Traducido del sitio Where We Walked:
Según cuenta la tradición, en el siglo XVI, el emperador Carlos V de España envió tres imágenes sagradas al Virreinato del Perú, con destino a la ciudad de Cusco, situada al sureste: dos estatuas de la Virgen y un cuadro del Cristo de la Buena Suerte. Cuando los indígenas que transportaban a la Virgen de la Candelaria llegaron a la región montañosa de Arequipa, a unos 480 kilómetros al oeste de Cusco, oyeron una voz que decía en quechua: "Caimán, caimán" ("aquí, aquí, no más allá"), y aunque intentaron continuar su marcha, no pudieron mover la estatua.
La Virgen de la Candelaria se quedó allí, se construyó un santuario y en ese lugar surgió la localidad de Cayma, llamada así por su palabra. Las otras imágenes llegaron a Cusco y allí se veneran con los nombres de Nuestra Señora La Linda y El Señor de los Temblores, mientras que la Virgen de la Candelaria preside el altar mayor de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel, en Cayma.
En Cayma, la festividad de la Virgen es el 2 de febrero, la Candelaria, la fiesta de la Purificación de la Virgen, celebrada en la Iglesia católica con la bendición de las velas en conmemoración de la visita ritual de María al templo 40 días después del nacimiento de Jesús. La Virgen de la Candelaria de Cayma sostiene una vela, al igual que su Niño.
Ha sido testigo de numerosas catástrofes en la región. Cuatro años después de la enorme erupción del Huaynaputina, a unos 70 kilómetros al este, una epidemia de cólera azotó la ciudad de Arequipa. Los fallecidos fueron enterrados en fosas comunes. Desesperados por recibir ayuda divina, los habitantes trajeron la estatua de la Virgen desde Cayma, a unos ocho kilómetros al norte, y cuando la procesión atravesó la ciudad el 28 de agosto de 1604, la epidemia llegó a su fin. En acción de gracias, la estatua fue llevada desde la capilla a la ciudad anualmente en esa fecha durante 300 años. Los numerosos exvotos de la capilla dan testimonio de otros milagros y bendiciones a lo largo de los siglos.
El 11 de mayo de 1947, la Virgen de Cayma regresó de nuevo a la ciudad de Arequipa, donde el cardenal Juan Gualberto Guevara, arzobispo de Lima y primado del Perú, coronó su estatua en una espléndida ceremonia celebrada en la Plaza de Armas.

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