Traducido del sitio Lieux Sacrés:
La estatua, que sustituía a la antigua diosa celta y fue robada en diciembre de 1997, presentaba todas las características propias de las vírgenes negras. Datada en el siglo XII, seguía la misma línea de las vírgenes de Auvernia, representadas en actitud majestuosa, con el niño en sus regazos. Estaba esculpida en madera de enebro, probablemente procedente de Fenicia. El velo esculpido alrededor de su rostro debía extenderse en pliegues concéntricos sobre su torso y sus brazos y prolongarse en una túnica, al igual que sus hermanas de Vauclair y Gervazy. Los rostros son serios; el del niño presenta rasgos de adulto.
En el siglo XVI, la antigua estatua fue mutilada. Entonces se reconstruyó toscamente un nuevo cuerpo, al que se pegaron las dos cabezas y que se ocultó con una vestimenta. De Virgen en majestad, pasó a ser una virgen de pie. Afortunadamente, nos queda una foto antigua de ella.
Pasemos a las leyendas. Como ocurre con muchas Vírgenes negras, la primera cuenta que San Luis la trajo de las cruzadas en 1254 y se la regaló a Guillaume de Baffie. Me parece que el pobre hombre debió de haber traído desde aquellas tierras lejanas un carro lleno de estatuas.
La segunda cuenta la historia de un menestrillo (músico de las fiestas de pueblo) que, al querer cantar ante la Virgen, no pudo más que tocar su violín, ya que estaba lleno de pecados. La Virgen le sonrió, inclinó la cabeza, y él pudo retomar su canción.
La tercera nos cuenta la tendencia de la estatua a regresar al lugar que ella misma había elegido: tres veces la trasladaron, y tres veces regresó por sí sola a la orilla del río Aix. La última vez, apoyó la rodilla sobre una roca que conservó su huella. Esta leyenda estaba tan arraigada en la mente de la gente que, después de la Revolución, cuando la estatua fue colocada en la iglesia de Saint-Genis-Laval, la ataron con cadenas al altar sobre el que se encontraba.
Otra leyenda, relatada en los "Misterios del Loira", cuenta que un tal Hugues Baffie, señor y bandido, robó la estatua. Las flores de lis doradas se fueron cayendo poco a poco del manto de la Virgen, dejando en el suelo un rastro a lo largo del camino que había recorrido. Arrepentido, Hugues devolvió la estatua y mandó construir la capilla.
Se invocaba a Nuestra Señora de Baffie para pedir buena salud para los niños y para las malformaciones óseas, sobre todo en las piernas. Fue ella quien, siempre según la leyenda, impidió que la peste llegara a Saint-Germain-Laval. Era la protectora de las uniones matrimoniales, y aún hoy los recién casados le llevan el ramo de la novia como homenaje.
Por último, Nuestra Señora de Baffie, al ritmo de las estaciones, lleva un vestido de seda blanca en primavera y uno de terciopelo azul oscuro en otoño. Les dejo a ustedes la tarea de profundizar en el simbolismo de todo esto.






