el muro almenado que ya conozco. 

María, al llegar a una puerta en que hay una especie de paradero para otros burros, baja del suyo. Digo "paradero" porque es una especie de cabaña grande, o, mejor, de cobertizo, donde hay paja esparcida por el suelo y unos palos con unas argollas para atar a los cuadrúpedos. 

José da algunas monedas a un hombre que ha venido. Con ellas se procura un poco de heno, luego saca un cubo de agua de un pozo tosco que hay en un ángulo y da las dos cosas al burrito. Después se llega de nuevo hasta donde María y ambos entran en el recinto del Templo. 

Se dirigen, primero, hacia un pórtico donde están aquellos a quienes Jesús, pasado el tiempo, pegará egregiamente con un azote, o sea, los vendedores de tórtolas y corderos y los cambistas. José compra dos pichones blancos. No cambia el dinero. Se entiende que tiene ya el que necesita. 

José y María se dirigen hacia una puerta lateral que tiene ocho escalones - creo que también las otras puertas; es como si el cubo del Templo estuviera elevado respecto al resto del suelo -. Ésta tiene un gran atrio, como los portales de nuestras casas de ciudad, pero más vasto y ornado. En él, a la derecha y a la izquierda, hay como dos altares, dos volúmenes rectangulares cuya finalidad de momento no entiendo bien (parecen pilas, poco profundas: la parte interna es más baja, en algunos centímetros, respecto al borde externo).  

Viene un sacerdote — no sé si motu propio o es que José lo ha llamado —. María ofrece los dos pobres pichones, y yo, que comprendo cuál será su suerte, dirijo la mirada a otra parte. Observo la decoración de la recargadísima puerta, del techo y del atrio. Me parece ver con el rabillo del ojo que el sacerdote asperja a María con agua. 

Debe ser agua porque no veo manchas en su vestido. Luego María, que junto con los dos pichones había dado un montoncillo de monedas al sacerdote - me había olvidado de decirlo -, entra con José en el Templo propiamente dicho, acompañada por el sacerdote. 

Miro a todas partes. Es un lugar decoradísimo. Cabezas de ángeles esculpidas y palmas y ornatos se extienden por las columnas, las paredes y el techo. La luz penetra por unas curiosas ventanas alargadas, estrechas, naturalmente sin cristales, y abiertas en diagonal con respecto a la pared. Supongo que será para impedir que entre el agua cuando llueve torrencialmente.

María se adentra hasta un determinado punto en que se detiene. Unos metros más adelante hay otros escalones y encima hay otra especie de altar, tras el cual hay otra construcción.

Ahora me doy cuenta de que no estaba en el Templo, como creía, sino en lo que rodea al Templo propiamente dicho, o sea, al Santo; traspasar su linde, aparte de los sacerdotes, parece que nadie puede hacerlo. Lo que yo creía que era el Templo, por tanto, no es sino un vestíbulo cerrado, que rodea por tres partes al Templo, que custodia el Tabernáculo. No sé si me he explicado bien; de todas formas, yo no soy ni arquitecta ni ingeniera. 

María ofrece el Niño - que se ha despertado y dirige a su alrededor sus ojitos inocentes, con esa mirada de asombro propia de los niños de pocos días -, al sacerdote. Éste lo toma y lo eleva extendiendo los brazos, vuelto hacia el Templo, dando la espalda a esa especie de altar que está encima de aquellos escalones. El rito ha quedado cumplido. La Madre recibe de nuevo al Niño y el sacerdote se marcha. 

Algunos miran curiosos. Entre ellos se abre paso un viejecito que camina encorvado y renco apoyándose en un bastón. Debe ser muy anciano - para mí, sin duda, de más de ochenta años -. Se acerca a María y le solicita por un momento al Pequeñuelo. María, sonriendo, se lo concede, y Simeón - que yo siempre había creído que pertenecía a la casta sacerdotal y que, sin embargo, a juzgar al menos por el vestido, es un simple fiel -, lo toma y lo besa. Jesús le sonríe con ese gesto mimoso, incierto, de los lactantes. Parece que lo observa curioso, porque el viejecillo llora y ríe al mismo tiempo, y sus lágrimas crean todo un bordado de destellos que se insinúa entre las arrugas y que perla su larga barba blanca hacia la cual Jesús tiende sus manitas. Es Jesús, pero es un niñito pequeñín, y todo lo que se mueve delante de Él atrae su atención, y se le antoja cogerlo para entender mejor lo que es. María y José sonríen, como también las otras personas que están presentes, que celebran la hermosura del Pequeñuelo. 

Oigo las palabras del santo anciano y veo la mirada de asombro de José, la mirada emocionada de María, y las de la pequeña multitud (quién se muestra asombrado y emocionado, quién, al oír las palabras del anciano, ríe irónicamente). Entre éstos hay algún barbudo y pomposo miembro del Sanedrín, y menean la cabeza mirando a Simeón con irónica piedad. Deben pensar que ha perdido la razón por la edad. 

La sonrisa de María se difumina en su avivada palidez cuando Simeón le anuncia el dolor. A pesar de que Ella ya lo sepa, esta palabra le traspasa el espíritu. Se acerca más a José, María, buscando consuelo; estrecha con pasión a su Niño contra su pecho, y bebe, como alma sedienta, las palabras de Ana, la cual, siendo mujer, siente compasión de su sufrimiento y le promete que el Eterno le mitigará con sobrenatural fuerza la hora del dolor. 

-Mujer, a Aquel que ha dado el Salvador a su pueblo no le faltará el poder de otorgar el don de su ángel para confortar tu llanto. Nunca les ha faltado la ayuda del Señor a las grandes mujeres de Israel, y tú eres mucho más que Judith y que Yael. Nuestro Dios te dará corazón de oro purísimo para aguantar el mar de dolor por el que serás la Mujer más grande de la creación, la Madre. Y tú, Niño, acuérdate de mí en la hora de tu misión. 

Y aquí me cesa la visión.

23 de enero de 2026

Los esponsales de Nuestra Señora y San José

 

Del sitio Gaudium Press:

Diversas voces se están haciendo escuchar para volver a instaurar en el calendario litúrgico la fiesta del esponsalicio de la Virgen Santísima con el Patriarca San José, que hasta 1961 se celebraba hoy 23 de enero.

Una de esas voces, no de poca importancia, es la de Luisella Scrosati, quien en La Nuova Bussola Quotidiana ha escrito con este fin la nota titulada Lo Sposalizio di Maria e Giuseppe, una festa da reintrodurre (Los esponsales de María y José, una fiesta a reintroducir). Entre otras razones para esta proposición, plantea que enviaría “un mensaje de extrema actualidad en tiempos de crisis del matrimonio”, pero también “de la vida consagrada”.

Retoma la filósofa italiana la argumentación expuesta en su momento por el otrora canciller de la Universidad de París, Jean Charlier de Gerson (1369-1420), a quien se le llamó Doctor Christianissimus, teólogo apasionado por la figura de San José, y quien “empleó numerosas energías para profundizar teológicamente la figura del padre putativo de Jesús y difundir su devoción. Él sostiene, por ejemplo, la santificación [de San José] en el vientre materno, de alguna manera análoga a aquella del Bautista”.

Pero su gran sueño era que “fuese reconocida y celebrada una fiesta litúrgica en honor de los esponsales del castísimo esposo con la Santísima Virgen”, y en este sentido escribió una epístola dirigida a todas las iglesias, una exhortación pública, un estudio titulado “Consideraciones sobre San José”, y hasta un poema de alrededor de 3.000 hexámetros latinos “y más de trescientas notas en dos volúmenes, que repasan los misterios de la vida de Cristo en relación con San José e introducen en la devoción católica la idea de una ‘trinidad’ terrenal, la de la Sagrada Familia”.

Es claro que Gerson recoge la doctrina Paulina (Efesios 5, 25-32) sobre el matrimonio como signo del matrimonio místico de Cristo con su Iglesia: “Maridos, amen a su esposa, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella”, dice el Apóstol. “Pero es de particular relevancia que la expresión del Apóstol, [Gerson] se atribuya al matrimonio de María y José, casi como para resaltar en este último una ejemplaridad arquetípica de todo matrimonio”, comenta Luisella Scrosati.

En las consideraciones del antiguo Canciller de la Universidad de París, el matrimonio de María y José “se eleva sobre todos los demás en cuanto a su capacidad de significar la unión entre Dios y la Iglesia, no sólo por la santidad moral de sus miembros, sino también por su característica de matrimonio contraído entre un hombre y una mujer a quien Gerson afirmaba que se le había concedido el privilegio singular de la santificación en el seno materno, es decir, de nacer sin pecado original”. Recordemos que aún no se había definido el dogma de la Inmaculada Concepción, pero ya Gerson sostiene la altísima conveniencia de que San José haya nacido sin pecado original, pues él fue “predestinado a ser no solo el Precursor del Hijo de Dios, como San Juan Bautista, del cual conocemos con certeza su santificación en el seno materno, pero también el Padre Putativo, por ser esposo castísimo de la siempre Virgen María”, expresa Scrosati.

Entretanto, la filósofa italiana quiere ir “un paso más adelante” que el propio Gerson, y recuerda que Juan Pablo II en Redemptoris Custos (n. 7) dice que “he aquí que en el umbral del Nuevo Testamento, como ya al comienzo del Antiguo, hay una pareja. Pero, mientras la de Adán y Eva había sido fuente del mal que ha inundado al mundo, la de José y María constituye el vértice, por medio del cual la santidad se esparce por toda la tierra. El Salvador ha iniciado la obra de la salvación con esta unión virginal y santa, en la que se manifiesta su omnipotente voluntad de purificar y santificar la familia, santuario de amor y cuna de la vida”. Es decir, si Cristo era el nuevo Adán, y la Virgen la nueva Eva, también al inicio del Nuevo Testamento hubo una nueva pareja, con carácter típicamente esponsal, la de María y José. Luisella Scrosati, desarrollará estas ideas:

El texto es notable, dice la filósofa italiana, porque retoma la gran idea teológica de la ‘recapitulación’ de san Ireneo de Lyon, pero esta vez intercalando el matrimonio de María y José. Recordemos que la recapitulación considera la redención de los hombres como una renovación del orden antiguo, desfigurado por el pecado. Y por tanto el primer Adán es recapitulado/renovado en el nuevo, Jesucristo, como la primera Eva lo es en la segunda, María Santísima, constituyendo así una nueva pareja (Jesús-María) que renueva y reemplaza a la antigua (Adán-Eva). La inclusión del matrimonio esponsal María-José llena, podríamos decir, un vacío en el paralelo [ndr. el paralelo de la recapitulación], porque la relación entre Jesús y María fue místicamente esponsal, pero en sus relaciones humanas fue la de madre e hijo. Era, pues, oportuno que una pareja verdaderamente nupcial a nivel humano inaugurara los nuevos tiempos, recapitulando y superando a la pareja antigua, que marcó el comienzo de los tiempos antiguos. El matrimonio de María y José inaugura una ‘nueva creación’: Dios conduce una vez más al hombre la nueva Eva (cf. Genesis 2, 22), pero esta vez en una relación no sólo libre de toda concupiscencia, sino elevada a la virginidad perpetua que sella y garantiza la intervención directa de Dios tanto en la concepción como en la persona que nacerá”.

Es claro que “el matrimonio de María y José significa así la unión de Cristo y la Iglesia más que cualquier otro matrimonio de la Nueva Alianza”, pero no solo “se convierte en el arquetipo tanto del matrimonio cuanto de la virginidad y el celibato consagrados. La falta de consumación no quita en absoluto la completa donación mutua de los esposos, que llegan a ser verdaderamente dueños del cuerpo del cónyuge, sino la salvaguarda de su integridad en el servicio de Dios; su unión mantiene así la nota de la custodia de la virginidad, característica de la relación entre Cristo y la Iglesia, sin sacrificar la verdadera fecundidad, que Dios concede de manera misteriosa, superior a la concebida en la creación. Por tanto, es en este matrimonio donde Dios puso los orígenes de la vida cristiana, expresada tanto en la forma de vida matrimonial como en la de virginidad para el Reino de los Cielos. En verdad, ‘¡grande es este misterio!’”. Por tanto, la relación de María y José, al mismo tiempo que casta, es fecunda, como debe ser la del célibe consagrado con la comunidad a la que sirve.

En estos tiempos, de “crisis radical tanto del matrimonio como de la vida consagrada, podría ser una gran gracia reintroducir esta fiesta en el calendario litúrgico”, gracia para la Iglesia Universal, concluye Scrosati.

 

22 de enero de 2026

Nuestra Señora de Valdefuentes


 Del sitio Real Asociación Española de Cronistas Oficiales:

La Virgen de Valdefuentes, patrona de la localidad cacereña de Montehermoso, se nos muestra con una talla románica de madera, que representa a la típica Maternidad, la Virgen con el Niño. Es una de las imágenes más antiguas de Extremadura, pues data de la segunda mitad del siglo XII: por sus características y contexto histórico.

La talla de María tiene una particularidad concluyente, ya que presenta un hueco de considerables dimensiones en su espalda, procedimiento que servía para sanear la madera y aligerar el peso, pues las vírgenes de esa época las llevaban los ejércitos en campaña (eran incrustadas en la silla de montar de los caballeros cristianos): en este caso, la reconquista del valle del Alagón.

De todo lo anterior se deduce que la leyenda que después expondremos es verosímil, y que debió ser ocultada en ese lugar durante el proceso reconquistador de la Atalaya, como paso previo para que los leoneses hicieran lo mismo con Galisteo y Coria.

La Atalaya de Pelayo Velídiz data del siglo IX, como pequeño castillo árabe que se erige sobre un montículo ubicado en uno de los meandros del Alagón (junto a un asentamiento romano). Realmente, se trataba de una avanzadilla que protegía las espaldas de las dos localidades antes citadas.

Alfonso VI la conquista por vez primera en 1077, como paso previo para hacer lo mismo con Coria (1079, aprovechando la decadencia de los reinos taifas). Y se la dona a su mayordomo Pelayo Vellido (o Velídiz), de donde derivaría su posterior denominación.

Pero, tras la derrota de Zalaca (o Sagrajas) en 1086, pasa a manos almorávides durante bastantes años.

Habrá que esperar a que el hijo del anterior, Alfonso VII (el “emperador”, de Castilla y León, 1126-1157) la conquiste, para hacer lo mismo con Coria en 1142. Incluso hubo varias razzias posteriores entre cristianos y almohades, porque de nuevo hallamos que Fernando II de León (1157-1188) vuelva a conquistar La Atalaya en 1170. En 1181 ya está integrada en las tierras leonesas y, dos años después, el citado monarca dona la fortaleza a la catedral de Santiago de Compostela (por eso hay una antigua ermita santiaguista a su vera).

Concluyendo: en una de esas contiendas, en la que los leoneses son repelidos por los árabes, esconden la imagen en el hueco de una encina para que no caiga en manos sarracenas.

Pero, según cuenta una leyenda local muy antigua, la imagen fue encontrada en ese lugar en el siglo XIII por los primeros habitantes del entorno de Montehermoso (pues aún no existía este municipio), en la dehesa de Valdefuentes, cerca de la mencionada Atalaya. Lo que cuadra perfectamente, tanto con los rasgos de la talla como con el proceso histórico narrado.

A partir de entonces, se erigirá un templo para acoger a la imagen, edificio de estilo popular y construcción imprecisa, pues ha sido ampliado y muy restaurado a lo largo de los siglos (el último, a finales del XX).

Esa evolución constructiva corría pareja a las celebraciones religiosas y festivas. De tal modo que, aunque ignoramos la fecha exacta (aunque yo me inclino que fue durante el siglo XVIII, época en que se generalizan en toda España), se inician las Romerías (2º domingo después de Pascua), que prosiguen hasta nuestros días.

Incluso, coincidiendo con la festividad de la Natividad de María (8 de septiembre, cuando se conmemoran casi todas las advocaciones locales de la Virgen), surge también una Feria que, antiguamente, se celebraba en la propia ermita: comenzando el día 6 y culminando el 8. En ella, las transacciones ganaderas, la compraventa de todo tipo y los bailes se asociaban con los actos religiosos. Y a la misma acudían, tanto desde las numerosas dehesas de su entorno, como de Montehermoso –como es evidente– y otros pueblos de los alrededores (algo así como la Feria de San Marcos en el Arañuelo). Era un momento clave de solaz: entre las finalizadas tareas agrarias de verano y la inminente sementera.

Pero, posteriormente, esa feria y fiesta religiosa se traslada al pueblo, con similares ceremonias. Para la que trasladan la imagen a la localidad en los días previos. Aunque surge una novedad: la de las “Cuadrillas”, con el protagonismo de los distintos barrios del pueblo.

Con la crisis agraria, la feria de ganados desaparece (que yo conocí muy bien en mi infancia y juventud, ayudando a mi padre). Y, con las modificaciones del calendario festivo, ya sólo prevalecen los actos litúrgicos sobre algún que otro evento profano y cultural.

¡QUIÉN LO IBA A DECIR! ¡SI LEVANTARAN LA CABEZA NUESTROS ANTECESORES!…