16 de junio de 2026

Nuestra Señora del Manto Rojo

 


Traducido del sitio Inana:

En el monasterio de Paleokastritsa, en la isla de Corfú, se venera un icono mariano en el que la Virgen María no aparece vestida de azul —como suele ser habitual entre nosotros—, sino con un manto rojo. El simbolismo del color rojo pone de relieve el poder fecundo de la Virgen —capaz de dar a luz a una deidad—. Aunque existen ejemplos de imágenes católicas en las que se representa a María con un manto rojo, como por ejemplo la "Virgen de Lucca" de Jan van Eyck, la representación de María con un manto rojo es mucho más frecuente en las iglesias ortodoxas. 

En la simbología cristiana, el rojo es el color de la sangre, del fuego y del Espíritu Santo. Así, en la representación iconográfica, María asume claramente la figura de la Madre de Dios; es la versión cristiana de la Diosa Roja, la diosa de la fertilidad y la fuerza vital.

De manera análoga, la iglesia del monasterio de Paleokastritsa posee una gran profundidad terrenal, a pesar de estar situada en lo alto de una montaña. El nombre del monasterio significa "antiguo emplazamiento del castillo" y hace referencia al castillo de Angelokastro, el "castillo de los ángeles", que se divisa a lo lejos. 

Así, en Paleokastritsa se contraponen la altura celestial y la profundidad terrenal. La gran profundidad de la tierra encuentra su correspondencia en el icono: María toca con su mano izquierda la rodilla del Niño Jesús. "Rodilla" significa en latín "genu" y se remonta a la raíz indoeuropea "*ǵenu-". Esta misma raíz ya se puede rastrear en las formas hititas "genu-" y "ganu-", que significan tanto "rodilla" como "linaje". La rodilla es, por tanto, una alusión críptica al linaje —es decir, tanto a la fertilidad de los genitales como a los antepasados, a los que, por cierto, en alemán todavía se hace referencia con la expresión "el linaje de aquellos…".

El icono de la Virgen Roja es —como todos los iconos— un portal, un puente hacia el poder divino inmediato. Aquí, en Paleokastritsa, el icono abre una puerta al poder fecundo de la propia tierra, a sus espacios espirituales y ancestrales.

Curiosamente, la Iglesia ortodoxa griega nunca ha reconocido formalmente la bula papal Ineffabilis Deus de 1854 sobre la Inmaculada Concepción de María, aunque también aquí se considera a María como virgen. Por lo tanto, María está mucho más cerca del poder de la tierra en las iglesias ortodoxas, lo que se expresa en su frecuente representación con un manto rojo.

Stefan Brönnle
29 - Agosto - 2017


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